«Él la celaba como si fuera suya . Ella se cansó del cuento . Ahora la mafia entera hace fila... y al italiano le va a costar el imperio .»
NovelToon tiene autorización de Eliette Maldondo Velazquez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
6
La burbuja se reventó en un microsegundo cuando la silueta alta de Marcelo apareció . Su rostro ya no tenía esa sonrisa burlona de hace unos minutos; sus ojos reflejaban una seriedad que solo aparecía cuando la palabra "familia" se usaba en su sentido más peligroso.
—Luciano —interrumpió Marcelo, poniéndose entre la pareja y el resto de los invitados—. Tu padre pide tu presencia .
Luciano ni siquiera soltó la mano de Tessa, manteniendo su agarre firme mientras miraba a su escudero con fastidio.
—En un momento —respondió el heredero, intentando ignorar la interrupción para seguir dando vueltas bajo las luces del palacio.
—No ahora —sentenció Marcelo, cruzándose de brazos con firmeza—. Así que muévete.
Tessa, notando la súbita tensión en los hombros de Luciano, parpadeó con esa dulzura que derretía glaciares y miró al recién llegado con una sonrisa cálida.
—Hola, Marcelo —dijo con su dulce voz.
La expresión rígida de Marcelo se suavizó un milímetro, transformándose en una mueca de afecto sincero.
—Muñequita —respondió él, inclinando la cabeza—. Tú también vienes.
Tessa abrió un poco más sus ojos , visiblemente sorprendida por la petición.
—¿Yo...? —tartamudeó, mirando de Marcelo a Luciano sin entender qué papel jugaba ella en la reunion
La reacción de Luciano fue instantánea. Su cuerpo se tensó por completo y dio un paso al frente, interponiéndose sutilmente entre Marcelo y la chica, como si intentara protegerla de una amenaza invisible.
—¿Y ella para qué? —bramó Luciano, con un tono áspero que denotaba lo mucho que le desagradaba la idea de involucrar a su "hada" en los asuntos oscuros .
— no lo sé —admitió Marcelo, levantando las manos en señal de frustración—. Solo pidieron que se presente también. Son órdenes directas de arriba.
A ver, esperen, esperen, esperen... ¿Qué carajos está pasando aquí? Déjenme procesar esto porque mi cabeza va a explotar. Ella nunca entra a ese lugar. Jamás. Y miren que yo soy esa vocecita que está metida en todos lados, husmeando en los rincones más oscuros de este imperio, y jamás en la vida la he visto cruzar esa puerta blindada para mezclarse entre esos tiburones. Esto no me huele nada bien. Huele a peligro, huele a secretos y, sobre todo, huele a que la cómoda vida de Luciano se va a ir al demonio en los próximos cinco minutos.
Sin poder oponerse a una orden directa del patriarca, Luciano guió a Tessa por los pasillos ocultos del palacio, con Marcelo vigilando la retaguardia. Cruzaron la imponente puerta de madera de roble que conducía al despacho privado de don Vittorio Marchesi.
Al entrar, el ambiente se volvió denso, casi irrespirable. El despacho estaba decorado con muebles antiguos, cuadros de incalculable valor y el clásico olor a tabaco caro y whisky de malta. Pero lo verdaderamente impresionante no era el lugar, sino quienes estaban sentados alrededor de la mesa principal. Wow... están los patriarcas. No solo estaba don Vittorio, el imponente jefe del imperio, sino también los hombres más poderosos del consejo de la mafia italiana.
—Papi —exclamó Tessa, rompiendo la rigidez del protocolo y caminando directo hacia uno de los hombres mayores que estaba sentado junto a don Vittorio. El hombre, a pesar de su aspecto rudo y las cicatrices que contaban historias de guerras pasadas, se ablandó por completo al verla.
—Mi ángel —respondió su padre, extendiendo los brazos para darle un beso en la frente con una devoción absoluta.
Luciano y Marcelo se detuvieron en seco en medio de la habitación, adoptando la postura firme que se esperaba de los herederos del imperio.
—Padre —saludó Luciano, inclinando la cabeza hacia don Vittorio. Luego miró al padre de Tessa—. Tío.
—Luciano. Marcelo —asintió don Vittorio desde su sillón de cuero, exhalando una densa nube de humo de su cigarro. Sus ojos, fríos como diamantes, se clavaron en su hijo—. Bueno, los hemos llamado porque sé que ustedes adoran como si fuera su hermana a Tessa.
Siento que esto no terminará bien... de verdad se los digo. ¿Cuánto quieren apostar? Puedo oler el desastre desde aquí y les juro que nuestro italiano va a sufrir un golpe del que no se va a recuperar fácilmente.
El padre de Tessa tomó las pequeñas manos de su hija entre las suyas, mirándola con una mezcla de orgullo y solemnidad que hizo que a Luciano se le helara la sangre .
—Mi princesa, mi hermoso ángel... —comenzó el hombre, carraspeando un poco para darle más peso a sus palabras—. El consejo ha estado hablando. Ya no eres una niña y el mundo en el que vivimos es cada vez más peligroso. