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La Omega que Ellos Enterraron

La Omega que Ellos Enterraron

Status: En proceso
Genre:Venganza / Venganza de la protagonista / Familias enemistadas / Secretos de la alta sociedad
Popularitas:44.2k
Nilai: 5
nombre de autor: ReWorld

Valentina fue criada como hija de la casa Vargas, hasta que una copa rota, una mentira y el silencio de todos la condenaron a tres años de servidumbre en la manada Oscura.
Allí lavó ropa con las manos abiertas por el hielo, limpió establos, cargó leña, durmió sobre paja y aprendió que nadie iba a ir por ella. Cuando el plazo termina, Rodrigo Vargas, el Alfa que alguna vez significó hogar, aparece para llevarla de regreso.
Pero la Valentina que vuelve no busca abrazos, explicaciones ni perdón.
En la casa que la entregó, Isabela ocupa su lugar, Don Alejandro intenta arreglar su futuro como si fuera un problema familiar, Elena llora demasiado tarde y Rodrigo empieza a entender que la culpa no repara nada.
Solo Abuela Consuelo sigue llamándola "mi niña".
Cuando las cicatrices salen a la luz y las mentiras comienzan a romperse, Valentina decide algo simple: nunca más volverá a vivir como una Omega que otros pueden vender, esconder o nombrar a su antojo.
Y mientras la verdad de Isabela se pudre bajo perfumes falsos, un Beta llamado Diego aparece con una bondad tranquila que Valentina ya no creía posible.
Pero en un mundo de Alfas, manadas y destinos marcados por la luna, sobrevivir no será suficiente.
Valentina tendrá que elegir si quedarse entre las ruinas de la familia que la enterró... o caminar hacia una vida donde nadie vuelva a apagar su nombre.

NovelToon tiene autorización de ReWorld para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7

Capítulo 7

Isabela esperó a que hubiera público.

Valentina lo entendió apenas la vio entrar en la habitación de Consuelo con dos criadas detrás, una manta nueva sobre el brazo y un ramo de flores pálidas entre las manos. Las flores no eran de jardín. Venían del invernadero. Tenían ese olor demasiado limpio de las cosas que nunca tocaron frío.

—Abuela Consuelo —dijo Isabela—, pensé que unas flores alegrarían el cuarto.

Consuelo miró el ramo.

—Ponlas lejos. El olor me cansa.

La sonrisa de Isabela no cambió.

—Por supuesto.

Una de las criadas puso las flores en la mesa junto a la ventana. La otra se quedó cerca de la puerta. En el corredor, dos primas fingían revisar un cesto de costura. Nadie había venido por casualidad.

Valentina estaba junto al brasero, remendando una manga de la abuela. La aguja se le resbalaba a veces por la rigidez de los dedos, pero las puntadas quedaban parejas.

Isabela se acercó con la manta.

—También traje esto para ti. Debí hacerlo antes. No sabía que el pabellón del este era tan frío.

Valentina levantó la vista.

—Sí lo sabías. Todos en esta casa lo saben.

La criada de la puerta bajó la mirada.

Isabela apretó apenas la manta.

—Quise decir que no imaginé que te afectara tanto.

—El frío afecta cuando no hay fuego.

—Valentina —dijo Elena desde la entrada.

Valentina no la había oído llegar. La Señora Elena llevaba una bandeja pequeña con medicinas. Su rostro ya tenía esa expresión de pedir calma antes de que hubiera conflicto.

Isabela aprovechó.

—No importa. Entiendo que le cuesta aceptar ayuda.

Consuelo levantó la cabeza.

—La ayuda no se anuncia con testigos.

Isabela bajó los ojos.

—Solo quería que supieran que estoy intentando acercarme.

—Ya lo sabemos —dijo Valentina.

La aguja entró y salió de la tela.

—Por eso viniste con criadas.

Elena dejó la bandeja.

—No peleen aquí, por favor.

Valentina guardó silencio.

Eso era lo que Isabela quería: que cualquier defensa pareciera pelea, que cualquier límite pareciera crueldad delante de la abuela enferma. Valentina lo vio claro y cerró la boca.

