Eleonor Baxter aprendió desde pequeña a ser perfecta.
Amable, inteligente y elegante, creció entre apellidos influyentes y cenas compartidas con familias amigas. Desde adolescente, Alex King fue parte de su vida… y también de sus sueños. Mucho antes del matrimonio, Eleonor ya lo amaba en silencio.
A los veintisiete años dirige SweetBaby, la empresa cosmética heredada de su familia, y sostiene un matrimonio que nunca se construyó sobre las promesas que ella imaginó. Casada desde hace tres años con Alex —uno de los cirujanos cardíacos más prestigiosos del país y dueño de una red de hospitales—, Eleonor aprendió que conocer a alguien desde siempre no garantiza ser elegida.
Durante años intentó ser paciente, comprensiva, invisible. Alex, marcado por la vergüenza de un matrimonio arreglado y consumido por el trabajo, dejó que la distancia creciera hasta volverse insoportable.
Cansada de sentirse desplazada, Eleonor toma una decisión que lo cambia todo.
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Capitulo 20
—Firma, por favor. Terminemos con esto.
Alex dejó la lapicera sobre el escritorio.
Se puso de pie lentamente.
La silla se deslizó hacia atrás con un sonido seco.
Rodeó el escritorio sin apuro, hasta quedar frente a ella. Demasiado cerca. Eleonor sintió su presencia antes de que la tocara.
—Dame una oportunidad —dijo en voz baja.
No había arrogancia. No había orgullo. Solo un hombre al borde de perderlo todo.
—Prometo ser un buen esposo. Prometo ponerte como prioridad. A ti… por encima de todo. Por favor.
Eleonor sintió que el pecho le ardía.
Alex llevó la mano hacia la suya, esta vez despacio. Sus dedos rozaron los de ella.
—No quiero perderte —susurró.
Ella dudó.
Dudó porque lo amaba.
Dudó porque lo había esperado tanto tiempo.
Dudó porque una parte suya quería creer cada palabra.
Pero también recordó noches sola.
Promesas incumplidas.
Prioridades que nunca la incluyeron.
Se apartó apenas.
Ese pequeño gesto fue suficiente.
—Firma… por favor —repitió, más bajo.
Él la miró fijo.
—¿Hay alguien más? —preguntó.
La pregunta cayó como una bofetada.
Eleonor se quedó inmóvil un segundo.
Después lo miró.
Pero ya no había duda en sus ojos.
Había furia.
—¿Perdón?
Alex sostuvo su mirada, tenso.
—Necesito saberlo.
Eso fue suficiente.
Eleonor se puso de pie de golpe. La silla se movió bruscamente hacia atrás.
—Eres un idiota.
La voz le temblaba. No de debilidad. De indignación.
—Te amé tantos años… —su pecho subía y bajaba con rapidez—. ¿Cómo puedes decir eso?
Alex intentó hablar, pero ella no lo dejó.
—¿De verdad crees que habría alguien más? ¿Que todo esto es porque encontré a otro?
Sus ojos brillaban.
—No entiendes nada.
Se llevó una mano al pecho, intentando contener la emoción que la desbordaba.
—Nunca hubo nadie más. Nunca. Aun cuando tú no estabas. Aun cuando elegías todo antes que a mí.
Eso lo golpeó.
Fuerte.
Ella dio un paso hacia él, ya sin frialdad, sin máscara.
—Esto no es por otro hombre, Alexander. Esto es porque me cansé de sentirme sola estando casada.
Silencio.
El aire estaba cargado de algo crudo.
Verdadero.
Alex la miraba como si recién estuviera comprendiendo el tamaño del daño.
—Ele’… —murmuró.
Pero ella negó con la cabeza.
—No. No intentes arreglarlo ahora. No después de cuestionar lo único que siempre fue real.
Su amor.
El silencio volvió a instalarse.
Pero ya no era frío.
Era devastador.
Eleonor lo miró.
Los ojos llenos de lágrimas que se negaban a caer.
Ya no había enojo.
Solo agotamiento.
—No tengo más energía… ni ganas de intentarlo.
La confesión fue más devastadora que cualquier grito.
Alex sintió cómo algo dentro de él se desmoronaba.
Porque eso no era rabia.
No era orgullo.
Era cansancio.
Y el cansancio no se combate con promesas.
Él dio un paso hacia ella, pero esta vez no intentó tocarla.
—No sabía que te sentias asi —murmuró.
Ella soltó una pequeña risa amarga.
—Claro que no lo sabías. Nunca estabas cuando me rompía.
Silencio.
Las lágrimas finalmente rodaron por sus mejillas, lentas.
—Yo peleé por nosotros sola demasiado tiempo. Esperé que me miraras como ahora… cuando ya es tarde.
Alex cerró los ojos un segundo, absorbiendo cada palabra como una condena.
—No es tarde —susurró, casi para sí.
Eleonor negó despacio.
Sus manos temblaban, pero su voz no.
—Te amé tanto… tantos años… que hasta me perdí a mí misma.
Alex levantó la mirada lentamente.
Ella continuó, sin apartar los ojos de los suyos.
