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Sobrevivir A Las Cenizas De Tu Amor

Sobrevivir A Las Cenizas De Tu Amor

Status: Terminada
Genre:Aventura / Apocalipsis / Romance / Completas
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: May_Her

En un mundo devastado por una pandemia que acabó con la civilización, Jimena, una enfermera que aún carga con el duelo por la pérdida de su pareja, sobrevive en soledad en la periferia de una ciudad en ruinas. Su existencia se limita a cuidar de un pequeño grupo de marginados: un anciano con una herida incurable, una mujer que ha perdido la razón por el dolor, y una niña salvaje que vive escondida.

Su monótona y silenciosa rutina se rompe cuando Iván, un joven mensajero, llega para pedir su ayuda. En ese momento conoce a Mateo, la persona que hará que todo en su mundo cambie.

NovelToon tiene autorización de May_Her para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7

El mercado era un antiguo supermercado de dos plantas, un edificio enorme que antes debía haber sido el centro comercial del barrio. Ahora sus puertas estaban reforzadas con planchas metálicas, y en la azotea se veían siluetas de vigilantes que observaban el horizonte. Alrededor, en las calles adyacentes, había pequeñas construcciones improvisadas: chabolas de madera y lona, huertos en macetas gigantes, zonas de reunión con bancos y mesas hechas de palés.

Había gente, personas que hablaban, otras que caminaban, que trabajaban. Una mujer barría la entrada de su pequeña casa. Un grupo de niños correteaba persiguiendo una pelota hecha de trapos. Dos hombres reparaban una valla mientras discutían sobre la mejor forma de hacerlo. Olía a humo, a comida cocinada, a sudor. Olía a humanidad agrupada, a vida que se negaba a extinguirse.

Jimena se quedó paralizada en medio de la calle, mirando a su alrededor con una mezcla de asombro y miedo. No había visto nada igual desde antes de la pandemia. No había visto tanta gente junta, tanta actividad, tanta normalidad en medio del horror. Por un momento había olvidado lo que se sentía estar en medio de tanta gente, de eso que antes era tan normal.

—Impresiona, ¿verdad? —dijo Iván a su lado, con un tono más suave—. A mí todavía me pasa. Cuando vienes de fuera, de la soledad, esto parece un sueño.

—¿Cuántos son en total? —preguntó Jimena con voz ronca.

—Unos doscientos. Más los que vienen y van. Mateo dice que somos la última esperanza de la ciudad.  A veces realmente me lo creo.

Jimena tragó saliva, doscientos. Doscientas personas viviendo juntas, compartiendo recursos, decisiones, peligros. Era un milagro, una locura al mismo tiempo y en medio de todo eso, niños enfermos que dependían de ella.

—Vamos —dijo Iván, tirando de su manga—. Los niños están en el fondo y Mateo estará allí, seguro.

Jimena lo siguió, adentrándose en el laberinto de calles y casas pequeñas, sintiendo las miradas de los curiosos sobre ella. Era una extraña, una forastera, alguien que no pertenecía a su mundo, pero también era una esperanza, la posibilidad de que los niños enfermos pudieran salvarse.

En el fondo del mercado, junto a la pared del supermercado, habían instalado una especie de enfermería: toldos de lona que protegían del sol, colchonetas en el suelo, y allí, sobre ellas, cinco niños con las mejillas encendidas por la fiebre.

Jimena se arrodilló junto al primero, una niña de no más de cuatro años y le tomó el pulso. Rápido, débil. Demasiado débil. La piel de la niña estaba caliente, seca, y su respiración era superficial, con ese sonido característico de los pulmones congestionados.

—¿Cuánto tiempo llevan así? —preguntó sin voltearse, sin apartar la mirada de la niña.

—Tres días —respondió una voz detrás de ella—. Ya se han muerto dos.

Jimena se giró y lo vio.

