Sufrí un accidente y fingí perder la memoria para poner a prueba el amor de mi esposo y de mi hija. Me llevé una sorpresa desagradable cuando me dijeron que yo era la esposa del guardaespaldas y que no teníamos ningún lazo familiar.
Decidí seguir con el juego y, cuando se arrepintieran, ya sería demasiado tarde. Su amor, para mí, ya no valía nada.
Cuando mi esposo llevó a su primera novia a casa para que fuera la niñera de mi hija, no imaginaba que ella planearía quedarse con todo lo que era mío.
Después de que mi esposo y mi hija me abandonaron sola en la calle por culpa de la niñera, aun sabiendo que yo padecía síndrome de pánico, terminé sufriendo un accidente tras entrar en crisis.
Fue entonces cuando decidí darles una última oportunidad, una última prueba… la cual no lograron superar.
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Capítulo 7
Unas buenas palmadas… sonreí, me hizo acordar a mis padres, ellos dirían lo mismo.
Pensando en ellos, ¿cómo estarán después de tantos años que no los veo?
— Vamos a volver, Julien — digo — No voy a darle palmadas a mi hija, pero quizás se merezca un castigo.
Me giré y volví para el auto.
…
Llegué a casa y sentí miradas en mi dirección, percibí que quizás los empleados estaban comentando lo que pasó anoche, parece que pasé por un tribunal y ya fui juzgada sin siquiera presentar mi defensa.
Subí las escaleras y fui para el cuarto de Giulia.
Comencé a limpiar y esta vez sentí que faltaban cosas…
Mis regalos… ella me odiaba tanto que se deshizo de mis regalos.
De repente, sentí un desánimo que nunca sentí antes.
Un desánimo de esta casa, de esta familia, de esta hija…
Si ella no me quería, ¿por qué yo debería continuar cuidándola?
Salí del cuarto dejando todo como estaba.
Volví para mi cuarto y volví a ordenar mis cosas. Yo doblaba y desdoblaba la ropa, limpiaba lo que estaba limpio… quizás solo estuviera intentando ocupar la mente y evitar dar razón a mis pensamientos de abandonar todo y no importarme más.
Lo poco que restó de la Clara ilusionada, aún insistía en dar una oportunidad más.
El tiempo pasó y no lo percibí, cuando vi ya era de noche.
Mi estómago comenzó a reclamar hambre, solo percibí ahora que no comí nada en todo el día.
Salí del cuarto y bajé las escaleras para buscar algo para comer. Me detuve en medio de la escalera, cuando oí la voz de Jeremy y de Giulia.
— ¡Papi! ¡Yo no quiero abrazar a aquella mami malvada! ¡Yo la odio!
— Abrázala solo un poquito. Así ella deja de estar celosa y no lastima más a la tía Lucía. ¿No amas mucho a la tía Lucía?
— ¡Sí!
— Entonces haz eso por tu tía Lucía. ¿Te acuerdas de la última vez que fingiste que te gustaba como ella hizo los fideos como pediste?
Reí, sarcásticamente.
Entonces es eso, él está enseñándole a la hija a mentir.
Y yo pensando que podría tener una conversación seria con él sobre la educación de ella.
Continué bajando las escaleras y pasé por ellos, ignorándolos.
Quedaron en silencio de repente. No sé si desconfiaron si yo oí o no lo que dijeron, solo sé que tuve paz.
Abrí la heladera y agarré carne, queso y lechuga.
Hice un sándwich rápidamente y me preparé para subir, pero Jeremy se puso en mi frente.
— Clara, ¿y nuestra cena? — él preguntó, mirando el sándwich que hice.
— Mi cena es esta. Pide a las empleadas que hagan la de ustedes, o entonces, lleva a Millie para un restaurante. Estoy librándolos de mi bazofia.
Mordí mi sándwich y continué caminando.
— ¡Clara! ¡Estás insoportable!
— ¡Ah, sí?! Entonces déjame en paz, así no necesitas soportarme. Y por cierto, dile a tu hija que ella no necesita fingir que le gusto. Así es más fácil para mí desapegarme. Cuando mi amor por ella acabe, voy a partir sin ningún dolor en la conciencia.
Miré para Millie, que me miraba con el rostro retorcido, brazos cruzados y haciendo puchero.
Hasta hace poco yo iba a desesperarme al verla así, pero ahora, reí.
Yo reí, ¿sabes por qué? Me acordé de Julien, ella realmente merecía unas palmadas. Pero algo me dice que ni unas palmadas darían resultado con esta niña.
Yo pegaría y el padre pasaría la mano por la cabeza.
¡Estoy cansada! No voy a luchar esta batalla.
Fui para el cuarto y comí mi sándwich, apreciando cada nota del sabor.
Aquel sándwich era la primera cosa en años que yo hacía pensando solamente en mí, pensando en lo que yo quería y lo que yo necesitaba.
Estaba sabroso de verdad.
Pero mi paz no duró mucho, luego oí a Jeremy llamándome en la puerta.
Me levanté y fui a atender.
— Clara, necesitamos conversar.
Asentí en positivo y dejé que él entrara, pero mantuve la puerta abierta y quedé próximo a la puerta.
Él observó y preguntó:
— ¿Eso ahí es para intentar hacer con que yo me sienta mal por lo que pasó?
