Más allá de la tormenta es la historia de Juan Manuel, un hombre noble y humilde que se enamora de Adela, una joven que trabaja en una casa de placer, Pero la vida no los deja estar juntos. todo cambia cuando nuestro protagonista recibe una herencia de su padre y por vueltas del destino, se casa con Elena, una joven un poco rebelde y de ciudad, que debe adecuarse a la vida en el campo.
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CAPITULO 7:; RETRATO FAMILIAR
CAPITULO 7: RETRATO FAMILIAR.
Muy disgustado por lo ocurrido hacia un momento. Juan Manuel, salió a la terraza a tomar un poco de aire. Ese mundo era tan diferente al suyo y, en realidad, dudaba que algún día pudiese sentirse cómodo.
Allí, se encontró con la joven ofendida, quien estaba viendo a lo lejos.
-Señorita ¿se encuentra bien?- pregunto.
-Claro que si.- respondió la chica enderezando su postura y acomodando su vestido.
-Lamento lo que tuvo que escuchar...- dijo Juan Manuel.
-Esta bien, este es un mundo de hombres y se les permite todo.-
-Pero eso no les da el derecho a faltarle el respeto a nadie.- contesto él -No todos los hombres pensamos igual.-
la jovencita lo quedó mirando por un segundo, evidentemente era diferente a todos los caballeros que ella conocía.
-¿Se les ofrece algo?- pregunto Pedro desde la puerta, irrumpiendolos.
llevaba una expresión de enfado.
-No, gracias, Pedro.- respondió la joven con una dulce sonrisa -Muchas gracias, señor Placeres.- continuo y se retiró a toda prisa, mientras Juan Manuel la observaba.
No sabía si entre los jóvenes existía algún tipo de romance, Pero la atracción entre ellos era evidente.
Los días siguientes a la fiesta, se dedicó, más que nada, a los negocios. Visitaban diferente lugar donde vendían sus carnes exportadas desde Argentina. También, visitaba a sus socios con frecuencia y recibía a sus vistas en la casa. La verdad era que todo iba sobre rieles. Estaba entendiendo a la perfección el tema y los convenció para que inviertan en su nuevo proyecto de harina. Ya estaba ansioso de regresar a su país y comenzar con el emprendimiento.
En ocasiones, Armand, iba de visitas, con quién se afianzaba su amistad. el joven hombre tenía la intención de anclarse en España, ya que su futura esposa era de allí, así que le ofreció que lo ayude con su negocio. La compañía de Armand lo reconfortaba y le agradaba, aunque sabía que, por momentos, el caballero pretendía preguntarle por su pasado. Su actitud en defensa de los aborígenes de su país le había generado muchas dudas a su nuevo amigo, Pero aún no estaba preparado para contarle la verdad sobre su historia, así que escapaba con avidez de los cuestionamientos.
Un caluroso fin de semana de julio Europeo, Pánfilo Miranda lo invito a conocer los viñedos. Emprendieron un largo viaje, junto a su amigo Armand y el señor Robledo, a su finca en medio de una gran pradera, ¡qué hermoso lugar!
Luego de descansar un rato, recorrieron el lugar caminando. En la cima de esa colina, rodeado de un verde prado y frente aún rojo atardecer, se entristeció ante el recuerdo de su amada Adela. Deseo con locura que estuviese allí, en ese momento, con él.
Una noche, luego de cenar, tomaban una copa de vino en la gran sala.
-¿Cómo le pareció el manejo de los negocios? Señor Placeres.- pregunto Pánfilo.
-La verdad, es que he aprendido mucho con ustedes y de forma muy veloz. Aunque, aún, quedan algunos temas por resolver, ya quiero regresar a mi tierra, para implementar lo que ahora sé.- respondió Juan Manuel.
-Es decir ¿no te quedarás a mi boda? Gran amigo.- pregunto Armand.
-Si resuelvo los últimos temas, me temo que no.-
-Bueno, será la boda de la primeras jovencitas Robledos, ¿verdad?- comento Miranda -Ya llegará la de las otras.-
-Eso se verá con el tiempo, Pánfilo.- dijo Robledo levantando su copa y una notable sonrisa forzada
Juan Manuel no había entendido muy bien esta situación, Pero estaba seguro de que estés fis se traían algo entre manos.
Luego de regresar de la finca, continuo con los trámites, tenía tantos planes para su futuro. Había recibido en su casa a unos comerciantes alemanes y de París, interesados en adquirir su carne que era de excelente calidad.
