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~El Error De Quedar Embarazada Del CEO~

~El Error De Quedar Embarazada Del CEO~

Status: En proceso
Genre:Romance / Embarazo no planeado / CEO
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Yoryanis R.

Una noche.
Un error que no recuerdo.
Y ahora… estoy embarazada.
No sé quién es el padre.
Pero él sí sabe quién soy yo...


Espero te guste.📌💢

NovelToon tiene autorización de Yoryanis R. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 11

Aylin no durmió bien.

No fue insomnio.

Fue peor.

Su cuerpo descansaba, pero su mente seguía atrapada en aquella noche.

Luces. Música. El pasillo.

Y él.

Kael.

—Deberías parar… —su propia voz, débil, temblorosa.

—No quieres que pare —respondía él, firme, seguro.

El recuerdo se volvió más nítido.

Su espalda contra la pared.

Sus manos sujetando su cintura.

Su respiración rozando su cuello.

Aylin abrió los ojos de golpe.

El corazón le latía demasiado rápido.

Se sentó en la cama, llevándose una mano al rostro.

—No… esto no puede ser…

Pero sí podía.

Y lo peor… es que no le disgustaba.

Se levantó despacio, caminó hacia el baño y se miró en el espejo.

Su reflejo estaba pálido, confundido, con las mejillas aún rojas.

—Tienes que calmarte… —murmuró, aunque ni ella misma se creyó.

El reloj marcaba las 6:12 a.m.

Demasiado temprano.

Demasiado tarde para volver a dormir.

El camino al trabajo fue silencioso.

Sin música. Sin distracciones.

Solo esa frase repitiéndose en su cabeza:

"No quieres que pare."

Cada vez que la recordaba, su pecho se apretaba.

No sabía si era miedo… o algo mucho más peligroso.

Cuando llegó, todo parecía normal.

Demasiado normal.

Los pasillos llenos de empleados, el murmullo de teclados, el olor a café recién hecho.

Pero para ella, nada estaba en orden.

Se sentó en su escritorio.

Encendió el computador.

Intentó trabajar.

Intentó concentrarse.

Pero cada vez que parpadeaba… volvía.

Sus manos.

Su voz.

Esa cercanía.

—Aylin.

Se tensó.

No necesitaba levantar la mirada para saber quién era.

El asistente de Kael la buscaba.

—El señor Draven quiere verla.

Respiró hondo.

Se levantó.

Más nerviosa de lo que debería.

Tocó la puerta.

—Pasa.

Kael levantó la mirada de unos documentos.

La observó un segundo demasiado largo.

—Llegas temprano.

—Sí.

Silencio.

Pesado. Incómodo.

—¿Todo bien? —preguntó él.

Aylin dudó.

—Sí.

Pero su voz no sonó convincente.

Kael dejó los papeles.

Se apoyó en el escritorio, mirándola fijo.

—No dormiste bien.

No fue pregunta. Fue certeza.

—¿Cómo… cómo sabes eso?

—Se te nota.

El aire se volvió más denso.

—Fue solo una mala noche —intentó sonar normal.

No lo logró.

Kael dio un paso más cerca.

—¿Pesadillas?

El corazón de Aylin se tensó.

—No.

Demasiado rápido.

Demasiado obvio.

Kael entrecerró los ojos.

—¿Qué recuerdas?

El mundo se detuvo.

Directo. Sin rodeos.

—No mucho… cosas borrosas.

Kael avanzó otro paso.

—¿Como qué?

Aylin tragó saliva.

—Nada importante.

Mentira.

Y él lo supo.

—Aylin —su voz bajó, más seria—. Si recuerdas algo… dímelo.

—¿Por qué?

Kael la sostuvo con la mirada.

Un segundo. Dos.

—Porque es importante. Para los dos.

El corazón de Aylin golpeó fuerte.

Desvió la mirada.

—No recuerdo nada claro.

Kael la observó unos segundos más.

Luego se alejó.

—Bien. Puedes volver a tu trabajo.

Ella asintió, pero antes de salir—

—Aylin.

Se detuvo.

—¿Sí?

Kael bajó la voz.

—Si fue una pesadilla… no todas son malas.

El corazón de Aylin se descontroló.

No respondió.

Solo salió.

El resto del día fue extraño.

Más lento. Más pesado.

Como si algo estuviera cambiando.

Cada vez que intentaba concentrarse en un documento, su mente la traicionaba.

Cada vez que escuchaba pasos en el pasillo, pensaba que era él.

Cada vez que alguien la llamaba por su nombre, su corazón se aceleraba.

Esa noche, sola en su habitación, volvió a cerrar los ojos.

Y otra vez lo sintió.

Su cercanía.

Su respiración.

Ese calor.

Aylin abrió los ojos de golpe.

—No…

Pero esta vez no sonaba asustada.

Sonaba confundida.

Y eso… la preocupó más.

Se llevó la mano al vientre, casi sin pensarlo.

—Seis semanas… —susurró.

El silencio de la habitación se volvió insoportable.

Porque ahora sabía que no podía huir de esos recuerdos.

Ni de Kael.

Ni de lo que estaba empezando a sentir.

1
Lunove
interesante muy bueno la verdad.
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