Luego de la cuarta guerra contra los oscuros, objetos fueron confiscados por la diosa luna y fueron guardados en el único lugar que en el que nadie se atrevería a poner un pie.
La Academia Luna Sangrienta...
Cuyo sitio mantiene bajo resguardo las reliquias de Selene...
NovelToon tiene autorización de Tania Uribe para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 6: Nuestros peores miedos...
AERYN
La oscuridad nos tragó apenas cruzamos la puerta. No era una oscuridad normal. Era densa. Pesada. Viva.
El aire dentro de aquella estructura se sentía frío y extraño, como si respirara junto a nosotros. Las runas grabadas sobre las paredes comenzaron a iluminarse lentamente en tonos plateados y rojos mientras la puerta detrás se cerraba con un estruendo.
Y entonces entendí algo. La segunda prueba no buscaba evaluar nuestro poder. Buscaba destruirnos desde dentro.
Escuché respiraciones agitadas provenientes de otros equipos dispersos en distintos corredores. Algunos aspirantes ya estaban entrando en pánico apenas unos segundos después de haber comenzado.
Otros gritaban nombres. Otros simplemente lloraban a mares. La segunda prueba apenas comenzaba y muchos ya estaban perdiendo la cordura.
—No se separen—dije inmediatamente. Mi voz sonó más firme de lo que realmente sentía.—Pase lo que pase.
Jayden observaba los alrededores con evidente tensión mientras Dmitri permanecía cerca de mí, alerta, como un lobo preparado para atacar en cualquier momento.
No hubo transición. Un segundo estaba dentro ... y al siguiente estaba en un solo vacío era sofocante y parecía deslizarse bajo mi piel.
Vi sombras moverse alrededor de otros tríos. Algunos comenzaron a atacarse entre ellos creyendo que estaban siendo perseguidos por monstruos. Otros se dejaron consumir por el miedo hasta caer de rodillas incapaces de distinguir qué era real y qué no era real.
Y fue que los fragmentos los abandonaron. La luz desaparecía, las piedras caían al suelo. Rechazados. Los Guardianes aparecieron inmediatamente para llevárselos de vuelta al tren.
No eran aptos emocionalmente para ser guardianes. Así de sencillo.
—No separarnos—dije rápidamente mirando a Dmitri y Jayden—. Pase lo que pase. Jayden asintió primero. Dmitri tardó unos segundos más. Después la oscuridad me encontró.
El aire se volvió caliente. Demasiado caliente.
Mis manos estaban ardiendo y fue que lo vi. Fuego. Llamas enormes consumiendo todo a mi alrededor. Mi respiración se quebró.
No, no. No de nuevo...
Retrocedí mientras observaba las llamas extenderse por un enorme salón cubierto de símbolos del Clan Volakis. Escuché gritos. Vi sombras intentando escapar mientras el fuego destruía todo. Por completo.
Y en el centro de las llamas... estaba yo. Más joven. Una niña. Mis manos temblaban mientras el fuego escapaba de mi cuerpo sin control.
El fuego. El primer elemento que dominé. Y también el primero que casi destruye algo importante para mí.
—¡Aeryn!—Escuché la voz de Jayden a lo lejos. Pero la ilusión continuó carcomiéndome como las llamas que comenzaron a subir por las paredes mientras mi respiración se volvía más inestable. Entonces otra imagen apareció frente a mí.
Jacob. Vestido con los colores plateados de Luna de Cristal. El futuro Alfa. Mi futuro prometido.
Sentí un nudo de frustración alrededor de mi pecho. Las voces de mi clan comenzaron a resonar a mi alrededor.
«Es lo mejor para ambos Clanes»
«Serán una pareja poderosa»
«Unirán a dos linajes históricos»
Mentiras.
Todos ellos ignoraban algo importante. Jacob no era mi Mate. Y yo tampoco era la suya. Ambos lo sabíamos. Mi magia elemental lo sabía, también.
Yo también era consciente de ello. Lo respetaba. Ambos nos respetábamos, lo admiraba incluso. Él era un aliado confiable. Pero eso no era motivo para amarlo, porque no podía hacerlo. Jamás lo iba a hacer.
Y aun así, todos esperaban que aceptáramos un destino que jamás habíamos elegido. La imagen de Jacob desapareció lentamente y otra apareció detrás de él.
Una silueta sin cara. Alta. Imponente. Cubierta de sombras. No lograba verlo con claridad, pero había algo imposible de ignorar en aquella presencia.
