Una vez más Thiago (Rayo) tendrá que enfrentar a sus amigos, pero está vez su estrategia será otra,.
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Controversia por los chocolates.
Por su parte, Nicole desvió la mirada con disolución.
—Niños, tomen asiento, les voy a servir ahora mismo.
Su cambio no fue por la chica, sino porque Alberto era el único hijo que le quedaba soltero. No quería verlo alejarse de ella, como hicieron Diego y Douglas. Sus hijos ahora están lejos de ella. Los gemelos llegan dos veces al año, y para poder verlos, le toca viajar a Canadá.
Instantáneamente, Rayo notó el cambio en Nicole, también fue testigo de que Alberto le regaló los chocolates a la chica y entendió perfectamente por qué su esposa dejó de sonreír.
—Alberto, estuve platicando con tu amiga. —El señor Beach señaló a Aurora—. Ya sabes que ella no tiene a nadie por acá, también supe que su madre murió.
Papá, disculpa que no te haya dicho que la invité a quedarse aquí. Solo serán unos días, pero si te incomoda, puedo pagarle un hotel, ya recuperé mis cuentas.
Alberto fue sincero con su padre, aunque no del todo: ¿cómo decirle que se acostó con ella y que se siente culpable porque fue con él que perdió su virginidad? Eso no se lo podría decir.
—No es necesario, puede quedarse aquí el tiempo que quiera.
Nicole sirvió los platos uno a uno, justo cuando alguien dijo:
—No es posible, no me han esperado.
Santi dejó su mochila de lado.
—Abuelo. —Dijo, estrechando a su abuelo en un abrazo y luego hizo lo mismo con Nicole.
—Sabía que llegarías a tiempo, tu lugar está puesto. Debes estar hambriento.
Nicole consentía a los únicos nietos que tenía cerca, y Santi era uno de ellos.
—Por eso te amo tanto.
El joven estaba por sentarse cuando la mirada de Alberto cayó sobre él.
—Estoy pintado, Osvaldo también está aquí, y ella es mi amiga Aurora.
Alberto se puso de pie y estrechó la mano de su sobrino. Santi saludó a los otros dos presentes.
—Es muy guapa tu amiga.
Unas cuantas palabras hicieron que Alberto se atragantara con el agua. Igual que Thiago, que se cubrió la boca con una servilleta, no pudo tragar el primer bocado.
Evidentemente, pudo sentir la empatía de su hijo hacia esa chica, y recordemos que los Beach son muy posesivos y celosos con sus mujeres; a él no le gustaría ver una disputa entre ellos dos.
—Es cierto, Aurora es muy linda, pero ella ya tiene a alguien en su corazón. y no creo que sea competencia para él. Alberto hablaba de él.
Aurora se sintió incómoda, así que bajó la cabeza sin decir nada.
La señora Beach, captó la indirecta de Rayito. ¿Será posible que ya dejó sus sentimientos por Mariana? Pero Thiago dijo que es por ella que ha regresado.
Nicole se sentó en silencio. Thiago hizo lo mismo, no intervino en la conversación, simplemente escuchó y comenzó a atar cabos.
La cena terminó y esa noche Thiago los dejó descansar. Santi se quedó con ellos; era viernes y no volvería al internado hasta el lunes.
Aurora subió en compañía de Alberto y, una vez dentro de una habitación, se volteó y le devolvió la caja.
—No creo que deba aceptarlos, no quiero hacerme ilusiones. —Sus ojos se empañaron.
—Aurora, no sabía que eres tan terca.
—No es eso, Alberto, no quiero nada que venga de ti. Te juro que el lunes iré a buscar un empleo, quiero alejarme de ti.
Para Alberto fue un sentimiento algo confuso; su rostro se puso rígido y, para que ella no lo viera, la atrajo hacia su pecho.
—Aurora, no te vas a ir de aquí, no todavía. No lo sabes, pero puedes estar en peligro. Tú fuiste quien le salvó, y si ese hombre se entera, evidentemente se va a desquitar contigo.
—Alberto… —ella se aferró a su pecho. Sus sentimientos eran tan reales como sus lágrimas y ese dolor escondido en su corazón.
—No los aceptes ahora. Los tendré en mi habitación, si te sientes sola o asustada, puedes buscarme ahí.
El joven le besó la cabeza, la dejó sola y volvió a su habitación.
Al entrar, puso los chocolates en el buró y se dirigió a la ducha. Dejó caer su ropa y abrió el grifo. Debajo del agua cerró los ojos, buscando relajarse, pero luego recordó algo.
Aurora se encontraba encima de él. Eran recuerdos fugaces, de escenas distintas.
Sus manos tocaban los pechos expuestos a la chica. Luego ella se inclinó hacia adelante y lo besó.
—Esto es como un sueño, es una lástima que no estes consciente, no se si mañana lo recordarás.
Aurora no le había mentido; ella le contó lo que había hecho Pedro.
Alberto se movió y dejó que el agua cayera en su rostro. Al cerrar los ojos, vio a la chica debajo de él, y esta vez fue él quien buscó los labios de la joven.
Recordó que no podía saciar ese deseo que controlaba su cuerpo. Sus embestidas eran cada vez más rápidas y ella gemía constantemente. Esos recuerdos lo agitaron un poco.
—Dios, ¿qué me está pasando?
Alberto comenzó a recordar todo, pero su cuerpo reaccionaba cada vez que evocaba el cuerpo de esa chica.
Después de un largo rato salió envuelto en una bata y sus ojos se abrieron en grande al ver a Nicole en su recámara y se atrevió a coger un chocolate.
—Tienes buen gusto.
La señora Beach estaba sentada y, al parecer, no pensaba moverse de ahí.
—Alberto, hay algo que no nos has dicho, tiene que ver con ella.
La señora Beach desenvolvió el chocolate y lo mordió.
—Mamá…
Alberto siguió cada movimiento de su madre. No pensaba hablar, pero a Thiago no se le escapa nada, y esta vez Nicole fue su cómplice.
—No me voy a mover hasta que me digas toda la verdad. Además, hay muchos chocolates en esa caja, me alcanzaran para una noche muy larga.
—Mamá, no creo que debas saberlo todo.
Alberto la vio coger otro chocolate y, en ese momento, dijo:
—Esos son de Aurora, no los aceptó.