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Casada con un Mafioso

Casada con un Mafioso

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Matrimonio contratado / Mafia / Completas
Popularitas:1
Nilai: 5
nombre de autor: Autora Pandora

Oliver Santos solo quería salvar a su madre.

Con un diagnóstico de cáncer y sin dinero para el tratamiento, acepta la única opción que le queda: casarse con Gabriel Campos, el hombre misterioso y poderoso al que salvó una noche lluviosa en un callejón oscuro. Un matrimonio por contrato. Sin sentimientos. Sin complicaciones.

Pero Gabriel no es un hombre cualquiera.

Detrás de los trajes impecables, la mirada fría y los guardaespaldas, se esconde el líder de una de las organizaciones más temidas de la ciudad. Y ahora Oliver lleva su apellido.

Lo que comienza como un acuerdo calculado pronto se convierte en algo mucho más peligroso. Porque en el mundo de Gabriel, la lealtad se prueba con sangre, los enemigos no perdonan… y el corazón no obedece contratos.

Entre traiciones, tiroteos, secretos familiares y una atracción imposible de ignorar, Oliver descubrirá que la línea entre el deber y el deseo es mucho más delgada de lo que imaginaba.

¿Puede un matrimonio falso convertirse en el amor más real de su vida?

NovelToon tiene autorización de Autora Pandora para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

El sonido del disparo aún resonaba en la mente de Oliver incluso horas después de haber vuelto al apartamento.

Estaba sentado en el sofá, con una taza de té en las manos, mirando su propio reflejo en la superficie del líquido caliente. Sus dedos todavía recordaban el peso del arma, el retroceso, el ruido fuerte que parecía atravesarle el pecho.

No había sido emocionante.

No había sido divertido.

Había sido... serio.

Y eso, de alguna forma, lo dejaba más tranquilo.

Porque significaba que no se estaba convirtiendo en alguien imprudente.

Significaba que seguía siendo él.

—Estás pensando demasiado —dijo la voz calmada de Gabriel, apareciendo detrás de él.

Oliver parpadeó, volviendo a la realidad.

—Yo siempre pienso demasiado.

Gabriel se acercó lentamente y se sentó en el sillón de enfrente, observándolo con atención silenciosa.

—¿Arrepentido? —preguntó.

Oliver negó con la cabeza.

—No.

Una pausa breve.

—Solo estoy tratando de entender cómo mi vida llegó a este punto.

Gabriel no respondió de inmediato.

Parecía acostumbrado a los silencios reflexivos.

—Lo manejaste bien hoy —comentó al fin.

Oliver soltó una pequeña risa débil.

—Casi cerré los ojos en el primer tiro.

—Aun así mantuviste la postura.

Silencio.

Oliver apoyó la taza en la mesa de centro.

—Pensé que ibas a ser más duro conmigo.

Gabriel arqueó ligeramente la ceja.

—¿Por qué?

—Porque... bueno —Oliver vaciló—, eres un jefe de la mafia. Me imaginé un entrenamiento frío, distante, sin paciencia.

La expresión de Gabriel permaneció neutra, pero sus ojos se suavizaron casi imperceptiblemente.

—La eficiencia no exige brutalidad.

Oliver se quedó en silencio por algunos segundos.

Todavía no se acostumbraba a la forma en que Gabriel siempre respondía con frases simples, pero cargadas de significado.

Antes de que pudiera decir algo, el celular de Gabriel vibró sobre la mesa.

Una sola vibración.

Breve.

Controlada.

Pero su mirada cambió de inmediato.

Más atenta.

Más estratégica.

Tomó el aparato, leyó el mensaje y se puso de pie.

—Necesito salir por algunas horas.

Oliver levantó el rostro, curioso.

—¿Algo serio?

—Nada que requiera tu preocupación.

La respuesta fue automática.

Pero Oliver ya estaba empezando a notar los patrones.

—¿Tiene que ver con la mafia?

Silencio.

Breve.

—Sí.

Oliver asintió lentamente.

—Ten cuidado.

Las palabras escaparon antes de que pudiera pensarlo.

Gabriel se detuvo por un breve segundo.

Solo un segundo.

Pero fue suficiente.

Giró levemente el rostro en dirección a Oliver.

—Siempre lo tengo.

Y salió.

---

El apartamento quedó en silencio nuevamente.

Pero no era un silencio vacío.

Era un silencio lleno de pensamientos.

Oliver pasó el resto de la tarde organizando sus telas, cosiendo pequeños ajustes en ropas viejas y tratando de mantener la mente ocupada. Sin embargo, de vez en cuando, se descubría mirando hacia la puerta, como si estuviera esperando oír los pasos firmes de Gabriel regresando.

Suspiró.

—¿Desde cuándo me quedo esperando a que él vuelva...?

La pregunta quedó en el aire.

Sin respuesta.

Algunas horas después, el elevador privado del piso emitió un leve sonido.

Pasos.

Más de un par de pasos.

Oliver frunció levemente el ceño.

Cuando la puerta del apartamento se abrió, se levantó automáticamente.

Gabriel entró primero.

Detrás de él, tres hombres vestidos de negro, con posturas respetuosas y mirada atenta.

Miembros de la mafia.

Oliver sintió que su cuerpo se tensaba ligeramente.

No por miedo.

Sino por consciencia.

Era la primera vez que tantos miembros de la organización entraban al apartamento mientras él estaba presente.

—Señor —dijo uno de ellos, con respeto.

Gabriel hizo un gesto leve con la mano.

—Continúen con el informe.