Una voluntad de hierro. Mi magia reaccionó inmediatamente hacia esa figura desconocida. Mi verdadero mate. Y eso me daba terror más de lo que quería reconocer. Porque no sabía quién era.
Ni cuándo aparecía. Ni qué cambiaría cuando lo hiciera. El fuego explotó de forma violenta a mi alrededor.
Perdí el control. De nuevo.
Cerré los ojos con fuerza mientras las llamas se elevaban consumiéndolo todo...
Hasta que una mano me sujetó del brazo.
—Aeryn.—La voz de Dmitri atravesó el caos. Abrí los ojos, sobresaltada.
Él estaba frente a mí. Jayden también. Ambos estaban tensos, pero reales. El fuego comenzó a desaparecer lentamente a nuestro alrededor.
—Respira—dijo Jayden con firmeza. Me tomó varios segundos comprender en dónde estaba realmente. La prueba. Seguíamos dentro de la prueba.
Mis manos temblaban apenas mientras trataba de estabilizar mi magia. Dmitri no soltó mi brazo.
—Vuelve—ordenó en voz baja. Y, extrañamente... obedecí. Las llamas desaparecieron por completo.
Apenas recuperé el control, la oscuridad volvió a moverse. Esta vez envolvió a Jayden. Lo vimos tensarse mientras algo invisible parecía atraparlo.
Su expresión cambió por completo. Había dolor, ansiedad, soledad. Escuché voces distorsionadas alrededor. Insultos, rechazo, monstruo y mestizo. Error.
Jayden retrocedió como si en verdad estuviera viendo a alguien frente a él. Su respiración se volvió irregular.
Y entonces entendí. Toda su vida había estado solo. Sin Clan, sin familia. Sin nadie que en verdad lo eligiera. La prueba lo estaba obligando a revivir cada herida que trató de esconder.
—Jayden.
No reaccionaba. Sus ojos seguían perdidos en algo que nosotros no podíamos ver. Dmitri lo tomó de los hombros con fuerza.
—No estás ahí ahora—gruñó. Jayden finalmente parpadeó. Y poco a poco volvió.
Pero no tuvimos tiempo de respirar. Porque entonces fue el turno de Dmitri. Y todo cambió.
La oscuridad lo envolvió tan violentamente que incluso el fragmento azul entre sus manos comenzó a desestabilizarse. Algo estaba mal. Muy mal.
—Dmitri.—di un paso hacia él. No me respondió. Sus ojos estaban completamente perdidos. Nunca lo vi así. Jamás. Y eso me asustó más de lo que pensé.
La presión mágica alrededor de él comenzó a aumentar de forma peligrosa mientras escuchábamos gruñidos bajos saliendo de su garganta.
Había dolor, miedo, rabia... todo entremezclado.
Jayden fue el primero en reaccionar y logró sujetarlo antes de que colapsara por completo.
Dmitri continuaba atrapado. Lo miré unos segundos. Y entendí algo terrible.
Él había pasado toda su vida intentando ser perfecto. Ser el hijo correcto, el heredero correcto. El hermano que jamás podría superar a Jacob. Y tal vez lo que él más temía no era fallar.
Si no nunca ser suficiente. Mi pecho dolió inesperadamente. Me acerqué rápidamente y sujeté su rostro entre mis manos mientras Jayden lo mantenía sujetado.
—Dmitri.
Nada. Su respiración seguía descontrolada.
—Vuelve, por favor...
Mi voz salió suave, más suave de lo que me imaginé que saldría. Por un instante pensé que no iba a funcionar, pero entonces sus ojos finalmente reaccionaron.
Y volvió. El aire regresó a mis pulmones apenas la oscuridad comenzó a desaparecer.
Los tres quedamos respirando agitadamente en medio del vacío mientras nuestros fragmentos recuperaban su brillo normal.
Habíamos sobrevivido. Apenas. Y no fuimos los únicos.
A nuestro alrededor comenzaron a aparecer otros grupos. Algunos salieron heridos. Otros llorando. Varios apenas podían mantenerse de pie. Y algunos... simplemente no volvieron a ser ellos.
Vi fragmentos apagarse frente a ciertos aspirantes antes de caer al suelo como piedras comunes. Abandono.
Los Guardianes se llevaron a esos estudiantes sin decir una sola palabra. Otros fueron enviados de regreso al tren completamente destrozados emocionalmente.
La prueba había revelado algo importante. No todos eran capaces de soportar el peso de convertirse en Guardianes. Porque pelear contra monstruos era simple, pero lo difícil era sobrevivir a los propios.