Mateo Rivera llega a una prestigiosa universidad de Estados Unidos con una beca que representa la oportunidad de cambiar su vida. Acostumbrado a luchar por cada oportunidad, sabe que no puede permitirse cometer errores. Alexander Whitmore, en cambio, nació rodeado de privilegios. Hijo de una de las familias más importantes de la ciudad, tiene un futuro prácticamente asegurado. Pero detrás de su apellido, su dinero y la imagen de una vida perfecta existe una presión que pocos conocen. Sus caminos se cruzan durante su primer día de universidad. Al principio, solo son dos estudiantes que comienzan a hablar. Después, poco a poco, se convierten en amigos. Entre conversaciones, miradas y momentos compartidos, algo comienza a cambiar entre ellos. Pero mientras Mateo empieza a descubrir lo que realmente siente, Alexander tendrá que enfrentarse a sus propios miedos. Porque enamorarse de Mateo significa desafiar un mundo al que siempre ha pertenecido. Un mundo donde las apariencias importan, donde su familia tiene una reputación que proteger y donde mostrar quién es realmente podría cambiarlo todo. Dos chicos. Dos mundos completamente diferentes. Una historia que comienza con una simple mirada. Entre Dos Mundos es una historia de amor, amistad, descubrimiento y valentía, donde ambos tendrán que decidir si vale la pena luchar por lo que sienten.
NovelToon tiene autorización de Luis Fernando Sanchez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 7
Capítulo 7 — Miradas que dicen demasiado
El lunes por la mañana, Mateo llegó a la universidad con la sensación de que el fin de semana había pasado demasiado rápido. Había aprovechado el domingo para avanzar en sus trabajos, ordenar algunas cosas de su habitación y hablar un rato con su familia. Todo parecía volver a la normalidad, pero había algo que no podía sacar de su cabeza.
Alexander.
No era que hubiera ocurrido algo especial entre ellos durante el fin de semana. Apenas habían intercambiado algunos mensajes. Sin embargo, Mateo se había acostumbrado rápidamente a recibirlos.
Al llegar al campus, revisó su teléfono.
Nada.
Guardó el teléfono y continuó caminando.
—¡Mateo!
Se giró.
Daniel venía corriendo detrás de él.
—Buenos días.
—Buenos días —respondió Mateo.
—¿Por qué caminas tan rápido?
—No estoy caminando rápido.
—Sí lo haces.
Mateo sonrió.
—¿Y tú por qué vienes corriendo?
—Porque llegué tarde.
—Eso sí te creo.
Daniel se puso a su lado.
—¿Ya viste a Alexander?
Mateo lo miró.
—No.
Daniel sonrió.
—Lo estás buscando.
—No.
—Ni siquiera dije que lo estuvieras buscando.
Mateo se quedó callado.
Daniel soltó una carcajada.
—Te conozco desde hace unos días y ya es demasiado fácil molestarte.
—Cállate.
—Está bien.
Caminaron juntos hacia el edificio de Arquitectura.
—Por cierto —dijo Daniel—, Sophie quiere que vayamos a comer después.
—Está bien.
—Y también dijo que tiene algo importante que contarte.
Mateo levantó una ceja.
—¿Qué cosa?
—No quiso decirme.
—Entonces debe ser importante.
—Eso pensé.
⸻
Al llegar al salón, Mateo se sentó junto a la ventana.
Sacó sus materiales y comenzó a revisar los apuntes.
Unos minutos después, alguien se sentó a su lado.
—Buenos días.
Mateo reconoció inmediatamente la voz.
Alexander.
—Buenos días.
Alexander dejó su mochila.
—Pensé que ibas a llegar más tarde.
—¿Por qué?
—No sé.
—¿Me estabas esperando?
Alexander sonrió.
—Tal vez.
Mateo intentó ocultar su sonrisa.
—Yo también pensé que llegarías antes.
Alexander lo miró.
—¿Me estabas esperando?
Mateo bajó la mirada.
—Tal vez.
Los dos rieron.
El profesor entró poco después y comenzó la clase.
Durante casi una hora intentaron concentrarse.
Pero en algunos momentos sus brazos se rozaban accidentalmente al escribir.
Ninguno decía nada.
Hasta que Alexander se acercó ligeramente.
—¿Terminaste el proyecto?
