La joven Caramel tiene una nueva oportunidad de vida, y está decidida a no cometer los errores del pasado, tomar sus propias decisiones, si puede, desquitarse un poco de aquellos que la hicieron sufrir y ¿por qué no? Encontrar un verdadero amor.
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Con provecho
Hagamos una pausa porque creo que ha llegado el momento de que les explique más a detalle algunas cosas.
En mi segunda oportunidad de vida me llamé Nancy, Nancy Newman, viví y crecí en una gran ciudad moderna, no era rica, de hecho, nací en una familia común.
Fui la última de cuatro hermanos, con quienes aprendí (sí o sí) que si no me defiendo siempre me pisotearán y harán sufrir, pero morí cuando alguien me empujó a las vías del tren, o eso creo, tenía 39 años, casi el doble de la edad que tenía al morir por primera vez.
Otra vez creí que era el fin, pero tras ver la luz del tren venir hacia mí, volví a abrir los ojos y me di cuenta de que estaba de regreso en mi mundo original, cuando era una niña de 10 años. Independientemente de si esto es un sueño, una alucinación en un hospital o qué, estoy segura de que debo adaptarme y no puedo volver a morir igual.
En esa ocasión, cuando abrí los ojos, noté que tenía mucho dolor de cabeza, pronto mi madre y mi antigua nana llegaron para atenderme. No me sorprendió que estuvieran muy asustadas, recuerdo que este despertar se relaciona con una ocasión que pasé tres días con fiebre, delirando y diciendo incoherencias.
Al despertar, ellas lloraban de emoción, mandaron llamar nuevamente al doctor para que me revisara y éste dijo que lo peor había pasado. Lo que ocurrió es que me mordió una serpiente en el jardín de la casa, así que, aunque el veneno fue drenado, mi pequeña vida estuvo en grave peligro y, obviamente, estuve en riesgo de muerte.
Creo que también es importante comentarles lo que ocurrió en mi primera vida. Antes que nada, insisto, no me enorgullece, porque como si fuera un cuento de hadas, estaba obsesionada con el príncipe Gavin, él era el séptimo en la línea de sucesión, la verdad no puse mucha atención en la política en esa aquella ocasión, así que no estoy segura de cómo eliminó a sus hermanos y llegó a ser Príncipe heredero, pero cuando lo hizo se “enamoró” de una joven plebeya, ella tierna y dulce es el clásico ejemplo de la chica bondadosa cuyo bello corazón conquista a todos.
Aunque los separaba el estatus social, por ser la hija de un campesino que llegó al palacio como doncella tras la muerte de su padre y pese a que yo era su prometida oficial, no me quedó más que actuar como la esposa celosa que martiriza a la pequeña joven amante que no mata ni una mosca, pero que en realidad rompe toda la vajilla.
Desde que nos conocemos Gavin afirma que le he arruinado la vida, sobre todo luego de la muerte de mi madre pues me fui a vivir al Palacio para estar más cerca de él, aunque mi padre no estaba de acuerdo y tuvimos una gran pelea, por lo que lo abandoné por completo.
No sabía de política, pero sí me llamaban en la sociedad una mujer refinada que sabía cómo manipular la opinión pública, pero claro, la dulce Laura supo siempre cómo ganar el favor de todos, o mejor diría invocar lástima.
Lo peor es que después del cumpleaños 20, mis ataques y manipulaciones contra Gavin y Laura se intensificaron, hice cosas como chismes o aventarla al piso, o tirarle el té encima, pero nada tan intenso como tratar de envenenarla, enviar asesinos a su habitación o personas que la mancillaran, de lo que el Príncipe me acusaba, pero como nunca quiso escuchar mi defensa simplemente decidió mandarme a la horca, aunque claro, antes de matarme ordenó que me dieran cien latigazos por todo el daño que, según él, le hice a esta doncella. Fallecí días antes de cumplir 20 años.
