NovelToon NovelToon
Forjada en el Bosque

Forjada en el Bosque

Status: Terminada
Genre:Fantasía / Aventura / Venganza / Hombre lobo / Completas
Popularitas:6
Nilai: 5
nombre de autor: Kel lopez

Zaya siempre fue rechazada por su manada por no transformarse en el tiempo esperado. Cuando finalmente despierta a su loba, Sura, aun así es expulsada tras ser rechazada por su compañero destinado, el alfa Varg. Condenada como renegada, sobrevive en el bosque hasta encontrar la Manada de la Oscuridad.

Allí conoce a Zack, otro renegado, con quien crea un vínculo muy fuerte. Ambos se ven envueltos en un conflicto mayor cuando Zack descubre que es el compañero destinado de Maia, hermana del temido Alfa Razkan (Sombra), líder de la manada. Esto provoca tensiones entre el destino, la lealtad y la autoridad.

Mientras Zaya intenta adaptarse y sobrevivir en este nuevo mundo, secretos sobre el pasado de Razkan y la destrucción de su antigua compañera revelan que el destino de todos está profundamente conectado, y que Zaya podría tener un papel decisivo para cambiarlo todo.

NovelToon tiene autorización de Kel lopez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18

Al día siguiente, Zaya todavía sentía el cuerpo adolorido por las marcas del desafío contra Lessia. Aun así, las mezclas que Razkan le había aplicado la noche anterior ayudaron más de lo que esperaba.

Al bajar las escaleras, encontró solo a Maia y Zack en la mesa, como la mañana anterior.

— ¿Te sientes mejor? —preguntó Maia, observándola con atención.

— Estoy perfecta —respondió Zaya, esbozando una sonrisa sincera.

— Hoy estás radiante —comentó Zack, intrigado—. Parece que viste algo que te animó.

— Solo desperté con otra perspectiva —dijo ella, encogiéndose de hombros—. Voy a dar una vuelta para conocer mejor el poblado.

Zaya tomó una rebanada de pan y algunas uvas y salió antes de que le hicieran más preguntas.

El poblado estaba lleno de vida, muy diferente de lo que había imaginado. Miradas curiosas la acompañaban, pero no había hostilidad en ellas. Solo interés. Zaya se detuvo a jugar con algunos niños, arrancándoles risas, y después se acomodó para escuchar las historias de Eliaquim, el narrador oficial de la manada. Con palabras exageradas y gestos teatrales, lograba que hasta los rostros más tristes se abrieran en sonrisas.

— Sus historias son increíbles, ¿verdad? —dijo una voz a su lado.

Zaya se giró y encontró a Ruya, sonriendo con gentileza.

— Tengo que admitirlo, es muy bueno —respondió.

— ¿Estás conociendo el poblado?

— Sí.

— Entonces hoy seré tu guía —anunció Ruya, entusiasmada.

Las dos recorrieron buena parte de la manada. Ruya presentaba cada lugar con entusiasmo y se empeñaba en presentar a Zaya a varios miembros, explicando funciones, historias y curiosidades. Zaya comenzó a sentirse, por primera vez en mucho tiempo, parte de algo.

Hasta que un hombre apareció en el camino.

Zaya no lo conocía, pero percibió de inmediato el cambio en Ruya. La sonrisa desapareció, los hombros se encorvaron ligeramente y pareció más pequeña, como si quisiera desaparecer.

— Yo… tengo que irme —dijo Ruya apresurada, sin mirar a Zaya—. Nos vemos después.

Antes de que Zaya pudiera responder, Ruya ya se había alejado, casi corriendo.

Zaya se quedó inmóvil, con el corazón encogido.

Aquel no había sido un simple encuentro casual.

Había miedo ahí.

Y Ruya no estaba segura como fingía estarlo.

Zaya permaneció parada unos instantes, observando el punto donde Ruya había desaparecido. La forma en que se había encogido… La sonrisa que murió en sus labios… Aquello no coincidía con alguien que simplemente se estaba despidiendo.

Algo estaba mal.

Respiró hondo y siguió caminando por el poblado, intentando encontrar a Ruya de nuevo sin parecer demasiado curiosa. No tardó en ver al hombre extraño de antes. Ahora ayudaba a una pareja de ancianos a cargar canastas de frutas.

Sonreía con gentileza, muy atento.

Los ancianos agradecían, con sonrisas y palabras de gratitud.

— Paco es un muchacho educado —comentó una señora al pasar junto a Zaya—. Siempre dispuesto a ayudar. Ruya tuvo suerte con él.

Zaya sintió una opresión en el pecho.

Entonces ese era su compañero.

Más adelante, Ruya apareció nuevamente, al lado de él. La postura rígida había regresado, pero la sonrisa estaba ahí, intentando ocultar el miedo que había en sus ojos. Él le tomó la mano con delicadeza, se inclinó para susurrarle algo al oído. Para cualquiera que mirara… Era una pareja normal.

Pero Zaya lo vio.