Mateo asintió.
—Sí.
—¿Puedo verlo?
—Después.
—¿Por qué?
—Porque todavía no está perfecto.
—Seguro está bien.
Mateo lo miró.
—¿Siempre eres así?
—¿Así cómo?
—Tan confiado.
Alexander sonrió.
—No siempre.
—Parece que sí.
Alexander se quedó observándolo.
—Contigo no.
Mateo dejó de escribir.
—¿Qué quieres decir?
Alexander iba a responder, pero el profesor llamó su atención.
—Señor Whitmore.
Alexander se giró.
—¿Sí?
—Si tiene algo que decir, puede compartirlo con toda la clase.
Algunos estudiantes rieron.
Alexander negó con la cabeza.
—No, profesor.
Mateo bajó la mirada para ocultar una sonrisa.
⸻
Cuando terminó la clase, ambos salieron juntos.
Daniel los esperaba afuera.
—Finalmente.
—¿Qué pasa? —preguntó Mateo.
—Sophie está en la cafetería.
—Vamos.
Los tres caminaron hasta allí.
Sophie estaba sentada en una mesa.
—Tengo algo que contarles.
Daniel se sentó.
—Eso ya me lo dijiste.
—Sí.
—Entonces dime.
Sophie miró a Mateo.
—Es sobre alguien que conocí.
Daniel se inclinó hacia adelante.
—¿Un chico?
Sophie lo miró.
—Sí.
Daniel abrió los ojos.
—¡Lo sabía!
—No grites.
Mateo comenzó a reír.
—¿Quién es?
—Se llama Michael.
Daniel sonrió.
—¿Y?
Sophie bajó la mirada.
—Me gusta.
Daniel levantó las manos.
—Por fin.
—¿Por qué dices eso?
—Porque llevas semanas hablando de él.
—No es cierto.
—Sí lo es.
Mateo sonrió.
—Entonces, ¿qué vas a hacer?
Sophie se encogió de hombros.
—No sé.
—Háblale —dijo Mateo.
—¿Y si no le gusto?
—Nunca lo sabrás si no lo intentas.
Sophie sonrió.
—Eso suena fácil cuando lo dices tú.
Mateo se quedó callado.
Alexander, que había estado escuchando, miró a Mateo.
—Tiene razón.
Mateo lo observó.
—¿Tú también?
—Sí.
Sophie sonrió.
—Entonces lo intentaré.
Daniel levantó su vaso.
—Por Sophie.
Los cuatro chocaron sus vasos.
Por un momento todo parecía sencillo.
Amigos hablando.
Risas.
Clases.
Universidad.
Pero entonces una voz apareció detrás de ellos.
—Alexander.
Alexander se giró.
Era una chica alta, de cabello rubio.
—Hola, Emily.
—¿Podemos hablar?
Alexander miró a Mateo.
—Sí.
Se levantó y se alejó con ella.
Mateo intentó continuar la conversación, pero no pudo evitar mirar hacia ellos.
Emily hablaba rápidamente.
Alexander parecía incómodo.
Después de unos minutos, ella tocó su brazo.
Mateo apartó la mirada.
Sophie lo observó.
—¿Estás bien?
—Sí.
—¿Seguro?
—Sí.
—Otra vez estás haciendo eso.
Mateo frunció el ceño.
—¿Qué?
—Mirándolo.
Mateo no respondió.
Daniel intervino.
—Déjalo.
Sophie sonrió.
—Está bien.
⸻
Alexander regresó unos minutos después.
—Perdón.
—No pasa nada —dijo Mateo.
Alexander se sentó.
—¿De qué hablaban?
—De una fiesta.
Daniel miró a Alexander.
—¿Emily es tu ex?
Alexander lo miró sorprendido.
—¿Cómo sabes?
—Porque la forma en que te miraba no era normal.
Mateo permaneció en silencio.
Alexander negó con la cabeza.
—Sí. Salimos hace tiempo.
—¿Y ahora?
—Ahora somos amigos.
Daniel asintió.
—Entiendo.
Alexander miró a Mateo.
—¿Te pasa algo?
—No.
—Estás raro.
—Estoy bien.
Alexander continuó observándolo.
—¿Seguro?
Mateo asintió.
—Sí.
Pero Alexander no parecía convencido.