—Vivía esperando que me eligieras. Que me vieras. Que un día despertaras y dijeras que yo era suficiente.
Su pecho subía y bajaba con dificultad.
—Y en ese proceso… dejé de reconocerme.
Eso lo golpeó más que cualquier acusación.
Porque no era un ataque.
Era una verdad.
—Ya no sé quién soy cuando estoy contigo. Siempre soy la que espera. La que entiende. La que cede.
Una lágrima rodó por su mejilla.
No la limpió.
—Necesito, por primera vez en mi vida… ponerme como prioridad.
El silencio que siguió fue profundo.
Alex sintió que cada palabra abría algo que él había ignorado durante años.
—No quiero perderte —dijo otra vez, pero ahora sonaba pequeño.
Ella cerró los ojos un instante.
—Yo ya me perdí por amarte así.
Después de escucharla…
Alex no respondió.
No intentó convencerla otra vez.
No discutió.
No prometió nada más.
Solo la miró.
Como si estuviera viendo, por primera vez, el peso real de lo que había hecho.
Luego se dio la vuelta.
Caminó hasta el escritorio con pasos lentos. Cada uno parecía costarle.
Tomó el acuerdo de divorcio.
La hoja tembló apenas entre sus manos.
Eleonor no se movió. No dijo nada.
Sabía que si hablaba… se rompería.
Alex tomó la lapicera.
Esta vez no dudó.
Firmó.
El sonido del trazo sobre el papel fue breve.
Irreversible.
Dejó la lapicera sobre la carpeta sin mirarla.
Durante un segundo pareció que iba a decir algo.
Pero no lo hizo.
Se quedó quieto… respirando hondo.
Después, caminó hacia la puerta.
Al llegar, su mano se apoyó en el picaporte.
No volteó.
No se despidió.
Y salió de la oficina.
La puerta se cerró con un clic suave.
Demasiado suave para lo que acababa de romperse.
Eleonor permaneció de pie unos segundos más.
Firme.
Hasta que sus piernas ya no pudieron sostenerla.
Y recién cuando estuvo sola…
se permitió llorar.
Esa noche, de madrugada, Alex descansaba en uno de los sillones del sector de descanso del hospital.
Un recuerdo vino a su mente.
Hace quince años.
Estaba leyendo en el patio de la escuela.
—Eyy, Alex —dijo Eleonor, sentándose a su lado.
—¿Qué pasa, zanahoria?
—No me digas así, no me gusta.
Hizo una pausa y respiró hondo.
—¿Me ayudás? Tengo prueba de matemáticas… ¿me podés ayudar?
Alex estiró la mano.
—Déjame ver los cuadernos.
—¿No te habías sacado sobresaliente?
Él la miraba. Sus ojos eran tan hermosos, sus labios rosados.
—Ah… no, no. Eso fue el mes pasado. Ahora no entiendo nada —dijo bajando la voz—. ¿Podés ayudarme? Porfi.
—Bueno —respondió él—. Tengo una hora después de química. Nos podemos ver en el comedor.
—Ehhh, Alex… Ele… —gritó uno de los chicos—. Vengan, vamos a sacar unas fotos para el block.
Y, sin más, alguien tomó una foto grupal.
Después de un rato, ambos se fueron al comedor.
—Bueno, tienes que reemplazar x - 12 por 182 —explicó él.
Ella escuchaba atenta y resolvía lo que él había escrito.
En ese momento, se acercó un chico a la mesa.
—Eyyy, Ele’, ¿cómo estás? —dijo Sebastián.
—Eyy, Sebas —respondió ella con una enorme sonrisa.
—Este sábado haré una fiesta en mi casa. ¿Quieres venir?
—Ah, sí… me encantaría.
Alex la miró con enojo.
—Eyy, zanahoria, ¿vas a estudiar o vas a ligar?
—No seas malo, sí estoy estudiando.
—No le digas zanahoria —intervino Sebastián.
—Le digo como quiero, no te metas —respondió Alex, poniéndose de pie.
Ambos quedaron enfrentados.
—Ey, tranquilos —pidió Eleonor.
—Quédate con tu novio, zanahoria —dijo Alex antes de alejarse.
Fin del recuerdo.
Alex abrió los ojos en el silencio del hospital.
Se pasó una mano por el rostro.
Quince años.
Desde el patio del colegio… hasta una firma en una oficina que no era la suya.
Sonrió apenas, con tristeza.
—Lo siento, zanahoria… —murmuró al vacío.
Su voz se quebró.
—Creo que fui un esposo de mierda.
El hospital permaneció en silencio.
Y por primera vez… él no se estaba justificando.
Estaba aceptándolo.
si realmente la quieres y amas
ahora veremos si en verdad exiten las segundas oportunidades.
claro todo depende de nuestra autora
no eres infiel y eso le suma puntos pero tú absoluto desinterés en la relación la falta especial de amor dan ganas de matarte por otro lado Jony podría ser un nuevo amor la nueva oportunidad que le guste a ele
Mi pregunta es aceptarás que ella se hizo una inceminacion y que va a ser madre sin ti?