Mateo estaba allí, apoyado en el marco de una puerta, con los brazos cruzados. La luz del atardecer le daba a su rostro una dureza de acero, pero en sus ojos había algo más: cansancio, preocupación, y una intensidad que Jimena no supo interpretar.

—Soy Mateo —dijo, dando un paso adelante—. El líder de este lugar.

—Ya me lo imaginaba —respondió Jimena, poniéndose en pie—. Soy Jimena.

—Lo sé. He oído hablar de ti. La enfermera que vive con los que nadie quiere.

—Los que nadie quiere seguir vivos. Algo que tú, con tus reglas y tus expulsiones, quizás no entiendas.

Mateo no se inmutó. Dio otro paso, acercándose más de lo que Jimena consideraba cómodo.

—Entiendo que la supervivencia no es un lujo. Entiendo que a veces hay que tomar decisiones que duelen. ¿Y tú? ¿Entiendes eso?

Jimena sostuvo su mirada. Sintió que la intensidad de sus ojos negros la atravesaba, que veía más allá de su actitud desafiante, más allá de sus defensas.

—Entiendo que no se puede salvar a todo el mundo —dijo—. Pero también entiendo que no se debe dejar de intentarlo.

Por un instante, algo brilló en los ojos de Mateo. Una chispa de respeto, quizás o tal vez de reconocimiento.

—Entonces ponte a trabajar —dijo, señalando los niños—. Lo que necesites, pídelo, te traeré lo que haga falta.

—¿Y si lo que necesito es que alguien me escuche sin juzgar?

La pregunta sorprendió a Mateo. Por un instante, su máscara de dureza se resquebrajó, dejando ver algo más profundo: cansancio, quizás o soledad. Probablemente, el peso de decisiones que nadie debería tener que tomar.

—Entonces tendrás que buscarte a otro —respondió con voz más suave—. Yo ya no sé escuchar sin juzgar. Hace demasiado que tomo decisiones imposibles.

Dicho eso, se dio la vuelta y se fue, dejando a Jimena con una mezcla de alivio y una extraña curiosidad. Aquel hombre era más complejo de lo que parecía y eso, en un mundo donde la mayoría de la gente era exactamente lo que aparentaba, resultaba peligrosamente interesante.

Una mujer pelirroja se acercó a ella, con un cuenco de agua hervida y trapos limpios.

—Soy Carmen —dijo—. Te ayudo con los niños. Llevo días con ellos.

Jimena asintió y se arrodilló de nuevo junto a la pequeña Lucía. Mientras le aplicaba una compresa fría en la frente, Carmen se sentó a su lado y comenzó a pasarle los trapos.

—No pareces del mercado —dijo Carmen, en voz baja.

—No lo soy.

—Pero te has quedado.

Jimena dudó. No sabía si se había quedado. No sabía si aquello era un paréntesis o un principio. Mientras sus manos trabajaban, sintió algo que no había sentido en años: la sensación de estar donde se la necesitaba.

—Por ahora —respondió, y siguió trabajando.

1
Lauu Maii
Fue diferente, sí, pero valió la pena leerla.
Laura
Gracias por el capítulo
Holw_23
gracias por las imágenes /Tongue/
Holw_23
Puedes agregar imágenes de los personajes autora /Shy/
💠May_Her💠: Ya se están publicando unos capítulos, mañana si puedo agregarlas por allí del capítulo 12
total 1 replies
José Miguel Vivone
está muy bien tu obra, solo que a mí me gustan las historias con más ritmo , ojo es mi estilo, te invito a que leas una de mis obras . y tu dime .
José Miguel Vivone
está muy bien tu obra, solo que a mí me gustan las historias con más ritmo , ojo es mi estilo, te invito a que leas una de mis obras . y tu dime .
Holw_23
Gracias por el capítulo
Angeline
Más capítulos por favor
Angeline
Hasta ahora siento que está bien
Angeline
espero atenta lad próximas actualizaciones 🤭
Angeline
Bueno, empecemos, espero terminen de actualizar rápido
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