Amar puede ser tan grande para atravesar fronteras, incluso mundos. Pero el amor será tan fuerte para vencer profesias y guerra
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Capítulo XXIV El Eco del Abismo
La grieta no desapareció al amanecer.
Seguía allí.
Abierta.
Respirando.
Ariana no se movió en toda la noche. Permaneció arrodillada frente a las piedras antiguas, sintiendo el pulso que emergía desde las profundidades de la tierra.
Kael se mantuvo a su lado.
En silencio.
Protegiendo.
El aire alrededor del círculo era distinto. Más frío. Más denso. Como si el bosque evitara acercarse demasiado.
—No es solo una fisura —murmuró Ariana al fin—. Es una fractura del sello.
Kael pasó la mano por la superficie de una de las piedras. Estaba tibia.
—¿Puede cerrarse?
Ella no respondió de inmediato.
Sentía las voces otra vez.
Susurros en un idioma antiguo que no conocía… pero comprendía.
—Sí —dijo finalmente—. Pero no sin costo.
Kael giró hacia ella.
—¿Qué clase de costo?
Ariana levantó la mirada, y el brillo plateado en sus ojos era más intenso que nunca.
—El sello original fue hecho con sangre de la estirpe lunar. No una gota. No una marca.
Una entrega.
El silencio cayó entre ambos.
—No —dijo Kael inmediatamente.
Ella sostuvo su mirada.
—Aún no sabes qué implica.
—No importa. Si significa que te debilitarás o—
—Kael —interrumpió con suavidad—. Escúchame.
El viento se arremolinó alrededor del círculo.
—No se trata de morir. Se trata de asumir lo que soy.
Él apretó la mandíbula.
—Eres mi compañera. No un sacrificio.
Ariana se puso de pie lentamente.
—Y soy Reina Lunar. No puedo ignorarlo.
La manada se reunió una vez más en el claro.
La noticia de la grieta se extendió rápido.
El miedo era palpable.
Marcos fue el primero en hablar:
—Si esto es un portal… ¿qué hay del otro lado?
La anciana guardiana respondió con voz grave:
—Hace generaciones, los lobos plateados sellaron la entrada a algo que no pertenece a nuestro plano. Sombras que se alimentan de energía vital.
Un murmullo inquieto recorrió al grupo.
Kael dio un paso al frente.
—Entonces nuestra prioridad es proteger el círculo.
Ariana añadió:
—Y prepararnos para lo que intente cruzar antes de que pueda cerrarlo.
Todos la miraron.
—¿Cerrarlo? —preguntó uno de los jóvenes.
Ella asintió.
—La grieta responde a mi presencia. Si se abrió con mi despertar… puedo intentar sellarla.
Kael tensó el cuerpo.
—Intentar no es suficiente.
Ariana sostuvo su mirada sin titubear.
—Nada lo es ahora.
Esa tarde, mientras reforzaban el perímetro del círculo, la tierra volvió a temblar.
Un rugido profundo emergió desde la grieta.
No era un sonido físico.
Era mental.
Todos los lobos cayeron de rodillas, cubriéndose la cabeza.
Ariana sintió el impacto como una ola golpeando su mente.
Pero no retrocedió.
Caminó hacia el centro.
La grieta brillaba con un tono rojizo oscuro.
Y entonces lo vio.
Una silueta detrás del velo de luz.
No completamente formada.
Pero consciente.
Kael corrió hacia ella.
—¡Aléjate!
Demasiado tarde.
Una sombra emergió parcialmente, como humo con forma.
No tenía rostro.
Pero tenía intención.
Y la intención estaba fijada en Ariana.
El aire se volvió helado.
Los lobos gruñían, pero ninguno podía acercarse.
Ariana dio un paso adelante.
Sintió el miedo intentando infiltrarse.
Lo rechazó.
—No cruzarás —declaró con voz firme.
La sombra respondió con un eco distorsionado:
—Tú abriste la puerta.
—No.
—Tu sangre rompió el equilibrio.
Kael se colocó junto a ella, transformándose parcialmente, listo para atacar.
—No estás sola —murmuró.
Ariana cerró los ojos un segundo.
Sintió el vínculo.
Su fuerza.
La energía lunar comenzó a irradiar desde su piel.
Su transformación fue distinta esta vez.
No completa.
Pero más luminosa.
Su cabello se agitó como movido por viento invisible.
Sus ojos ardían plateados.
—Este mundo no te pertenece —dijo con una calma sobrenatural.
La sombra intentó extenderse más allá de la grieta.
El suelo crujió.
Las piedras del círculo comenzaron a vibrar.
Kael rugió y atacó la extensión oscura, su energía Alfa chocando contra la entidad.
No era una batalla física.
Era una guerra de voluntad.
La sombra retrocedió apenas… pero no desapareció.
—El sello se debilita —susurró la anciana desde el borde.
Ariana sintió el límite.
Si no hacía algo ahora…
Cerró los ojos.
Y dejó que su sangre respondiera.
Un corte apareció en la palma de su mano, como si la propia energía lunar lo hubiera abierto.
Kael lo vio.
—¡Ariana, no!
Pero ella ya estaba extendiendo la mano sobre la grieta.
Una gota cayó.
La tierra explotó en luz.
Un grito inhumano resonó desde el abismo.
La sombra fue empujada hacia atrás violentamente.
El círculo de piedras brilló con intensidad cegadora.
El viento se levantó en un torbellino feroz.
Kael sostuvo a Ariana por la cintura cuando sus piernas comenzaron a fallar.
La grieta comenzó a cerrarse.
No completamente.
Pero lo suficiente para silenciar la presencia.
Cuando la luz se disipó, el bosque quedó en absoluto silencio.
Ariana cayó en brazos de Kael.
—Estoy aquí —susurró él, desesperado.
Ella abrió los ojos lentamente.
—No está sellado… solo contenido.
Kael apretó los dientes.
—Eso fue suficiente por hoy.
Desde la distancia, un aullido resonó.
No de sombra.
No de cazadores.
El lobo gris.
Había sentido la explosión de energía.
Ariana apoyó la frente contra el pecho de Kael.
—Ahora sabe que el portal es real.
—Entonces vendrá —respondió él con voz baja.
Ella asintió.
—Y no querrá abrirlo.
Kael frunció el ceño.
—¿Por qué?
Ariana levantó la mirada.
Y por primera vez, había algo más que determinación en sus ojos.
Había comprensión.
—Porque no podría controlarlo.
El viento sopló suavemente entre los árboles.
La grieta permanecía.
Más pequeña.
Pero viva.
Y ahora todos sabían que la guerra ya no era solo por poder.
Era por impedir que el mundo mismo se fracturara.
Y si el sello dependía de Ariana…
El precio aún no había sido revelado por completo.