nada es para siempre
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7
Los rusos salieron de ahí a paso firme, guiados por el gerente del lugar hacia la salida principal del restaurante. Sin embargo, a medida que caminaban hacia el automóvil que ya los esperaba en la acera, Dmitriy se sentía verdaderamente extraño. No era el malestar de la resaca; de hecho, el remedio que aquella hermosa mesera le había llevado de forma tan discreta había obrado un milagro casi instantáneo en su dolor de cabeza. Lo que lo perturbaba era un calor inusual que le recorría el pecho, una agitación interna que no lograba apaciguar. Sentía una chispa de vitalidad que creía extinta, y su mente no dejaba de repetir el eco de la voz de Azul susurrándole al oído.
Taras, que poseía un instinto sumamente agudo para leer a su primo, notó el cambio de inmediato. Observó cómo Dmitriy miraba de reojo hacia el interior del restaurante antes de subir al vehículo, con una expresión de desconcierto que rara vez mostraba en público.
Una vez que las pesadas puertas del auto se cerraron, aislando el bullicio de la Ciudad , Taras rompió el silencio.
—Te ves diferente. ¿Sigues sintiéndote mal por el vodka de anoche? —preguntó Taras, guardando unos documentos en su maletín de piel.
—No... al contrario. Me siento extrañamente bien, pero... con la cabeza en otro lado —confesó Dmitriy, mirando fijamente la palma de su mano, como si intentara descifrar el vuelco que su cuerpo había dado .
Taras lo miró fijamente a través de sus anteojos, notando una energía renovada en el heredero, una intensidad en la mirada que no le veía desde hacía meses. Decidió que lo mejor para ambos, tras el estrés de la negociación y la tremenda juerga del día anterior, era un respiro.
—Tuvimos un día largo y logramos cerrar el trato. Vamos a descansar al penthouse. Necesitas dormir bien y procesar lo que sea que te esté pasando —le dijo Taras al chofer, indicándole con un gesto que pusiera en marcha el motor.
Mientras los rusos se alejaban en dirección a su exclusivo departamento para tener una tarde de total tranquilidad, el panorama en el restaurante era de absoluta celebración. El turno de la tarde concluyó y las chicas finalmente pudieron checar su salida .
Cuando Azul y Roberta contaron el dinero de la caja de propinas de la zona VIP, no pudieron contener la emoción. Los comensales habían dejado una cantidad de dinero verdaderamente exorbitante, reconociendo el servicio impecable que ambas habían brindado. Era viernes por la noche, el cuerpo lo sabía y los bolsillos estaban llenos.
—¡Te lo dije, Azul! ¡Te lo dije! —exclamó Roberta, dando saltitos de alegría en el vestidor mientras guardaba los billetes en su cartera—. Esas sonrisas valieron cada centavo. ¡Somos libres por este fin de semana! ¡Hay que festejar!
Azul, contagiada por la energía desbordante de su amiga y sintiendo un inusual deseo de distraerse tras el extraño encuentro con el rubio, aceptó sin oponer resistencia.
—Está bien, Rob. Tienes razón, nos lo ganamos a pulso —cedió Azul, sonriendo de verdad—. Vamos a cambiarnos. Esta noche no escatimaremos en nada.
Las chicas regresaron rápidamente a su departamento para transformarse por completo. Dejaron atrás los uniformes formales, las coletas sobrias y el cansancio de la jornada laboral. Roberta optó por un vestido ajustado de color rojo encendido que resaltaba sus curvas y su personalidad audaz, mientras que Azul eligió un elegante vestido negro de tirantes que combinaba perfectamente con su belleza sofisticada y su porte natural. Con las espectaculares propinas que habían recibido, decidieron que era el momento perfecto para darse un lujo que normalmente no podían permitirse: se fueron a un antro sumamente exclusivo ubicado en la zona más prestigiosa de la ciudad.
Al llegar al lugar, la música electrónica de vanguardia vibraba en las paredes de cristal, las luces de neón decoraban el ambiente y la gente más adinerada y sofisticada de la capital se congregaba alrededor de la barra de diseño. Azul y Roberta caminaron con total seguridad, y se dispusieron a disfrutar de la noche, completamente ajenas al hecho de que el destino ya estaba moviendo las piezas .
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