— Eso es solo una protección.
Él asintió en negativo y dijo:
— ¿No lo percibes? Estás destruyendo esta familia. ¿Para dónde piensas que irás si nos separamos?
— Yo aún tengo a mis padres.
— ¿Después de vivir como una señora rica vas a conseguir dejar todo y vivir en el interior?
Él rió sarcásticamente, probando que aún después de seis años, no me conocía.
— ¿Cuáles son las ventajas que yo usufructúo por ser una señora rica? ¿Tú me presentas para tus amigos como tu esposa? ¿Tú me llevas para viajar? Me das regalos caros…
— ¡Yo te di el collar! — él dijo, interrumpiendo.
— En seis años, tú me diste un collar…
— Yo siempre te di dinero suficiente para comprar lo que quisieras.
— ¿Tú ya verificaste alguna vez los gastos de la casa? ¿Los gastos de Giulia? Todo lo que me diste es gasto con eso.
— ¡Estás mintiendo!
— ¡Ok! Tú nunca crees en nada que yo digo y soy yo que estoy destruyendo esta familia. ¿Por qué aún tú quieres mantener este matrimonio?
— ¡Para con esos chantajes, Clara! — él se levantó, nervioso.
Amenacé con correr y él paró.
— Yo solo quiero conversar. No quiero tocarte. ¡No siento ninguna atracción por ti!
Me encogí de hombros y dije:
— ¡Ok! ¡Mejor para mí!
— ¡Para de fingir! ¡Estás loca por mí!
— Locuras pasan.
— Yo estaba mintiendo, ¡claro que siento atracción por ti! Es solo que últimamente andas tan irritante.
— ¡Tá!
— Clara, ¡conversa derecho! Para con esas respuestas monosilábicas. Yo vine a decir que estás siendo muy infantil. ¿Cómo puedes decir para tu hija, una niña de seis años, que no vas a gustar más de ella solo porque oíste ella hablando algunas tonterías? ¿Vas a llevar en serio las tonterías que ella habla?
— Ella me empujó en la piscina y se burló. Ella dice para las amiguitas que yo soy la empleada de ella y la madre de ella es Lucía. Dime, ¿qué puedo hacer a no ser desistir? De repente yo percibí que quiero más de la vida. ¡No quiero más estar presa a ustedes!
— ¡Eso es ridículo! Tú tienes más de treinta años. No eres más joven. Tu felicidad debería ser cuidar de tu marido e hija. No hay nada allá afuera para ti. Sin contar que con ese miedo de quedar sola, nunca irá a sobrevivir. Deja esas ideas locas de lado y vuelve a cuidar de tu familia como antes. O yo voy realmente a divorciarme de ti.
— ¡Ok! Voy a pedir al abogado para redactar el acuerdo.
— ¡Para con eso, Clara! Mira, yo conté para la abuela sobre ese tu comportamiento y ella pidió que fuéramos a cenar en la casa de ella, como familia. ¡Arréglate luego! ¿Quién sabe conversando con la abuela ella coloca algún juicio en tu cabeza?
Él pasó por mí y se fue.
Respiré hondo, pronta para la batalla.
De la familia de Jeremy, la abuela era la persona más próxima a mí.
Quizás conversando, ella me entienda y hasta me ayude a salir de este matrimonio sin sentir culpa.
Vestí un vestido blanco largo, prendí el cabello en moño y coloqué un maquillaje simple.
Una cena en la casa de la abuela nunca era una simple cena.
Me arreglé más de lo normal, pero a pesar de ser la esposa de Jeremy Ford, el billonario del rubro de servicios. Yo era una persona simple.
En estos seis años no compré joyas y ropas caras.
Nunca pedí ningún centavo a más de lo que él ya daba.
Quizás sea por eso que él nunca me presentó a los amigos.
Debe ser por eso que soy confundida como una empleada.
Estos años todos pensé que si fuera humilde, Jeremy percibiría que no estoy al lado de él por dinero.
Pero ahora, acordar de todo eso, ni tiene sentido.
Bajé las escaleras y encontré a Giulia, Jeremy y Lucía esperándome.
Lucía estaba con un conjunto entero de diamantes.
Aro, collar, pulsera y anillo.
Parece que Jeremy me dio un collar de rubí, pero para ella dio un conjunto aún más caro.
Así se ve que él valora más a la amante que a la esposa.
Fuimos para el auto, Jeremy hizo cuestión de mandar preparar una limusina.
Quizás al principio, pareciera que él quería valorar a la familia.
Pero mirando a Lucía entre nosotros, yo sabía, él solo quería que la amante fuera en el mismo auto que nosotros y la limusina era perfecta por tener más lugares.
Me senté en un rincón y miré para la ventana, ignorándolos.
Jeremy entró y se sentó en el frente, Lucía se sentó al lado de él y Millie a mi lado.
El auto dio la partida y un silencio se hizo.
— Clara, ¡me gustó tu vestido! Tan simple. Dicen que es así que los verdaderos ricos se visten, con simplicidad ¿no es?
Lucía habló y yo miré para ella. Ella agarró en el brazo de Jeremy, mostrándome que aquello era una provocación.
— Sí, es verdad. ¡Y dicen que amantes andan siempre así, cubiertas de joyas! Ellas tienen que ser bien pagadas por sus servicios especiales, ¿no es?