La forma en que los dedos de él apretaron un poco más de lo necesario. El breve estremecimiento de Ruya. La mirada que evitó encontrarse con la suya.

Más tarde, encontró a Ruya sola cerca del arroyo, lavándose las manos con movimientos nerviosos.

— Él pareció… preocupado por ti —comentó Zaya con cuidado.

— ¿Paco?

— Sí, tu compañero.

Ruya se sobresaltó.

— Él es así —respondió rápido—. Siempre atento.

— Te asustaste cuando lo viste antes —dijo Zaya, en voz baja.

Ruya apretó los dedos hasta que palidecieron.

El silencio se extendió.

— Si algún día necesitas… hablar. Aquí estoy y puedo escucharte. Sin juzgarte.

Ruya levantó la mirada. Por un segundo, la máscara cayó.

Fue rápido. Casi invisible.

— Gracias —susurró—. Zaya… Estoy bien.

Antes de que Zaya pudiera responder, unos pasos se acercaron.

— ¿Ruya? —la llamó la voz de Paco, demasiado dulce—. Te estaba buscando.

Ruya se puso de pie de un salto.

— Ya voy.

Pasó junto a Zaya, murmurando casi sin mover los labios:

— Él no es lo que parece.

Y se alejó.

Zaya se quedó sola, con el sonido del agua corriendo y una certeza pesada en el pecho:

El peligro estaba camuflado tras la sonrisa.

* * * * *

Zaya respiró hondo antes de entrar. El olor a madera vieja y pergaminos llenaba el despacho. Razkan estaba detrás del escritorio, analizando algunos documentos, pero levantó la mirada en el instante en que ella cruzó la puerta.

Lessia estaba ahí, recostada con aire relajado contra una de las estanterías, brazos cruzados, una sonrisa lenta y presuntuosa curvándole los labios. Como si aquella escena hubiera sido diseñada a la medida para humillarla.

— Disculpen la molestia —dijo Zaya, manteniendo la postura firme a pesar de la opresión en el pecho—. Pero lo que tengo que decir es urgente.

Lessia inclinó la cabeza, evaluándola de pies a cabeza.

— ¿Urgente? —repitió, con falsa curiosidad—. Interesante… No sabía que las renegadas tuvieran acceso directo al Alfa.

Zaya ignoró la provocación y mantuvo la mirada en Razkan.

— Es algo que no puede esperar.

Razkan la observó durante unos segundos, demasiado atento como para no notar la tensión en sus hombros.

— Lessia —dijo, con la voz firme—. Déjanos.

La sonrisa de la loba vaciló por una fracción de segundo, pero enseguida regresó, aún más afilada.

— Claro, Alfa —pasó junto a Zaya despacio, deteniéndose a su lado—. Espero que no le estés haciendo perder el tiempo…

Cuando la puerta se cerró, el silencio cayó pesado.

— ¿Qué ocurrió? —preguntó Razkan, poniéndose de pie.

Zaya apretó los dedos, luchando contra la inseguridad.

— Vi algo extraño en el poblado… que involucra a Ruya y a su compañero.

Razkan frunció ligeramente el ceño.

— Continúa.

— Él parece… demasiado perfecto. Amable con todos, siempre ayudando con una sonrisa en el rostro. Pero cuando está cerca de ella, algo cambia —Zaya respiró hondo—. Ruya se encoge. Evita mirarlo a los ojos. Y cuando él se acerca… Ella cambia. Se asusta.

Razkan apoyó las manos sobre el escritorio.

— ¿Tienes pruebas?

Zaya negó con la cabeza, frustrada.

— No. Solo… instinto. Sé lo que es fingir estar bien para sobrevivir. Ya lo he vivido.

La mirada de Razkan se oscureció.

— El instinto también es un arma, Zaya. Pero aquí, acusaciones sin pruebas pueden destruir una vida.

— Lo sé —dijo ella rápidamente—. No estoy pidiendo que hagas nada ahora. Solo… que observes. Que prestes atención.

Él caminó hasta la ventana, pensativo.

— El compañero de Ruya es respetado. Nunca ha habido quejas.

— Por eso es peligroso —respondió Zaya, en voz baja—. Nadie sospecha de quien usa la bondad como máscara.

Razkan se volvió lentamente, mirándola con intensidad.

— Si te equivocas, puedes crear un problema serio.

— Y si tengo razón… puedo salvar a alguien.

El silencio se alargó entre ellos.

— Voy a observar —dijo Razkan al fin—. Con discreción. Pero tú también necesitas tener cuidado. Personas así notan cuando las están observando.

Zaya asintió.

— Simplemente no podía quedarme callada.

Cuando se dio la vuelta para salir, la puerta se abrió de repente.

Lessia apareció, los ojos brillándole de curiosidad.

— ¿Ya terminaste con el asunto urgente?

Razkan le lanzó una mirada cortante.

— Sí. Y tú ya puedes volver a tus asuntos.

Zaya pasó junto a ella sin decir una palabra, pero sintió el susurro venenoso en su oído:

— Cuidado, renegada… Quien se mete donde no debe suele salir lastimada.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play