Doña Matilde, una mujer de setenta años, pasa sus noches viendo novelas y criticando a las protagonistas ingenuas que confían en las personas equivocadas. Mientras mira una historia donde la dulce Sonia será traicionada y asesinada por su propia prima, Matilde no puede evitar enfurecerse por tanta ingenuidad. Pero un repentino paro cardíaco cambia su destino.
Al despertar, descubre algo imposible: ya no es Doña Matilde. Ahora es Sonia, la protagonista de la novela Amor cruel, cruel destino.
Con todos los recuerdos de la historia y sabiendo que su prima Paula planea destruirla, Matilde tiene una ventaj noa que nadie más posee: conoce el final.
Y esta vez no piensa permitir que ocurra. Porque si el destino cree que Sonia debe morir… tendrá que enfrentarse a una mujer que no tiene miedo de cambiar la historia
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Jugadas invisibles
Los primeros días de Sonia en la empresa de su padre fueron más intensos de lo que ella esperaba.
El edificio corporativo de la vega LTDA era imponente. Desde fuera parecía una empresa sólida, respetable y bien organizada. Pero Sonia sabía que las apariencias engañan.
En su vida pasada había aprendido algo muy importante:
las empresas no quiebran de un día para otro. Primero aparecen pequeñas grietas que casi nadie nota.
Y ella estaba decidida a encontrarlas.
Gracias a la decisión de su padre, Sonia comenzó a trabajar en el departamento administrativo. Aquello era perfecto para su averiguar lo que ocurre en la empresa de su padre.
Desde ahí pasaban la mayoría de documentos financieros, contratos, facturas y reportes internos.
—Este es el mejor lugar para empezar —pensó.
El primer día llegó temprano, vestida de forma profesional con un terno beige. No quería llamar demasiado la atención.
Como casi nunca había visitado la empresa antes, la mayoría de los empleados no la reconocían.
Para ellos simplemente era una nueva empleada administrativa.
Y eso le convenía.
Sonia comenzó haciendo tareas básicas.
Organizar archivos.
Revisar reportes.
Actualizar registros.
Pero mientras trabajaba, observaba todo con atención.
Cada documento.
Cada número.
Cada conversación.
—Si algo está mal… lo voy a encontrar —se dijo.
Sin embargo, antes de investigar profundamente, Sonia sabía que necesitaba otra cosa.
Confianza.
En su vida pasada había aprendido que los empleados siempre sabían más de lo que parecía.
Por eso comenzó a acercarse poco a poco a sus compañeros.
Saludaba a todos.
Preguntaba si necesitaban ayuda.
Compartía café en los descansos.
Pronto algunos empezaron a notar que aquella nueva chica era amable y trabajadora.
Una de las primeras en hablar con ella fue Marta, una mujer que llevaba más de quince años en la empresa.
—¿Eres nueva aquí? —preguntó mientras organizaban unos archivos.
—Sí —respondió Sonia con una sonrisa—. Estoy aprendiendo todavía.
Marta asintió.
—Pues bienvenida al caos.
Sonia levantó una ceja divertida.
—¿Tan malo es?
Marta soltó una pequeña risa.
—Digamos que últimamente las cosas han estado… raras.
Sonia prestó atención inmediatamente.
—¿Raras cómo?
Marta dudó un momento.
—Bueno… algunos pagos que no cuadran, proveedores que cambian de repente…
Luego bajó la voz yo avisé al secretario del jefe y me dijo que iba a investigar pero no ha cambiado nada las cosas.
—Pero eso es asunto de los jefes.
Sonia fingió sorpresa.
—Vaya…
Pero por dentro su mente trabajaba rápido.
—Exactamente como recordaba en la novela nunca se dió el detalle como quebró la empresa y eso le toca averiguar.
Sin embargo, había algo que Sonia todavía no sabía.
Algo muy importante.
La historia ya no era exactamente igual cuando vio la novela en su vida pasada .
El tablero había cambiado.
Y alguien más estaba moviendo piezas.
En otra parte de la ciudad, Paula estaba sentada frente a su laptop observando una pantalla llena de información.
Alguien vigilaba discretamente los movimientos de Sonia en la empresa.
Cada paso.
Cada reunión.
Cada documento que revisaba.
En la pantalla apareció un nuevo informe.
Paula comenzó a leerlo lentamente.
Y de repente empezó a reír.
—Jajajaja…
Su risa era vasi desquiciada.
—No hizo falta meter mis manos contigo.
Apoyó la cabeza en la silla.
—Tú solita fuiste directo al matadero.
Cerró la laptop con satisfacción.
—Perfecto.
Se levantó y caminó por la habitación.Serás mi chivo expiatorio.
Volvió a reír.
—Jajajaja…
En su mente el plan avanzaba justo como quería.
—Mientras tú estás allá jugando a la empresaria…
Miró su reflejo en el espejo.
Sus ojos reflejaban odio y ambición pura.
—Yo me voy a encargar de tu querida mamita.
La risa volvió a escapar de sus labios.
—Jajajajaja…
En ese momento sonó su teléfono.
Paula respondió inmediatamente.
—Sí.
Escuchó unos segundos.
Luego sonrió.
—Todo va bien he maquillado muy bien la información financiera nadie se dará cuenta.
Caminó hacia la ventana mientras hablaba..
—Tal como queríamos.
Guardó silencio mientras escuchaba las instrucciones del otro lado.
Finalmente respondió.
—No se preocupe.
—Muy pronto todo caerá en su lugar.
Colgó el teléfono lentamente.
Mientras tanto, Sonia seguía trabajando en la oficina sin imaginar que estaba vigilada
Sentada frente a su computadora, revisaba un conjunto de facturas recientes.
Algo llamó su atención.
Un número que no coincidía.
Frunció ligeramente el ceño.
—Esto no está bien…
Abrió otro archivo.
Y luego otro.
Su expresión comenzó a cambiar.
—Cree que soy tonta tantos años de experiencia me han servido de mucho, subió toda la información en la nube como respaldo…
Pero todavía no sabía cuánto tiempo le iba a tomar para tener el informe detallado.
Porque mientras ella trataba de salvar la empresa de su padre…
Sonia olvidó lo que su prima era capaz de hacer...