Jared es el alfa de uno de los clanes de lobos más poderosos del norte. Frío, dominante y fiel a las leyes de la manada, jamás permitiría que el clan rival jugara con su honor… hasta que secuestran a su hermano.
Marlene es la hija olvidada de ese mismo clan. Rechazada desde su nacimiento, nunca ha pertenecido realmente a ningún lugar.
Cuando Jared la toma como rehén para forzar un intercambio, cree tener el control de la situación.
Lo que no espera es que ella no le tema.
Ni que despierte algo que jamás debió sentir por una enemiga.
Entre clanes enfrentados, secretos, lealtades y deseo, descubrirán que algunas guerras no se ganan con colmillos… sino con el corazón.
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Secretos y problemas
Frente a mí y tuve a bien no recalcarle que estaba mal hacer eso. –Resulta que es un novelón: Marlene es la hija pequeña de Patrick, hasta ahí a lo mejor nos suena a todos los que nos gusta estar al día. La madre de los nueve murió al dar a luz a la chica. Eso, quizá, me pillaba un poco en terreno desconocido porque ella y yo tenemos la misma edad. Pero lo que sí que no me esperaba para nada era lo que he recopilado entre la gente. Al parecer, Patrick unió los hechos de que muriese la mujer y que la niña naciera pelirroja para rechazarla como hija; Como si fuese una bruja o algo así. Vive en ese territorio y se comunica con sus hermanos, pero no es bienvenida en la mesa familiar junto con otras cosas del estilo. Todo un drama. –Terminó su relato tan emocionada que me cuestiné su ética, pero no era el mejor momento para discutirla. Por un instante, me quedé pensando en la injusticia de aquella situación; cómo alguien podía sufrir tanto solo por circunstancias de nacimiento y, a la vez, cómo la familia podía permitirse ignorarla sin sentir remordimiento alguno.
–Vale, sal. –contesté serio. Ella abrió los ojos sorprendida, quizá decepcionada tras su brillante informe recopilado en tan poco tiempo. –Gracias. –añadí para que se fuese contenta. Lo hizo satisfecha de haber colaborado haciéndole un movimiento de cabeza a su hermano antes de salir. Eran una buena familia, al menos por fuera. Sentí un pequeño escalofrío al imaginar lo que Marlene debía sentir diariamente, desplazada incluso dentro de su propia sangre.
-¿Dónde está mi hijo? –Mi madre no se caracterizaba precisamente por su paciencia y se pasaba el protocolo por la torera cuando lo creía conveniente. ¿Alguien entendía que el alfa era el soberano y tenía que infundir respeto? Su mirada atravesaba cada rincón de la estancia como un cuchillo; no dejaba escapar nada.
–En un lío de faldas, madre. –No estaba mal que viese de vez en cuando que por muy hijo pequeño que fuese, Tom distaba mucho de ser un santo. –Está bien. Pronto estará aquí. –Me toqué la nuca intentando disimular el nuevo sudor frío que recorría mi piel. Si la chica no servía para un intercambio... ¿Qué hacía con ella? Me preocupaba que su presencia complicase aún más las cosas, y al mismo tiempo, no podía evitar sentir un extraño respeto por su actitud desafiante.
–Pronto habría sido no volver si no era con él. –aseguró severa.
Gruñí como única respuesta y salió todo lo ofendida que pudo. Me daba igual, la quería fuera de mi vista.
–¿Y ahora qué hacemos con la chica? ¿La dejamos irse sin más? –La pregunta de Roco me hizo ver lo absurda que había quedado mi situación. Podía percibir su duda, su ansiedad contenida y su necesidad de un plan que funcionara sin poner a nadie más en riesgo.
–Esa es una muy buena pregunta. Soltarla sería una respuesta poco contundente. Veamos que nos dicen mañana respecto a Tom y decidimos desde ahí. –¿Ese era un buen proceder? No estaba del todo seguro. Si a la pobre chica ni la querían, hacerle pasar por una retención en otra manada... Me parecía un poco cruel. Su rostro aún se me aparecía en la mente, tan firme y tan desafiante como si conociera mis pensamientos antes de que yo los tuviese.
–Jared. –Landon entró con cara de pánico. ¿Ese chico sólo sabía ser portador de malas noticias? –Alfa, tenemos un problema con la nueva. –
Carraspeó nervioso. –La tal Marlene es una fiera. –¿Qué? –Nadie se atreve a entrar en la habitación. –concluyó con falta de aire.
¿Qué demonios estaba diciendo? Había sido pacífica todo el viaje. Parecía risueña. ¿Me estaban tomando el pelo los propios miembros de mi clan de alguna forma?