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Ámame, Esposo Mío

Ámame, Esposo Mío

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Matrimonio contratado / Aventura de una noche / Embarazo no planeado / Reencuentro / Completas
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: ErKa

Camila era solo una joven de limpieza que cargaba con deudas, con una madre enferma y con la esperanza de sus hermanos menores sobre los hombros. Una noche, por una simple casualidad, se cruzó con el hombre que jamás debió mirar: Max Montenegro, el frío y poderoso director general de la empresa.

Un error cometido en la borrachera lo cambia todo. Max cree que un cheque cubre cualquier daño, pero semanas después descubre que la mujer a la que despreció lleva en su vientre a su hijo. Entre contratos firmados a la fuerza, una mansión llena de miradas de desprecio y una suegra que ya tiene elegida a la nuera perfecta, Camila tendrá que aprender a sobrevivir en un mundo que no es el suyo.

Mientras tanto, un rival encantador no deja de rondarla, la antigua prometida de Max regresa dispuesta a todo y el corazón de un hombre incapaz de pedir perdón empieza a latir donde nunca quiso.

Pero algunas heridas no se cierran con dinero, y algunos secretos pesan más que un apellido. Años después, el destino los obliga a cruzarse de nuevo, y esta vez hay un niño de ojos curiosos que tiene mucho que decir.

¿Puede un amor nacido del error ganarse una segunda oportunidad?

NovelToon tiene autorización de ErKa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cap. 7 - ¿Otro acuerdo más?

—¡S-suéltame las manos! ¡No me toques! ¡Te odio! ¡Te odio! ¡Aaaaah…!

Camila lloraba a gritos y forcejeaba para liberar las manos que Max le tenía sujetas.

—Te suelto si me prometes que no vas a lastimar al bebé.

—¡No quiero a este bebé! ¡Lo odio! ¡Te odio a ti!

—¡Escúchame! ¡Escúchame bien!

Max le tomó la cara entre las manos para obligarla a mirarlo.

—Si no quieres a este bebé, dámelo. Lo único que tienes que hacer es tenerlo y entregármelo. ¿Entendiste?

—¡No! ¡No quiero! ¡No quiero!

Camila no daba su brazo a torcer. Sacudía la cabeza con fuerza, rechazando la idea con todo el cuerpo.

—Tal vez estás en shock. Piensa en lo que te dije con la cabeza fría. Estoy seguro de que una muchacha como tú no sería capaz de matar a su propio hijo.

Max le soltó las manos, se incorporó y caminó hacia la puerta.

—Dale los papeles.

—Sí, señor.

Gerardo le entregó a Camila varias hojas.

—Señorita Alcázar, lea este acuerdo cuando esté más tranquila. Estoy seguro de que tomará la mejor decisión para el bebé. Aquí tiene mis datos de contacto. Llámeme en cuanto haya decidido. Con su permiso, nos retiramos.

Salió de la habitación detrás de su jefe, que ya se había marchado. Camila ni siquiera les prestó atención; estaba demasiado ocupada llorando.

Ahora que estaba sola, podía llorar a sus anchas. Lloró por su mala suerte. Dios mío, ¿qué otra prueba es esta? Cuando Dios le mandó aquella violación, ella había hecho todo lo posible por olvidarla. La verdad era que le costaba muchísimo borrar lo de aquella noche. Durante días soñó con lo ocurrido. Le tenía un miedo terrible a ese hombre. En cada sueño, él volvía y la forzaba otra vez. Por eso, el odio y el miedo que le tenía crecían día con día.

¿Y ahora resultaba que esperaba un hijo de él? ¿Qué clase de prueba era esa? ¿Dios se estaba burlando de ella, jugando con su destino? ¿Por qué tenía que estar embarazada? ¿Por qué? No quería tener ningún vínculo con ese hombre, ¿y ahora le salía con esto? ¿Qué iba a hacer?

No podía volver a su pueblo embarazada. Su madre se moriría de la vergüenza. Sería la hija que le había arrojado el lodo a la cara. Hasta el último día de su vida, su madre sería la comidilla de todo el pueblo. Eso sería como matarla poco a poco.

Había salido a la ciudad a trabajar únicamente para sacar adelante a su familia. Quería que su madre se sintiera orgullosa de haberla traído al mundo, que fuera feliz y no le faltara nada. Quería que su madre y sus dos hermanos menores vivieran mejor. Desde que su padre murió, su madre se había partido el lomo para mantenerlos. No quería que volviera a matarse trabajando hasta enfermarse.

No podía regresar al pueblo. Su madre no debía enterarse de esto. Si lo supiera, sufriría muchísimo. Pero si no volvía a casa, ¿qué iba a hacer? ¿Tenía que deshacerse del bebé? ¿Del hijo de ese hombre cruel?

