Morí atragantado con un hotdog y reencarné en mi novela BL favorita.
¿Suena épico? No lo es, porque ahora soy el extra que muere en el capítulo 3.
Mi plan: pasar desapercibido y sobrevivir.
La realidad: el villano frío y temido del imperio se enamoró de mí.
Entre malentendidos, romance accidental y un destino que se salió del guion,
haré lo imposible por no morir otra vez…
aunque eso signifique robarle el corazón al villano.
✨ BL + comedia + reencarnación
✨ Villano obsesivo x extra caótico
✨ Final feliz (si no muero antes)
NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 9: El Casi-Beso que el Destino Arruinó
Había aprendido a desconfiar de los momentos tranquilos.
Cuando todo parecía ir demasiado bien, el mundo solía carraspear, acomodarse la corbata invisible y recordarme que yo no estaba hecho para la paz prolongada. Aquella tarde, sin embargo, el patio interior estaba tan sereno que casi me atreví a creer en los milagros pequeños: respirar sin marearme, caminar sin que el suelo se inclinara, sentarme bajo un árbol sin que nadie intentara secuestrarme.
—Esto es sospechoso —murmuré, acomodándome en el banco de piedra.
Lucien se detuvo a mi lado.
—¿Qué es sospechoso?
—Que esté vivo y relativamente cómodo al mismo tiempo. No es una combinación que se me dé bien.
Lucien me lanzó una mirada de esas que parecían decir no bromees con eso, pero no dijo nada. El viento movía las hojas del árbol y dejaba caer sombras irregulares sobre el suelo. Por un momento, el mundo se sintió… normal.
—¿Descansas alguna vez? —le pregunté.
—Cuando no hay asuntos pendientes.
—Eso no es descanso. Eso es posponer el colapso con elegancia.
Lucien arqueó una ceja.
—Hablas como si supieras cuándo va a colapsar la gente.
Ups.
—No lo sé —me apuré a decir—. Solo… se me da observar.
Nos sentamos. El silencio entre nosotros no era incómodo, sino raro de una forma nueva: como si hubiera algo que no se decía pero pesaba en el aire. Yo jugueteaba con una hoja seca entre los dedos, evitando mirarlo demasiado. No porque me intimidara, sino porque, últimamente, mirarlo me provocaba una sensación extraña en el pecho. Una mezcla de nervios, calor y la tentación absurda de decir cosas que no debía.
—Lucien —empecé—. ¿Puedo hacerte una pregunta inconveniente?
—Sueles hacerlas igual.
—¿Por qué te importa tanto que yo esté bien?
La pregunta salió antes de que pudiera detenerla. Me arrepentí al instante.
Lucien tardó en responder.
—Porque —dijo al final— no me agrada perder gente.
—No soy “tu gente” —repliqué con suavidad—. Soy… alguien que se tropieza mucho.
—No te reduzcas así —respondió—. No te conviene.
El tono no era duro. Era firme. Y, por alguna razón, eso me desarmó más que cualquier orden.
Nos quedamos mirándonos. El aire se volvió espeso, como si el patio hubiera decidido contener la respiración con nosotros. Lucien se inclinó un poco hacia mí, casi por reflejo. Yo sentí que el corazón se me subía a la garganta.
No cruces esa línea, me dije. Cruzar líneas con personas así suele terminar mal.
—Lucien, yo…
Él levantó la mano, como si fuera a tocarme el rostro. Se quedó a un palmo de distancia. Yo cerré los ojos por instinto, el tipo de instinto que uno desarrolla cuando está a punto de cometer una imprudencia hermosa.
Y entonces el universo decidió ser el universo.
—¡Lord Blackthorne!
Un soldado irrumpió en el patio, jadeando.
Yo me separé como si me hubieran tirado agua fría en la cara.
—El Consejo ha enviado un emisario —informó el soldado—. Exigen audiencia inmediata.
Lucien se enderezó de inmediato. La cercanía se deshizo como una ilusión al sol.
—Ahora voy —respondió con voz neutra.
—Perfecto —murmuré—. Justo cuando estaba a punto de cometer una pésima decisión.
Lucien me miró de reojo.
—¿Qué dijiste?
—Nada importante. Comentario interno para no repetir.
Lucien dudó un segundo.
—Quédate aquí. Luego vuelve a tu habitación. No te alejes.
—Sí, señor responsable de arruinar momentos incómodos.
No sonrió. Pero tampoco me regañó.
Cuando se fue con el soldado, me quedé mirando el árbol. La hoja seca seguía entre mis dedos, ahora rota en dos.
—Casi pasa algo —susurré—. Casi.
Aurelian apareció desde el otro extremo del patio, con expresión curiosa.
—¿Interrumpí algo?
—No —respondí demasiado rápido—. Solo estaba practicando… respiración profunda.
Aurelian sonrió, pero había algo en su mirada que no identifiqué de inmediato.
—Ten cuidado —dijo—. Hay personas que no son seguras para jugar con límites.
—No estaba jugando —respondí en voz baja.
Y decirlo me asustó más que cualquier interrupción.
🎵🎶Fondo, fondo, fondo🎶🎵🤣😆😈😆🤣😉