Lo curioso es que una vez muerta, mi alma no se fue y vi que después de mí regresó el primo de Gavin, Acedo Angelucci, quien había estado desaparecido por mucho tiempo y, en cuanto conoció a Laura se enamoró de ella, por lo que trató de robarla, iniciando una nueva lucha con el Príncipe, y para lograrlo traicionó al reino, tratando de derrocar a los reyes para tomar el poder y así adueñarse de la linda joven.
Obviamente, el valor y trabajo conjunto de los ambos lograron desbaratar sus planes y el primo terminó perdiendo, siendo al final su cuerpo desmembrado por el enemigo y muriendo, dando paso a la felicidad de Gavin y Laura, lo curioso fue lo rápido que todo el mundo olvidó el luto por las muertes de Acedo o la mía, parecía como si nunca hubiéramos existido o importado; y el Príncipe idiota celebró con gran pompa y platillo su boda real.
Lo reconozco, sí, mi vida pasada parece el argumento de novela barata de centro comercial.
Ahora, cuando regresé recordé que soy amiga de la infancia del príncipe desde los tres años –cuando nos presentaron oficialmente-- y no puedo evitar darme un par de cachetadas porque todo lo que yo hacía era adorar al méndigo Gavin, lo trataba como si fuera oro o un ser divino, es decir, seguía al pie de la letra cada uno de los consejos de mi madre, y lo único que conseguí fue que este tipo me despreciara abiertamente y afirmara que yo arruinaba su vida.
Así que, desde que regresé decidí que, si me va a despreciar, pues que lo haga con provecho, y para ello he optado por hacerlo blanco de las burlas de todos, mi mejor aliado es su primo, el joven Acedo, quien de por sí lo odiaba, pues su padre era –en sus palabras—el que merecía ser Rey, pero perdió en la guerra de sucesión y por eso sólo se les otorgó el Archiducado Angelucci.
La verdad como toda mi atención estaba sólo en Gavin, no recordaba bien cómo era Acedo, pero cuando regresé me sorprendió que es un chico sumamente simpático, es dos años mayor que yo, bastante gordito, de cabello oscuro, ojos azul cielo, penetrantes, aunque lucen siempre tristes, su piel es blanca, y nariz recta, es bastante guapo, al menos ahora creo que es mucho mejor que el Príncipe, pero su autoestima estaba por los suelos, más por las burlas que siempre hacía de él ese maldito Gavin.
Así juntos comenzamos por lanzar papelitos mojados al cabello del Príncipe, una vez pusimos pegamento en su asiento y se le rompieron los pantalones, también comenzamos a trepar los árboles cerca del jardín y le aventábamos piedritas, semillas, lo asustábamos, creamos una historia de un fantasma cerca del área de música y logramos pegarle un gran susto.
Obviamente, cada que hacíamos algo, debíamos soportar una penitencia, porque la reina y mi madre, principalmente, son quienes nos regañan y castigan; los correctivos han pasado de estar parados durante toda la jornada, hasta aguardar hincados sosteniendo libros en cada brazo.
Peeero, esta vez, el Rey fue testigo de nuestras travesuras, y tras hablar con Gavin se enteró de que desde hace unos meses para acá nos la pasamos haciéndole bromas pesadas así que decidió castigarnos él mismo y la “reprimenda” consistió en mandar a Acedo a las tierras más lejanas del archiducado de donde no podrá regresar en por al menos 10 años, y a mí –eso dolió—fui condenada a ser la prometida de su hijo, formalmente, se hizo firmar el contrato y todo, digamos que literalmente ese fue el momento en el que nos casamos, lo cual hoy da mucho miedo porque a partir de ahí todos me llamaron Princesa.
Esto convenció al tonto Gavin de que mis acciones eran sólo porque estaba enamorada de él, la verdad, es tan menso que me da pereza explicarle. Eso sí, cuando me despedí de Acedo prometimos escribirnos cada semana, lo cual puso muy nervioso al Rey, mientras que la reina nos miraba desconcertada.
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