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IMPERIO DE CRISTAL " LA REYNA DE MAXIMILIAN"

IMPERIO DE CRISTAL " LA REYNA DE MAXIMILIAN"

Status: En proceso
Genre:Amor-odio
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: mailyn rodriguez

Maximilian es el Faraón del siglo XXI, un hombre que no perdona errores y que ha construido su mundo sobre el orden y el oro. Amara es la joya que él ha deseado en silencio, la mujer que rescató de un destino cruel para sentarla en un trono que ella nunca pidió.Pero en los pasillos dorados del palacio de cristal, los secretos pesan más que las joyas. Mientras las copas de cristal se alzan en honor a su unión, un beso robado en las sombras y un plan de huida están a punto de derribar el imperio de Maximilian.Él le dio el mundo. Ella solo quería un corazón. Cuando el hombre más poderoso del planeta descubra que su reina ama a un peón, la ciudad de oro conocerá la verdadera furia de un rey traicionado. Porque en la guerra por el amor, Maximilian no está dispuesto a perder... y Amara no está dispuesta a dejarse poseer."

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Capítulo 10: Tormenta de Cristal

El cielo sobre Neo-Luxor se había vuelto de un color ocre siniestro, pero en el Retiro de la Duna, la oscuridad era total. Una tormenta de arena, la más violenta en una década, golpeaba los muros de la villa con la fuerza de mil ejércitos. El viento aullaba, un rugido salvaje que hacía vibrar los cristales blindados, amenazando con sepultarlos bajo una montaña de polvo dorado. En el interior, los sistemas de energía fallaron, dejando a la casa sumergida en una penumbra sofocante y un calor que empezaba a volverse insoportable.

Maximilian caminaba por el salón principal, buscando una linterna. Debido al calor opresivo, se había despojado de sus ropas, quedando solo en unos boxers de seda negra. La luz de los relámpagos del desierto iluminaba su cuerpo: era una visión de masculinidad cruda, con los hombros anchos, el pecho marcado y los músculos de sus piernas tensos como cuerdas de violín. Las cicatrices de su espalda, rastros de una lucha por el poder que Amara aún no comprendía, brillaban bajo el resplandor intermitente.

Amara salió de su habitación, atraída por el estruendo de un rayo que pareció partir la duna frente a la casa. Vestía una bata de seda blanca, casi traslúcida, que se adhería a su cuerpo esculpido por el sudor. Bajo la tela fina, la curva de sus senos y la firmeza de sus muslos canela quedaban expuestas ante la mirada de Maximilian.

—No salgas de aquí —dijo él, su voz vibrando con la misma intensidad que la tormenta—. El sistema de ventilación se detuvo. Tenemos que quedarnos en la zona central, es la más fresca.

Un trueno masivo sacudió la estructura, y por un instante, el cristal pareció ceder. Amara trastabilló, perdiendo el equilibrio. Maximilian reaccionó con la velocidad de un depredador, atrapándola por la cintura antes de que cayera.

El contacto fue eléctrico. La piel caliente y sudorosa de Maximilian chocó contra la seda fría de la bata de Amara, fundiéndose en un abrazo forzado por el caos. Ella sintió la dureza de su pecho contra sus manos, el latido acelerado de un corazón que, a pesar de su frialdad, latía con una pasión violenta. Él, a su vez, se embriagó con el aroma a loto y miedo que emanaba de ella, sintiendo la suavidad de su cuerpo bajo sus manos grandes.

—Suéltame… —susurró ella, aunque sus piernas flaqueaban.

—No —respondió él, su voz ronca, pegada a su oído mientras el viento rugía afuera—. En esta tormenta, yo soy lo único que te mantiene en pie.

Maximilian la apretó más contra él, sus dedos hundiéndose en la seda de su bata, marcando su piel. Por un segundo, el odio de Amara se mezcló con una atracción primitiva que la aterraba. Estaban solos, aislados del mundo por un muro de arena, reducidos a dos cuerpos que buscaban refugio en el único calor disponible.

La tormenta fuera era una guerra de arena y viento; dentro, era una guerra de piel y voluntad. Maximilian la miró a los ojos, su barba rozando la frente de ella, y por primera vez, no hubo órdenes ni contratos, solo la tensión insoportable de un deseo que amenazaba con quemar el imperio de cristal que habían construido.

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