Alelí juró vengar la muerte de sus padres infiltrándose en la mafia, pero jamás planeó enamorarse del hijo de su peor enemigo.
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Una víctima inocente.
La mansión de los Zurita nunca había sido un lugar tranquilo, pero esa noche, el silencio era distinto, se sentía un ambiente tenso.
Raúl se encontraba en el despacho, estaba esperando Maykol, apenas entró el lugar se volvió más frío, no hubo ni un saludo, los reproches fueron inmediatos.
—Trajiste al enemigo a mi casa —dibo con frialdad—. Todo por no saber mantener los pantalones cerrados.
El golpe fue directo.
Maykol apretó la mandíbula.
—No hables de ella así. Tú no sabes nada y menos tienes derecho a reprochar.
Raúl se levantó lentamente.
—¿De ella? ¿Te refieres a la asesina que ha estado cazando familias enteras? ¿La hija del hombre que juró destruirnos? ¿A esa maldita perra que se burlo de tí y de todos nosotros?
Maykol dio un paso al frente.
—No sabes toda la historia.
—¡No me interesa su historia! —estalló Raúl—. Me interesa que casi logra meterse en el corazón de mi organización porque tú te enamoraste.
Maykol lo empujó.
—¡Yo no soy tu soldado!
Raúl respondió con un golpe seco en la mandíbula de su hijo.
La pelea fue inmediata.
Puñetazos por todos lados, gritos de resentimientos que estuvieron acumulados por años.
En medio del caos, Anahí —la hermana menor de Maykol— irrumpió llorando.
—¡Basta! ¡Son familia!
Pero la palabra familia ya no tenía peso. Raúl estaba histérico y señalando a Maykol le dijo:
—Desde hoy, si vuelves a acercarte a esa mujer, dejas de ser mi hijo.
El silencio que siguió fue más violento que los golpes, Maykol lo miró con una mezcla de dolor y desafío mientras le decía:
—Entonces tal vez nunca lo fui.
Dijo eso y salio sin mirar atrás, mientras Anahí, se quedó parada viendo cómo se alejaba y a su padre que seguía furioso ya sentado en el escritorio con la boca llena de sangre.
En otro punto de la ciudad, Alelí caminaba de un lado a otro, estaba muy preocupada, sabía que desató la bomba y su instinto no dejaba de gritarle lo mismo:
Anita y su madre corrían peligro, debía ir inmediatamente por ellas, algo le decia que no iba a buscarla, pero si a lo que más quería, y eran Anita y su madre.
Miró a Alex y le dijo:
—Manda a buscar a Anita y a su madre. Ahora!!
Alex no cuestionó, había entendido y dio la orden inmediata.
Tan pronto como hablo con sus hombres, dos equipos salieron en direcciones distintas.
Pero el destino ya había tomado ventaja.
Cuando Anita llegó a la casa de su madre después de salir trabajando del hospital, notó la puerta entreabierta, pronto un presentimiento helado le recorrió la espalda.
—¿Mamá? Grito, pero solo obtuvo un silencio como respuesta.
Entró rápidamente, pero de pronto el mundo se le detuvo. Su madre estaba en el suelo. Yacía sin vida, no le dieron oportunidad a nada, Anita se llevó las manos a la cara y grito:
—Mamaaaaaaaa!!!
Los hombres que envío Maykol llegaron segundo después que Anita, pero al ver la escena desgarradora supieron que ya era tarde.
Alelí y Alex llegaron minutos después, los gritos desconsolados de Anita se escuchaban hasta la calle, al entrar vieron a Anita quien estaba arrodillada junto al cuerpo de su madre, estaba fuera de si, llorando, gritando y temblando.
Cuando vio a Alelí, sus ojos se llenaron de algo que jamás le había dirigido antes,.era un nuevo sentimiento, una mezcla de odio y desprecio.
—No te acerques Melisa. le dijo. — o debo decir Alelí.