Pero… pero ese bebé no tenía la culpa de nada. No era culpa suya venir al mundo. Tampoco era culpa de ella. ¡La culpa era de ese hombre despreciable! Él la había forzado. Él era el único culpable, no ellos dos. ¿Debía tenerlo, entonces? ¿Y después qué? No quería que su madre supiera que estaba embarazada, pero tampoco quería abortar. ¿Dónde iba a esconder al bebé? ¿Sería capaz de criarlo con lo poco que ganaba?

Sollozaba sin parar. Los pensamientos se le iban de un lado a otro. No sabía qué actitud tomar. Ninguna de las ideas que se le ocurrían tenía salida. Todo era un callejón sin salida, igual que su cabeza.

Pasó casi una hora llorando, tratando de pensar y de encontrar una solución. Cuando se cansó de llorar, se tendió boca arriba en la cama del hospital y se quedó mirando el techo, llorando en silencio.

¿Por qué le había tocado este destino? A veces sentía que Dios era injusto con ella. Siempre se había esforzado por ser una buena mujer. Nunca le había reprochado a Dios la pobreza de su familia; había aceptado su suerte de corazón. Y precisamente por eso se había empeñado tanto en cambiarla, poco a poco.

En la escuela nunca envidió a sus compañeros a los que sus padres llevaban en moto o en coche. A ella le bastaban sus dos piernas para llegar. Nunca envidió a los que tenían cosas bonitas, ni a los que se iban felices al cine. Daba gracias por lo que tenía y no envidiaba lo que no tenía.

Estudió muchísimo para sacar buenas calificaciones, porque así la escuela le daba un poco de ayuda. Se había esforzado por ser una buena mujer. Ayudaba a su madre a cuidar a sus dos hermanos, que entonces eran muy pequeños. ¿Por qué, entonces, Dios no la quería un poco más?

¿Por qué le mandaba una prueba tras otra? Todavía no se reponía de la de hacía unas semanas, ¿y ya le caía otra encima? ¿Una todavía más dura? Estaba embarazada. Esperaba un hijo de un hombre al que odiaba. Llevaba una vida humana en el vientre. No podía matarla, ¿verdad? Después de todo, ese bebé no tenía ninguna culpa.

Seguía tendida boca arriba cuando reparó en las hojas que había junto a la cama. Recordó que se las había dado el asistente de aquel director despiadado. A regañadientes, empezó a leerlas, con la esperanza de encontrar ahí alguna respuesta a su problema.

ACUERDO

En la capital, el miércoles, en el mes de enero de 20XX, se celebra el presente acuerdo entre:

Los abajo firmantes:

Nombre: Maximiliano Giovanni Montenegro

Cargo: Director General de ERPWare Corp.

Domicilio: —

En lo sucesivo denominado PARTE I,

celebra el presente acuerdo con:

Nombre: Camila Alcázar

Cargo: Personal subcontratado de ERPWare Corp.

Domicilio: —

En lo sucesivo denominada PARTE II.

Ambas partes convienen en obligarse y someterse al presente acuerdo.

Cláusula 1

La PARTE I celebra el presente acuerdo con la PARTE II en virtud del hijo que la PARTE II lleva en el vientre.

Cláusula 2

La PARTE I se hará responsable de la PARTE II hasta que nazca el hijo que esta espera.

Cláusula 3

La PARTE I otorgará a la PARTE II una compensación de 50,000 dólares (cincuenta mil dólares) mensuales durante el embarazo.

Cláusula 4

La PARTE I otorgará a la PARTE II una compensación de 500,000 dólares (quinientos mil dólares) cuando el hijo que espera la PARTE II nazca sano y salvo.

Cláusula 5

Durante el embarazo, la PARTE II vivirá con la PARTE I bajo un mismo techo.

Cláusula 6

Durante el embarazo, la PARTE II tiene prohibido mantener una relación con cualquier otro hombre.

Cláusula 7

La PARTE II está obligada a velar por la seguridad del hijo que lleva en el vientre. En caso de que le ocurra algo, la PARTE I tendrá derecho a demandar a la PARTE II por negligencia.

Cláusula 8

La PARTE I obtendrá la custodia total del hijo una vez que nazca.

Cláusula 9

La PARTE II no tendrá derecho a ver, reconocer ni amar al hijo una vez nacido.

Cláusula 10

La PARTE II se compromete a dejar y olvidar al hijo una vez nacido.

Cláusula 11

Cualquier modificación al presente acuerdo solo podrá realizarse con el consentimiento de la PARTE I.

Cláusula 12

En caso de controversia sobre el contenido o la interpretación del presente acuerdo, ambas partes convienen en resolverla por la vía amistosa.

Cláusula 13

Los asuntos no previstos en el presente acuerdo se regularán posteriormente con el consentimiento de ambas partes.

PARTE I — PARTE II

(Maximiliano Giovanni Montenegro) — (Camila Alcázar)

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Alcenia Acosta
La ponen demasiado gafa
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