Emir Casper regresó del extranjero, sin imaginar que su ex novia y su mejor amigo, estaban celebrando un año de aniversario. Tal vez por venganza, o quizás porque en verdad ella lo cautivo, contrajo matrimonio con la prima de su mejor amigo, teniendo que convivir en la misma casa que su exnovia, y su mejor amigo.
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Capítulo 7
POV DE BELLYNDA
Siento mi cuerpo como si pedazos de vidrios se hubieran hundido en mi piel; mi cabeza parece estar partida en dos. Joder, ¿qué me habían hecho? ¿Quién carajos me había lastimado tanto?
Lentamente abrí los ojos para encontrar a mi padre observándome fijamente. Al verlo, asiento mis codos en el colchón y retrocedo como un cangrejo hasta sentarme; mi cabeza y mi espalda chocan contra el espaldar de la cama. Paso saliva gruesa porque se ve muy enojado.
—Ya era hora de que despertaras, indecente. Ahora mismo me vas a decir qué diablos hacías en la habitación de ese pelafustán —toma mi brazo y me levanta.
Bajo la mirada a mi cuerpo y me encuentro vestida con mi pijama favorita; no sé en qué momento volví a casa, tampoco sé a qué se refiere.
—¡Me lastimas! —expreso dolor, pero a él parece no importarle; es que, la verdad, a él poco le importa lo que me suceda.
—¿Sientes dolor? Pues más dolor sentirás cuando los medios se enteren de que tengo a una cualquiera como hija, que se mete en la habitación de un hombre a altas horas de la noche y, sobre todo, borracha, y quién sabe qué cochinada hizo —me sacude viéndome de forma horrible—. Dime, ¿qué hacías duchándote ahí? ¿Te acababas de acostar con ese degenerado?
Mi padre es un hombre con muchos prejuicios; a él lo único que le importa es cuidar su apellido y mantener una reputación intachable. Siempre me he regido por sus normas y reglas, pero me cansé de ser un soldado más para él. Desde que empecé a entrar a la pubertad me alejó de mi familia, encerrándome en ese internado, el cual odié y del cuál deseaba salir cuanto antes. Hace un par de meses salí y creí que al fin iba a tener mi libertad, pero este señor sigue queriendo controlar mi vida, y estoy harta de ella, muy harta.
—Sí, me acosté con él —no sé ni por qué digo eso, pero al menos consigo que me suelte, pues lo que he dicho lo ha dejado atónito.
—¡Eres una…! —me presiona de ambos brazos; lo hace usando más fuerza de lo que esperaba y varias lágrimas se escapan de mis ojos. Lloro porque él jamás me había tratado de esa forma; siempre había usado su potente voz para corregirme en algo que había hecho mal, pero nunca usó la fuerza como lo está haciendo ahora.
—Tú eres cruel —al soltarme, caigo nuevamente en la cama.
—Si crees que soy cruel, pues ahora conocerás mi crueldad. Escúchame bien, Bellinda: después de lo que hiciste anoche, tendrás que casarte. Tienes dos opciones; una es que vayas al convento y te transformes en una monja.
—Nunca —digo al dejar escapar más lágrimas.
—¡No me interrumpas! —grita, haciendo estremecer de temor mi cuerpo—. La otra opción es que, si el mocoso ese no se casa contigo, te casarás con Petri; él necesita una esposa.
—No, yo no quiero casarme, mucho peor si es con ese viejo —me armo de valor y, por primera vez, lo enfrento; o más bien, es la primera vez que le llevo la contraria.
—Pues lo vas a hacer, porque ya estás manchada. Ningún hombre admirable pondrá sus ojos en ti después de que, como una verdulera, te metiste a la cama de un hombre sin estar casada.
—Yo no me voy a casar; y si quieres echarme a la calle, échame.
Sonríe y hace traquetear su cuello; se acerca y tiemblo porque temo que me golpee, pero él jamás lo ha hecho, nunca me ha levantado la mano.
—Tú me estás desafiando, ¿es eso? —agarra mi rostro entre sus manos y hace presión; no tan fuerte, pero igual duele—. Grábate esto en la cabeza, Bellinda: soy tu padre y vas a hacer lo que yo diga. No creas que por ser mayor de edad vas a descarrilarte como una cabra loca, al igual que lo hacen las jovencitas de tu edad. Tú, la hija de Brandon Rossetti, no serás la comidilla de cada día de toda esta ciudad; tú no vas a ensuciar mi nombre, no señorita. Te vas a casar quieras o no, y si no quieres, ya sabes la otra opción. Le doy una semana a ese pelafustán para que llegue a pedir tu mano; si no lo hace, tendrás que casarte con Petri o partir al convento. ¿Quedó claro?
Yo no muevo la cabeza; él hace que la mueva con su propia mano, luego me suelta y se va.
—No lo haré —se detiene en la puerta—. No me casarás con ese viejo asqueroso. Tampoco me iré a ese convento de esas viejas locas como tú —él frunce el ceño—. No seguiré tus estúpidas órdenes; me cansé de hacer tu santa voluntad, no más. Estoy harta de que siempre decidas qué es lo mejor para mí; nunca te detienes a pensar qué es lo que quiero y qué es lo que me hace bien. ¡Mira! —agarro la prenda que se encuentra en el suelo—. Siempre has decidido hasta la ropa que debo usar; me compras pura ropa como si fuera una monja, y detesto todo esto —rompo la falda en dos partes.
Él sigue parado en la puerta, mirándome con ojos iracundos. Me apunta con el dedo mientras camina de vuelta hacia mí; paso saliva gruesa cuando lo tengo cerca.
—Espero que todo lo que hayas dicho sea solo porque aún debes de estar borracha.
—Lo digo porque así lo quiero.
Sonríe y se aprieta la barba.
—No estás en posición de decidir; tu opinión no cuenta para mí. Eres mi hija y te riges por sus órdenes. Y no sigas con esa rebeldía, porque harás que me saque el cinturón y te castigue como debí hacerlo en el mismo rato que te encontré ahí.
—Ya soy una mujer, Brandon Rossetti, y puedo tomar mis propias decisiones —grito mientras le veo cerrar la puerta. Corro hasta ahí porque está poniendo el seguro.
—Yo tomo las decisiones por ti —dice él. Se hace el silencio y de pronto sus pasos se escuchan lejos.
Dejo rodar mi cuerpo y, al tocar el suelo, abrazo mi piernas. Reprocho el por qué me tocó un padre así; hubiera deseado ser la hija de Roque Rossetti, un hombre comprensivo que jamás va en contra de los demás, por eso adoro a mi tío más que a mi propio padre. Mi abuela es otra persona que vive en su época antigua; ellos dos se han encargado de hacer de mí una mujer de su siglo. Nunca se han detenido a preguntarme si me gusta algo o no; ellos siempre están eligiendo por mí, y ya estoy harta. No quiero esta vida así, no quiero; solo quiero escapar de esta prisión.