También, había participado de algunos eventos y tertulias, junto a sus socios, dónde solo los habían acompañado las dos jóvenes Robledo mayores, tal vez, Elena era muy pequeña todavía para participar de estas fiestas.
El calor en los primeros días de agosto era intenso. El uso constante de trajes elegantes se le ofrecían insoportables, extrañaba mucho sus camisas sesillas, sin mangas y chipas de trabajo.
Se estaba alistando para fiesta que el señor Robledo había organizado a su esposa por motivo de su cumpleaños, cuando florentina entro a su cuarto a avisarle que el coche ya lo esperaba.
Elena estaba parada frente al espejo, se miraba de frente, de costado, se acomodaba el vestido, enderezaba su espalda y sacaba pecho, Pero nada. Con una expresión de desilusión miraba a sus hermanas, quienes se preparaban risueñas, con sus hermosos vestidos que los moldeaban a la perfección con sus curvas bien formadas.
De repente, se acercó Rosalía, percatándose de esto, se paró a sus espaldas y la tomo de los hombros. Era la mujer mayor, a la que llamaba "Nanita".
-No se preocupe, mi niña hermosa, recuerdo que su madre a su edad también tardo en desarrollarse.-
-Lo sé, Nanita, y juro que no me importa, no soy como mis hermanas que solo buscan "cazar" a un marido.- se justificó -Pero a veces, siento que mi padre se decepciona de mí por no ser tan linda como ellas.-
-Usted es morena y pequeñita, Pero no es para nada fea. Si no mire las abundantes pestañas renegridas que rodean esos hermosos ojos azabaches que posee.- la consoló la mujer.
Elena sonrió muy reconfortada, después de todo, para el único caballero que deseaba verse linda, le decía que lo era casi todos los días.
Juan Manuel llegó a la fiesta, rápidamente se unió a sus compañeros habituales, era curioso como en tan poco tiempo se había amoldado muy bien a ellos y sus costumbres. También, se percató de la llegada de las tres hermosas hijas Robledo, Pero la señora madre no se encontraba entre las presentes.
-Mi esposa no se ha sentido muy bien últimamente, se nos unirá más tarde.- explico el padre de las jóvenes.
-Creo que nadie ha podido pasar por desapercibido el gran bulto que tiene debajo de esas sábanas, querido francisco.- comento Pánfilo -Le pregunto ¿Qué será?-
-Es un obsequio para mi esposa.- respondió el hombre -Hace tiempo que Catrina me pedía un retrato familiar para colgar en la sala.-
-Un gesto maravilloso.- agrego Armand.
-A pesar de que toda la familia tuvo que podar por horas, y de la existencia de esa nueva modalidad de los retratos fotográficos son más rápidos, creo que debemos conservar algunas viejas costumbres por un tiempo.-
-Claro que sí.- tercio Juan Manuel.
-¡Oh! ¡Allí ha llegado la homenajeada!- exclamó Robledo y fue rápido en busca de su esposa, quien cruzo la puerta.
Aunque había querido ocultar sus ojeras con maquillaje, la mujer se notaba evidentemente algo desmejorada.
Conforme transcurría la noche, la gran sala de la mansión Robledo de lleno de invitados. Prácticamente,, no conocía a nadie, Pero a leguas se notaba de que se trataban de personas de la mejor élite de Madrid.
Con tantas personas aglomeradas, le resultó difícil encontrar a sus compañeros. Solo luego de mucho tiempo pudo ver a Armand, acompañado de su prometida Amparo.
Un momento más tarde, el señor Robledo llamo la atención de todos y los guio hasta el montículo oculto detrás de las sábanas. Dio Un discurso muy bonito de lo feliz que lo hacía su esposa, Catrina, contó como habían sorteado algunos obstáculos, Pero habían logrado firmar una familia perfecta.
-Sin más que decir, sus deseos son órdenes, "Mi reina".- dijo el hombre, tomado la sábana, y ayudado por dos empleadas, la apartó.
De repente, todos se quedaron asombrados, sin habla, pero no por el gran y espectacular retrato, sino porque al quitar la tela, dos jóvenes que se besaban detrás quedaron al descubierto.
La señora Catrina, empalidecio de golpe y se desvaneció al darse cuenta de que la joven pareja eran, nada más, ni nada menos que su hija menor y Pedro, el joven empleado.