Una torpe pareja entre un policía novato y una periodista se ve involucrada en la verdad tras el mortal virus zombie y en el propio apocalipsis zombie que envolvió el mundo.
Ahora los dos, tendrán que hacer todo lo posible para salir vivos y huir al refugio más cercano de Alley City.
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Capitulo #7: Generador de luz
...⚠️ ESTE EPISODIO ES NARRADO POR STAN ⚠️ ...
A causa de mis heridas me había desmayado en una camilla, creía que iba a morir ahí pero para mi fortuna o desgracia, Annie alcanzó a tratar mis heridas antes de que fuera tarde.
—No te muevas mucho ¿Okey? —me dijo Annie caminando por la sala con una laptop en sus manos—.
—Mm… —gruñí acomodandome en la camilla y viendo que estaba con la mayor parte del cuerpo vendado—. ¿C-Cómo es que sigo con vida? Creí haberme roto todos los huesos
—Eso fue porque te inyecte el virus A-Eva, de ahí que sigas vivo y que tus heridas hayan sanado en tiempo récord
—¿Qué? Tú…
—Tranquilo, no es el virus Charlotte, el virus A regenera de forma controlada las células de nuestros cuerpos, lo que permite reparar heridas en horas.
—No… no me voy a convertir en zombie ¿Verdad?
—No, este virus es inofensivo, a diferencia del virus Charlotte que es tan agresivo y repara las células de una forma tan descontrolada que provoca el canibalismo y la putrefacción del cuerpo
—Mm… no lo entiendo… ¿Por-Por qué todas esas personas se estaban comiendo entre sí? ¿Por qué?
—Es complicado de explicar… —suspiró sentándose en una silla cercana—. Hubo tantas cosas… mi esposo, Irving, esa chica influencer y sus videos exponiendo a Glaver, es una bola de nieve
—N-no hay una forma simple de… de explicarlo
—Mm, es difícil pero…—gruño abriendo su laptop—. Mi jefe quería resucitar a su difunta hermana mayor con… con ayuda de una tribu oculta en el bosque —con su mano apuntó a su hija, esa pequeña estaba jugando en el suelo con un conejo de felpa—. De ahí de hecho viene la pequeña Guinevere
—¿Qué? N-no es tu hija
—No. Soy su tutora, pero sus padres se la regalaron a Irving Butterfly al formar la alianza con el Clan de la Nieve. Mi jefe nos la dejó a mi esposo y a mí, cuando ella era bebé y desde entonces… hemos sido lo único que ha tenido
—Esa… esa cosa ¿Por-Por qué quería matarla? ¿Por qué quería hacerle daño?
—Los tres Virus primogénitos que hemos creado fueron creados con un líquido muy especial, tanto que le permitía hacer cosas similares a los ajolotes, como reparar conexiones neuronales, partes del cerebro e incluso partes del cuerpo. Ese líquido… es la sangre de Guinevere, nuestro pequeño ajolote humano
Estaba por hacerle más preguntas sobre lo que pasaba, pero justo en ese momento la electricidad de la comisaría se desvaneció y en lo profundo de la comisaría se escucho los rugidos de un ser que definitivamente no era humano, ni zombies.
—¡Carajo! —se quejó cerrando su laptop y poniéndose de pie—. ¡Gwen! —llamo a su hija para que se acercara—. No te separes de mí
—¿Q-Qué fue eso? —jadeé sentándome en la orilla de la camilla—.
—Recuerdas que te dije que hay tres virus,
—Si, supongo que uno es el Charlotte, el otro el A-Eva y… el último…
—Bueno, el último de ellos es el que convirtió a mi esposo en el cabrón que acaba de dejarnos sin electricidad
—Okey… —suspiré bajándome de la camilla—. ¿Crees que haya una forma de persuadirlo? O de darles tiempo para que te lleves a la niña de aquí
—Lo hay, enciende los generadores y yo me encargo del resto —Annie sacó un par de inyecciones y un Walkie talkie del bolsillo de su bata—. Solo úsalo cuando sea necesario y por nada del mundo, intentes vencerlo —añadió dándome las inyecciones—.
—Entiendo —jadeé guardando las inyecciones del virus A en mi bolsillo—.
—Iremos al hospital a refugiarnos, tú… usa la entrada de la comisaría para llegar ahí
—¿Entrada? Espera… ¿Qué entra?
—¡Niño! —me interrumpió—. Glaver tenía un trato con la policía para experimentar con algunos detenidos. Ahora… usa el ascensor que hay en el sótano —me entregó un Walkie talkie—. Tómalo, haré lo posible para llevarte hasta la entrada del subterráneo
Decidido a ayudar me adentré en la oscuridad de los pasillos de la comisaría, en el camino me mantuve con mi pistola en una mano y la linterna de mi celular en la otra.
—Niño Brown, ve por los baños, ahí vas a encontrar una puerta roja, esa puerta es la del sótano —me dijo Annie desde el walkie talkie que tenía enganchado a mi pantalón—.
—Entiendo, puerta roja… baños… —susurré repetidas veces para que se me quedará grabado en la mente—.
Cada cierto tiempo la comisaría retumbaba de una manera que parecía que iba a caerse a pedazos, por las inminentes explosiones que estaba causando ese monstruo. Aún con el cuerpo tenso pude rematar a los policías que fueron infectados por el virus Charlotte y lo más importante, pude llegar a la puerta roja que llevaba al sótano.
—Annie —dije guardando mi celular y agarrando el walkie talkie—. Ya estoy en el sótano. ¿Ahora qué?
—Enciende los generadores, y cuando lo hagas, cubre tus oídos
Antes de encender los generadores de la comisaría, revise el sótano para asegurar que todo estaba despejado, encontrando tan solo una linterna que podía poner en la pistola, municiones de pistola, de escopeta y…
—Me lleva la chingada… —jadeé al ver una escopeta—. Si no estuviera en un infierno, esto sería un sueño —añadí agarrando la escopeta para colgarla en mi espalda—. Hmph, ahora soy Stanley S. Kennedy, sí… que venga némesis que lo destruyo
—¡Niño! No tenemos mucho tiempo, hazlo ahora —me regaño Annie desde el walkie talkie—.
—Bien… Kennedy, es momento de trabajar
Con su ayuda pude encender los generadores de la comisaría, regresando la electricidad una vez más a todo el edificio, solo que…
A los pocos segundos de encenderlo, los altavoces emitieron un sonido tan fuerte que tuve que taparme los oídos con fuerza para no desmayarme o ser tan afectado por él.
—¡¡Niño!! ¡¡Sube al ascensor ahora!!
Aturdido volteé a los alrededores hasta encontrar el pequeño ascensor hecho con rejillas oxidadas, que había en el fondo. Sin pensarlo mucho corrí hacia él para entrar y activarlo con un golpe en el único botón que tenía.
—¡¡No!! —rugió ese ser con sus múltiples voces, al mismo tiempo que toda la comisaría volvía a retumbar por otra explosión—.
—No lo olvides, niño. Ve al hospital, ahí te esperaremos las dos y por nada del mundo entres a… —de repente la señal del Walkie talkie de Annie comenzó a fallar hasta dejar de recibir la señal de mi walkie talkie—.