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UN NUEVO DIA, MAS REGLAS
El sonido del despertador volvió a sonar demasiado temprano para Valeria Duarte, pero esta vez no se levantó sobresaltada como el día anterior.
Abrió los ojos lentamente, mirando el techo durante unos segundos mientras recordaba todo lo que había pasado en su primer día en Montenegro Group.
Había sido difícil.
Muy difícil.
Pero seguía teniendo el trabajo.
Y eso era lo único que importaba.
Se sentó en la cama y respiró profundo.
—Hoy no me voy a equivocar… —murmuró.
Se levantó con cuidado para no despertar a su madre, pero al salir de la habitación encontró a Camila Duarte ya despierta, preparando café en la cocina.
—Buenos días, hija.
Valeria sonrió.
—Buenos días.
Camila la miró con atención.
—¿Cómo te fue ayer?
Valeria dudó un segundo antes de responder.
No quería preocuparla.
—Bien… el trabajo es difícil, pero está bien.
Camila asintió, confiando en ella.
—Sabía que lo lograrías.
En ese momento apareció Tomás, todavía medio dormido.
—¿Hoy también vas a la empresa gigante?
Valeria rió un poco.
—Sí, hoy también.
—Entonces hoy sí te haces rica —dijo él, sentándose en la mesa.
—Ojalá fuera tan rápido.
Los tres rieron suavemente.
Ese momento, aunque simple, le dio a Valeria la fuerza que necesitaba.
Terminó de arreglarse, tomó su bolso y salió de la casa con la misma sensación en el pecho que el día anterior…
una mezcla de nervios y determinación.
Montenegro Group — Piso veinte
Valeria llegó antes de la hora, tal como Gael le había dicho.
El piso todavía estaba tranquilo, y eso la hizo sentirse más cómoda.
Saludó a la recepcionista y caminó hasta su escritorio.
Todo estaba igual que lo había dejado.
Se sentó, encendió la computadora y empezó a revisar los correos.
Quería que cuando Gael Montenegro llegara, todo estuviera listo.
Pasaron unos minutos en silencio… hasta que escuchó pasos firmes acercándose por el pasillo.
Su corazón dio un pequeño salto.
No necesitaba mirar para saber que era él.
Gael apareció con el mismo traje oscuro, la misma expresión seria y el mismo aire de autoridad que parecía llenar todo el lugar.
Pasó junto a ella, pero esta vez sí se detuvo.
La miró por un segundo.
—Llegaste temprano.
Valeria se puso de pie enseguida.
—Sí, señor.
Gael miró el reloj de su muñeca.
—Bien.
Solo eso.
Pero no sonó como crítica.
Entró a su oficina y cerró la puerta.
Valeria se sentó otra vez, sintiendo que el día había empezado mejor que el anterior.
Pero no duró mucho.
Apenas unos minutos después, la puerta volvió a abrirse.
Gael salió con varios documentos en la mano.
—Valeria.
Ella se puso de pie de inmediato.
—Sí, señor.
Él dejó los papeles sobre el escritorio.
—Hoy tengo tres reuniones, una llamada con inversionistas y una revisión de contratos.
No quiero errores.
Ella asintió.
—No los habrá.
Gael la miró fijo, como si quisiera comprobar si lo decía en serio.
—Eso dijiste ayer.
Valeria sintió calor en la cara, pero no bajó la mirada.
—Hoy será diferente.
Hubo un pequeño silencio.
Gael sostuvo su mirada unos segundos más.
Luego habló.
—Eso espero.
Le entregó una carpeta.
—Ordena esto y agenda las reuniones.
Quiero todo listo en diez minutos.
Valeria tomó la carpeta.
—Sí, señor.
Gael se giró para volver a su oficina, pero se detuvo antes de entrar.
—Y Valeria.
Ella levantó la vista.
—¿Sí?
Él la miró con la misma expresión seria de siempre.
—Aquí no me gusta repetir órdenes.
Valeria asintió.
—Lo sé.
Gael la observó un segundo más…
como si estuviera esperando que se pusiera nerviosa.
Pero ella no lo hizo.
Solo sostuvo la carpeta con firmeza.
Entonces él entró a la oficina y cerró la puerta.
Valeria soltó el aire lentamente.
—Bien… vamos —murmuró.
Abrió la carpeta y empezó a trabajar rápido.
No sabía por qué…
pero sentía que ese día iba a ser más difícil.
Y también…
que Gael Montenegro la estaba observando más de lo normal.