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20: la pista equivocada
Minji no podía seguir viviendo en el limbo de sospechas y silencios. Cada día que Sauching salía del penthouse sin explicación, cada noche que volvía tarde o no volvía, cada vez que la ignoraba con esa frialdad quirúrgica, el odio se le acumulaba en el pecho como veneno lento. Ya no bastaba con gritarle en la cara. Necesitaba pruebas. Algo concreto que le diera poder en esta guerra que solo ella parecía estar peleando.
Contrató al detective una mañana de martes, en un café discreto de Shibuya. El hombre se llamaba Hiroshi Tanaka: cincuenta y pocos años, traje gris anodino, mirada que no se detenía en nada más de lo necesario. Minji le entregó un sobre con fotos recientes de Sauching, horarios aproximados de sus salidas, acceso limitado a su agenda pública y una suma considerable en efectivo.
—Quiero saber a dónde va cuando no está en la oficina ni en casa —dijo ella, voz baja pero firme—. Quiero saber si hay alguien más. Fotos. Nombres. Lugares. Todo.
Tanaka asintió sin emociones visibles.
—No hay garantías de resultados rápidos. Su esposo es un hombre cuidadoso. Los hoteles Eclipse tienen seguridad de alto nivel: cámaras en todas las entradas comunes, accesos biométricos en pisos privados, protocolos que no se rompen con dinero. No puedo hackearlos sin dejar rastro. Pero puedo seguirlo en la calle, en restaurantes, en reuniones externas.
Minji apretó los labios.
—Hazlo.
Los primeros días fueron frustrantes. Tanaka seguía a Sauching desde la salida de la oficina hasta el penthouse, o hasta reuniones con socios que terminaban en cenas de negocios públicas. Ningún hotel. Ninguna mujer sospechosa. Ningún apartamento secreto. Solo trabajo. Mucho trabajo.
No había mensajes interceptables —Sauching usaba aplicaciones encriptadas y cambiaba de número secundario cada mes—. No había accesos a las cámaras de los hoteles Eclipse; el sistema de seguridad era privado y blindado. Tanaka solo podía observar desde afuera.
Hasta la tarde del jueves, cuando algo cambió.
Sauching salió temprano de la oficina principal del Eclipse Tower. Tanaka lo siguió en taxi hasta el Eclipse Grand, el hotel insignia en el corazón de Ginza. Esperó en la acera de enfrente, cámara oculta en el abrigo.
Una mujer apareció quince minutos después.
Alta, cabello castaño largo con ondas sueltas, abrigo negro de lana cara, botas altas. Llevaba un paquete envuelto en papel plateado con lazo negro. Tanaka tomó varias fotos desde lejos.
La mujer entró al lobby. Sauching la esperaba en la recepción. No hubo abrazo. Solo un saludo cálido, una sonrisa genuina que Tanaka nunca había visto en las fotos de Sauching con Minji. Intercambiaron palabras breves. Sauching señaló los ascensores. Subieron juntos.
Tanaka no pudo seguirlos más allá del lobby —seguridad privada en los pisos altos—. Pero registró el nombre que la recepcionista pronunció al saludarla: “Bienvenida de vuelta, señorita Aya Nakamura”.
Aya Nakamura. Pareja conocida de Taeyong Lee. Amiga cercana de la familia. Había estado fuera del país durante la boda —negocios en Hong Kong, según fuentes públicas—. Ahora volvía con un regalo atrasado.
Para Tanaka, era suficiente para empezar a construir una teoría.
Subió al hotel con una tarjeta de crédito falsa y una historia preparada: “Reunión con el señor Lee en el piso 45”. No lo dejaron pasar más allá del piso 30 —seguridad estricta—. Pero desde la terraza pública del piso 28, con un teleobjetivo discreto, capturó imágenes borrosas: Sauching y Aya saliendo del ascensor privado en el piso 38. Entraron al mismo apartamento. Permanecieron dentro casi dos horas.
Tanaka sonrió para sí.
No sabía nada de Yougmin. Nadie sabía de Yougmin. El chico seguía siendo un fantasma perfecto: sin registros conjuntos, sin llamadas, sin mensajes visibles, sin apariciones públicas. Pero Aya Nakamura… ella encajaba. Hermosa, discreta, de confianza absoluta para la familia Lee. La amante ideal para un hombre que necesitaba alguien que no hablara.
Tanaka tomó más fotos: Aya saliendo sola, sonriendo, paquete ya entregado. Sauching no la acompañó al lobby. Se quedó arriba.
El detective mandó el informe preliminar esa misma noche.
*Asunto: Avance día 12 – Posible contacto romántico*
*Foto 1-4:* Encuentro en lobby.
*Foto 5-7:*Subida juntos al ascensor privado.
*Foto 8-10:* Salida de Aya Nakamura del piso 38.
*Conclusión preliminar:* Relación extramatrimonial probable con Aya Nakamura (pareja confirmada de Taeyong Lee, amiga de la familia). Tiempo dentro del apartamento: 118 minutos. No se detecta presencia de terceros. Recomiendo vigilancia continua sobre la mujer.
Minji leyó el informe en la oscuridad de la habitación de invitados. Las fotos se agrandaron en su teléfono. La sonrisa de Aya. La forma en que Sauching la miró al saludarla.
Sintió rabia por sí misma.
Sauching la había humillado con una mujer que era “de la familia”. Una mujer que entraba y salía de su mundo sin esfuerzo. Una mujer que él sí recibía con una sonrisa real.
Apretó el teléfono hasta que los nudillos se pusieron blancos.
—Te voy a destruir —susurró al vacío.
No sabía aún que el detective había equivocado el objetivo.
Que el verdadero amante seguía en el mismo piso 38, invisible, esperando en silencio.
Pero pronto lo descubriría.
Y cuando lo hiciera, el infierno que ya vivía en el penthouse se extendería a todos lados.