⸻
Por la tarde, Mateo tenía que terminar otro proyecto.
Alexander se ofreció nuevamente a acompañarlo.
Se sentaron en una sala de estudio.
Durante casi una hora no hablaron.
Hasta que Alexander rompió el silencio.
—¿Estás molesto conmigo?
Mateo levantó la mirada.
—No.
—Entonces, ¿por qué estás tan callado?
—Estoy concentrado.
Alexander sonrió.
—No te creo.
Mateo cerró la computadora.
—¿Por qué te importa?
Alexander se quedó callado.
La pregunta lo tomó por sorpresa.
—Porque eres mi amigo.
Mateo bajó la mirada.
—Claro.
—¿Qué significa eso?
—Nada.
Alexander se acercó un poco.
—Mateo.
—¿Qué?
—Puedes decirme lo que sea.
Mateo respiró profundamente.
—No estoy molesto contigo.
—Entonces dime qué pasa.
Mateo dudó.
—La chica de hoy…
Alexander entendió inmediatamente.
—¿Emily?
Mateo asintió.
—¿Qué pasa con ella?
—Nada.
—Entonces…
Mateo lo miró.
—Solo preguntaba.
Alexander permaneció en silencio durante unos segundos.
—¿Estás celoso?
Mateo abrió los ojos.
—No.
Alexander sonrió.
—Está bien.
—No estoy celoso.
—Nunca dije que lo estuvieras.
Mateo lo miró.
—Lo acabas de decir.
Alexander comenzó a reír.
Mateo también terminó riéndose.
La tensión desapareció.
Pero ninguno olvidó aquella pregunta.
⸻
Al terminar de estudiar, salieron de la biblioteca.
El campus estaba casi vacío.
El sol comenzaba a bajar y el cielo adquiría tonos anaranjados.
Caminaron lentamente.
—¿Sabes? —dijo Alexander.
—¿Qué?
—Me alegra haberte conocido.
Mateo lo miró.
—A mí también.
—Cuando llegué aquí pensé que todo sería igual.
—¿Y ahora?
Alexander sonrió.
—Ahora no.
Mateo no respondió.
Continuaron caminando.
Después de unos segundos, Alexander preguntó:
—¿Te gustaría venir conmigo el sábado?
—¿A dónde?
—Hay una reunión familiar.
Mateo se sorprendió.
—¿Una reunión familiar?
—Sí.
—¿Por qué me invitarías?
Alexander se quedó pensando.
—Porque quiero que conozcas otra parte de mi vida.
Mateo dudó.
—No sé si sea buena idea.
—¿Por qué?
—No conozco a tu familia.
—Precisamente por eso.
Mateo sonrió.
—Déjame pensarlo.
—Está bien.
Llegaron a la entrada del campus.
Alexander se detuvo.
—Entonces nos vemos mañana.
—Sí.
Mateo comenzó a caminar.
—Mateo.
Se giró.
Alexander sonrió.
—Buenas noches.
—Buenas noches.
⸻
Esa noche, Mateo estaba en su habitación cuando recibió un mensaje.
Alexander: ¿Llegaste bien?
Mateo: Sí.
Alexander: Bien.
Mateo observó la pantalla.
Después escribió:
Mateo: Creo que iré contigo el sábado.
Alexander respondió casi inmediatamente.
Alexander: ¿En serio?
Mateo: Sí.
Alexander: Perfecto.
Mateo sonrió.
No sabía qué encontraría en aquella reunión.
No sabía cómo sería conocer a la familia de Alexander.
Pero había aceptado.
Y en algún lugar de su mente, una pequeña parte de él comenzaba a preguntarse si Alexander realmente lo había invitado simplemente porque era su amigo.
Mientras tanto, Alexander dejó el teléfono sobre la cama.
Sonrió durante unos segundos.
Después su expresión cambió.
Había algo que no había contado.
La reunión del sábado no sería una simple reunión familiar.
Estarían presentes algunos de los socios más importantes de su padre.
Y su familia esperaba que Alexander comenzara a comportarse cada vez más como el heredero que ellos habían imaginado.
Llevar a Mateo allí podía ser un problema.
Pero Alexander no quería cancelar la invitación.
Por primera vez, quería que alguien conociera al verdadero Alexander.
Aunque todavía no sabía exactamente qué significaba eso.