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La Reina De Las Cenizas

La Reina De Las Cenizas

Status: Terminada
Genre:Posesivo / Amor-odio / Villana / Completas
Popularitas:7.5k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

Ella es maltratada por su familia hasta que un golpe en la cabeza cambia su personalidad y saca su lado más despiadado

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Capitulo 6

Al final regresé a mis aposentos.

Mi tío se marchó después de dejarme a cargo del manejo de la casa. Incluso se tomó el tiempo de hablar personalmente con los siervos de la mansión para dejarles claro que, a partir de ese momento, debían obedecer mis órdenes.

Por primera vez, sentía que aquel lugar realmente me pertenecía.

Me fui al jardín de mis aposentos y me senté tranquilamente a tomar el té.

—No cantes victoria —dijo ella.

Levanté la mirada.

—Todavía tengo una sorpresa para ti.

No le hice caso.

Ya había soportado demasiadas cosas ese día.

Además, todavía tenía que resolver un asunto mucho más importante.

Mi matrimonio.

La boda sería en una semana.

Por fin iba a casarme con mi mejor amigo de la infancia.

O eso creía.

De repente, alguien saltó el muro que rodeaba el jardín.

Lo reconocí inmediatamente.



Prometido de Aine

—Hola, mi amor —dijo él con una sonrisa.

Me levanté de inmediato y corrí hacia sus brazos.

Durante unos segundos olvidé todos mis problemas.

Él era la única persona en la que todavía confiaba.

O eso creía.

—Tengo que decirte algo muy importante —dijo.

Me separé lentamente de él.

Su expresión había cambiado.

Entonces supe que algo iba mal.

—¿Qué ocurrió? —pregunté.

Él me tomó de la mano y me hizo sentar.

—No sé cómo decirte esto...

Lo miré fijamente.

—Vamos, dilo.

Tragó saliva.

—Vamos a cambiar los matrimonios.

Me quedé helada.

—¿Qué?

—Tú te casarás con el príncipe menor... y yo me casaré con tu hermana.

Sentí que el mundo se detenía.

—¿De qué estás hablando?

Él me sostuvo por los hombros.

—Me voy a casar con tu hermana y tú te casarás con el Demonio Imperial.

El Demonio Imperial.

Ese era el apodo del príncipe menor.

El villano.

El tirano al que todos temían.

El hombre que, según los rumores, odiaba a muerte a su propia prometida.

A mí.

—¿Estás bromeando? —pregunté con la voz temblorosa—. No hagas este tipo de bromas... porque duelen.

Mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.

Quería desaparecer.

Quería despertar y descubrir que todo aquello era una pesadilla.

—No, escúchame —dijo él apresuradamente—. Él es un tirano. Sé que eres fuerte, pero si ella se casa con él, morirá.

Lo miré sin entender.

—¿Y yo?

Él guardó silencio.

Una lágrima recorrió mi mejilla.

—¿Quién está pensando en mí?

No respondió.

—Nuestra boda es en una semana —dije, cada vez más desesperada—. ¿Cómo puedes decirme esto ahora?

Sentí que algo dentro de mí se rompía.

Comencé a golpearlo en el pecho.

—¡¿Cómo puedes hacerme esto?!

Él no intentó detenerme.

Yo había esperado una traición de todos.

De mi padre.

De mi madrastra.

De mis hermanos.

De todos.

Pero nunca de él.

Nunca de mi mejor amigo.

—No es lo que crees —dijo mientras intentaba abrazarme—. Ella es solo mi mejor amiga. Solo quiero protegerla.

Me quedé inmóvil entre sus brazos.

—Por eso elegí decírtelo yo —susurró.

Lo aparté de mí.

Lo miré con un odio inmenso.

—Te casarás en su lugar —insistió—. Después iré a buscarte.

No respondí.

Solo lo miré.

Porque por primera vez comprendí algo.

Incluso la persona que más amaba había decidido que mi vida era un precio aceptable para salvar la de alguien más.

—No podemos permitir que ella se case con ese demonio. Yo confío ciegamente en ti —dijo él.

Yo tenía los ojos hinchados de tanto llorar.

Lo miré durante unos segundos sin decir nada.

Ya no tenía fuerzas para discutir.

—Ya lo decidiste, así que no puedo hacer nada. Haz lo que quieras —dije con voz apagada.

Él sonrió, aparentemente feliz de que hubiera aceptado.

Aquella sonrisa terminó de destruir lo poco que quedaba de mi confianza.

—Largo. Vete. No quiero volver a verte.

Se quedó mirándome, sorprendido.

—Aine...

—¡Vete!

Se marchó.

Cerré las puertas detrás de él y me quedé completamente sola.

Entonces recordé las palabras de mi hermanastra.

«No cantes victoria. Todavía tengo una sorpresa para ti.»

Bajé la mirada.

Así que esta era la sorpresa...

Pensé que solamente ella estaba detrás de todo aquello.

Pero ahora lo entendía.

Ellos lo sabían.

Todos lo sabían.

Todos habían decidido mi destino sin siquiera preguntarme qué quería yo.

Me encerré en mis aposentos.

Y lloré.

Lloré hasta que me dolieron los ojos y ya no pude derramar una sola lágrima más.

Por primera vez, no quería ser fuerte.

Solo quería desaparecer.

A la mañana siguiente, mi sierva llegó corriendo a mis aposentos.

—¡Señorita! Ha llegado una carta del ducado Lee.

La miré con curiosidad.

—¿Qué dice?

—Su familia la ha convocado a una reunión familiar.

Suspiré.

Después de lo ocurrido la noche anterior, no tenía ningún deseo de verlos.

Pero también sentía curiosidad.

—Bien. Iremos. Solo tengo curiosidad por saber qué quieren decirme.

Mi sierva asintió.

Poco después subimos al carruaje.

Cuando llegamos al ducado Lee, me sorprendió encontrar a mi familia esperándome.

Todos estaban extremadamente alegres y serviciales.

Demasiado serviciales.

Me ofrecieron té, dulces y un asiento cómodo.

Los observé en silencio durante unos segundos.

No me gustaba nada aquello.

—Vayamos al grano —dije finalmente—. ¿Para qué me llamaron?

El ambiente cambió de inmediato.

Se miraron entre ellos, un poco incómodos.

Finalmente, la madre de Gael tomó la palabra.

—Escucha, querida... hemos tomado una decisión.

La miré fijamente.

Me quedé en silencio, esperando.

Quería saber qué nueva locura habían decidido sobre mi vida.

—Sabemos que tu hermana tiene un acuerdo matrimonial con Kamali.

Suspiré apenas escuché su nombre.

Solo pensar en aquel príncipe tirano me provocaba escalofríos.

—¿Y?

La mujer sonrió con cierta incomodidad.

—Hemos pensado en una solución.

Levanté una ceja.

—¿Qué solución?

—Gael se casará primero con tu hermana. Después irá por ti y tú te convertirás en su esposa secundaria.

Me quedé completamente inmóvil.

Los miré uno por uno.

No podía creer lo que acababa de escuchar.

Otra vez.

Otra decisión sobre mi vida.

Otra vez alguien había decidido que podía entregarme como si no fuera una persona.

Y lo peor de todo...

Ellos realmente parecían creer que me estaban haciendo un favor.

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Cardona salazar yolanda
partes tristes, pero un final feliz, gracias autora
Cardona salazar yolanda
siii con la protagonista
Cardona salazar yolanda
me encanta su actitud
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