Asintieron y comenzaron a hablar en tono bajo, explicando algo sobre movimientos sospechosos, territorios y vigilancia reforzada. Oliver no entendía todos los detalles, pero percibió algo con claridad:

Le hablaban a Gabriel con absoluto respeto.

Sin vacilación.

Sin cuestionamientos.

Era una autoridad natural.

Oliver intentó volver discretamente al taller, sin querer interrumpir, pero se detuvo cuando uno de los hombres lo miró directamente.

La mirada no era hostil.

Era... curiosa.

Y entonces, inesperadamente, el hombre hizo un leve gesto con la cabeza.

Respetuoso.

Formal.

Oliver se quedó paralizado por un segundo.

¿Lo... estaban saludando?

Respondió con un gesto tímido.

Otro miembro de la mafia hizo el mismo gesto.

Silencioso.

Educado.

Reconociéndolo.

Aquello fue completamente inesperado.

Después de algunos minutos, la reunión terminó, y los hombres se retiraron en silencio absoluto, como sombras organizadas.

En cuanto la puerta se cerró, Oliver se giró inmediatamente hacia Gabriel.

—Ellos... fueron educados conmigo.

Gabriel se quitó el saco con calma.

—Como deben ser.

—Sabían quién soy.

—Lo saben.

Silencio.

Oliver cruzó los brazos, pensativo.

—Pensé que me iban a mirar con desconfianza.

Gabriel caminó hasta la mesa y se sirvió un vaso de agua.

—Al principio, lo hicieron.

—¿Y ahora?

Gabriel tomó un sorbo antes de responder:

—Ahora están observando.

Oliver inclinó la cabeza.

—¿Observando?

—Tu comportamiento. Tus actitudes. Tu postura.

Apoyó el vaso en la mesa.

—El respeto, en mi mundo, no se da por título. Se conquista con consistencia.

Oliver se quedó en silencio.

Procesando.

—Entonces... ¿no me respetan por ser tu esposo?

—No completamente.

La sinceridad fue directa.

Pero no cruel.

—Empezaron a respetarte cuando notaron que no eres arrogante, no interferes en los asuntos de la organización y tratas a todos con educación.

El corazón de Oliver se calentó levemente.

—Solo estoy siendo yo mismo.

—Exactamente.

Un silencio cómodo se instaló.

Pero fue interrumpido pocos minutos después.

El elevador sonó nuevamente.

Pasos rápidos.

Tacones altos.

Y una voz familiar e irritante resonó antes incluso de que la puerta se abriera por completo.

—¡Gabriel, necesitamos hablar inmediatamente!

Bella entró al apartamento sin pedir permiso, seguida por Gisele, que miraba a su alrededor con evidente curiosidad y un leve desdén disimulado.

En cuanto vio a Oliver, Bella se congeló.

Sus ojos se oscurecieron instantáneamente.

—Estás aquí.

La frase sonó como una acusación.

Oliver mantuvo la postura calmada.

—Yo vivo aquí.

El silencio se volvió pesado.

Gisele cruzó los brazos, analizando a Oliver de arriba abajo con una sonrisa casi burlona.

—Todavía no me acostumbro a esta... situación.

Gabriel no se movió.

—Entonces acostúmbrate.

Directo.

Frío.

Bella apretó levemente los puños.

—La organización está comentando.

—¿Sobre?

—Sobre él —dijo ella, señalando a Oliver.

El aire se puso tenso.

—¿Comentando qué? —preguntó Gabriel, con calma.

Bella vaciló por medio segundo antes de responder:

—Que siempre está aquí. Que no demuestra miedo. Que trata a los miembros con educación. Que él... —se detuvo, irritada— está siendo respetado.

Silencio.

Lento.

Intenso.

Oliver parpadeó, sorprendido.

Gabriel respondió con la misma tranquilidad de siempre:

—¿Y eso es un problema?

Bella perdió la paciencia por un segundo.

—¡Él no es parte de nuestro mundo!

Oliver, que hasta entonces había permanecido en silencio, finalmente habló:

—Yo nunca dije que lo fuera.

Las dos mujeres se giraron hacia él, sorprendidas.

Él continuó, con calma:

—No participo en las decisiones, no interfiero en los asuntos de la organización y no le doy órdenes a nadie. Solo trato a las personas con respeto básico.

Gisele rio levemente.

—Qué noble.

Oliver la miró, sereno.

—La educación no es noble. Es lo mínimo.

Un silencio absoluto cayó sobre el ambiente.

Bella parecía cada vez más irritada.

—¿Crees que solo porque vives aquí tienes algún tipo de posición?

Oliver inclinó levemente la cabeza.

Y respondió con voz tranquila, pero firme:

—No. Sé exactamente cuál es mi posición.

Una pausa.

Pequeña.

Pero poderosa.

—Soy el esposo del jefe. Y eso, por sí solo, ya exige que me comporte con dignidad.

El impacto fue inmediato.

Hasta Gabriel se quedó en silencio por un segundo.

Bella se quedó sin palabras.

Gisele abrió ligeramente los ojos.

Y, por primera vez desde que entró en la organización de Gabriel...

Oliver no parecía frágil.

Parecía calmado.

Seguro.

Y absolutamente inquebrantable.

Gabriel observó la escena en silencio, y algo en su expresión cambió sutilmente.

No era sorpresa.

No era conmoción.

Era aprobación silenciosa.

Y, en aquel momento, quedó claro para todos en el apartamento:

Oliver no estaba siendo respetado solo por ser el esposo del jefe.

Estaba siendo respetado por quien realmente era.

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