Alelí se detuvo.
—Anita, yo…
—¡Es tu culpa!
Las palabras fueron cuchillas.
—Te persiguen a ti. Nos usaron para lastimarte a ti, y todo es porque mentiste, pusiste una granada abierta y que esperabas que pasará?
Alelí no se defendió.
Porque sabia… era verdad.
Aunque no hubiera sido ella.
Aunque el enemigo hubiera apretado el gatillo.
El resultado era el mismo.
Anita se levantó con el rostro empapado de lágrimas y los ojos visiblemente hinchados.
—Si no hubieras entrado en nuestras vidas, mi mamá estaría viva.
El silencio fue insoportable.
Alex observaba desde atrás, serio.
—Todo apunta a los Zurita —dijo uno de sus hombres en voz baja—. El arma, la firma… es su estilo.
Alelí avanzo a escuchar y sintió algo quebrarse dentro.
—¿Raúl? Dijo ella.
—¿O alguien usando su nombre? dijo Alex.
pero eso no importaba.
La guerra ya no tenía vuelta atrás.
Luis llegó poco después.
Cuando vio la escena, sintió que el suelo se abría, apenas lo vio Anita corrió a abrazarlo, él la sostuvo en sus brazos, pero cuando levantó la mirada y vio a Alelí…
Ya no había calidez.
—¿Es verdad? —preguntó con voz fría—. ¿Tú empezaste todo esto?
Alelí no respondió.
Luis negó lentamente.
—Maykol sabía quién eras… ¿no?
El silencio fue respuesta suficiente y la decepción fue peor que el enojo.
—Era mi hermano —murmuró Luis—. Y tú nos usaste a todos, fingiste cariño, donde solo había venganza.
Anita se separó del abrazo.
—No quiero volver a verla —dijo entre lágrimas—. Pero sí quiero algo.
Miró a Alex.
—Ayúdame.
Alelí giró hacia ella.
—Anita…
—Quiero venganza.
Sus ojos ya no eran los de la chica dulce del hospital, eran los de alguien que lo perdió todo.
Alex asintió lentamente.
— y La tendrás. Dijo muy convencido.
Luis miró a Anita, confundido.
—No puedes meterte en esto.
—Ya estoy dentro —respondió ella, señalando el cuerpo de su madre—. y tú decides si estás conmigo o sino mejor vete.
La relación entre ellos se fracturó en ese instante. Luis ya no sabía en quién confiar. Por un lado su amigo de años, y por el otro su novia destrozada.
Más tarde, a solas, Anita se acercó a Alelí.
—Te odio —le dijo con franqueza.
Alelí aceptó el golpe sin moverse.
—Pero voy a aceptar su ayuda —continuó Anita, mirando a Alex—. Porque ahora tenemos el mismo enemigo.
Una lágrima silenciosa recorrió el rostro de Alelí.
—No quería esto para ti.
—Pues lo tienes.
Anita se secó el rostro.
—Y te prometo algo.
La miró fijamente.
—Sangre por sangre.
Alelí entendió, sabía bien el dolor que tenía en ese momento.
En otro lado, en la mansión Zurita, Raúl recibió la noticia.
— Jefe, está hecho, mujer muerta.
Mensaje enviado.
Raúl solo leyó el mensaje y apago el teléfono, no preguntó detalles, no los necesitaba. Una sonrisa se le dibujo en el rostro.
Había lanzado otra bomba y solo debía esperar las consecuencias, porque ahora no solo tenía a la Flor en su contra, también
tenía a una hija herida y las personas heridas son más peligrosas.
Al día siguiente la ciudad amaneció diferente, ya no era una guerra secreta, ahora era personal, amistades rotas, familias fracturadas, amores convertidos en armas y en medio del caos…
El dolor de Alelí crecía había perdido todo en un instante, el amor, la amistad y una segunda madre. Debía decidir si seguir con la venganza o luchar por el amor y el perdón.