Isabela puso la manta sobre una silla.

—No voy a insistir. La dejaré aquí por si la necesitas.

—No la necesita —dijo Consuelo.

Elena la miró, sorprendida.

—Mamá.

—Necesita un cuarto caliente. No una manta para que todos se sientan bondadosos.

La habitación quedó inmóvil.

Una de las primas se retiró del corredor. La otra la siguió.

Isabela respiró hondo.

—Lamento haber molestado.

—No lamentes tanto —dijo Consuelo—. Cansa.

Valentina bajó la cabeza para esconder la reacción de su boca. No llegó a sonreír, pero algo se movió.

Isabela lo vio.

Por primera vez en la mañana, la suavidad de su rostro falló. Fue un segundo: una dureza en los ojos, una línea tensa junto a la boca. Luego volvió a ser la muchacha amable.

—Que descanse, Abuela Consuelo.

Salió con las criadas.

Elena se quedó.

—Valentina, sé que todo es difícil, pero Isabela también...

Consuelo golpeó la manta con los dedos.

—Termina esa frase y te saco de mi cuarto.

Elena cerró la boca.

Valentina dejó la costura sobre sus rodillas.

—No debió alterarse.

—No me alteré. Me entretuve.

—Abuela.

—No me mires así. Estoy enferma, no muerta.

Elena se sentó al borde de una silla.

—Yo solo quiero que no se hagan daño.

Valentina miró la manta que Isabela había dejado. Era buena lana. Caliente. Útil. Eso no la hacía inocente.

—El daño ya está hecho.

Elena cerró los ojos.

Consuelo extendió la mano hacia Valentina.

—Ven.

Valentina se acercó.

La abuela le acomodó un mechón detrás de la oreja.

—Pudiste decir más.

—Sí.

—¿Por qué no lo hiciste?

Valentina miró la medicina sobre la mesa, el pulso débil en el cuello de Consuelo, la forma en que respiraba con esfuerzo después de cada frase.

—Porque usted se cansa.

La abuela la observó durante un rato.

—Tú también.

Valentina recogió la costura.

—Yo puedo esperar.

Consuelo suspiró.

—Eso me da miedo, mi niña.

Esta vez Valentina no contestó.

1
Pilo
que historia tan interesante, me encanta. Escritora te felicito, espero actualices pronto, gracias.
Liliana Filipuzzi
quiero hacer ese viaje... o tal vez lo estoy haciendo sin darme cuenta....
Erika Oviedo Macedo
excelente
celestina kramer
muy buena la historia autora
Liliana Filipuzzi
Al principio no se entiende mucho, de hecho el origen de la prota no se entiende, salvo entre líneas y aún así es bastante escueta.
Pero me fascina la narrativa... Dura, blanco o negro, no hay floritorios en los romances., que casi no hay o no se perciben... cómo ese que "día a día crece" y no descubris si es un romance normal o personas que coinciden en tiempo y espacio.
Es rara y está muy buena
Beatriz Hernàndez
es que pais se desarrolla ésta historia
Beatriz Hernàndez
es que pais se desarrolla ésta historia
Liliana Filipuzzi
está muy buena, pero es lenta
Beatriz Hernàndez
y lo extremo del.clima
Beatriz Hernàndez
excelente historia, dónde es? en Escocia?... lo digo por las características del terreno
Sidoneth Yepez
espectacular el capítulo!!!!! me encanta la novela... diferente a todas que he leído sobre hombres lobos🥰👏👏
Sidoneth Yepez
Me gusta la historia. Diferente y entretenida desde el principio
Maria Diosdado Velázquez
NO HACE FALTA RECORDAR, SI USTED NO QUIERE TERMINAR DE PUBLICAR, NO PUBLICA Y YA SOLO LE RESTA PUNTOS
Sidoneth Yepez
Me encanta 🥰🥰🥰🥰
irma lorena ruelas cueva
🥰🥰🥰🥰🥰
irma lorena ruelas cueva
🥰🥰🥰🥰🥰🥰😂
irma lorena ruelas cueva
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irma lorena ruelas cueva
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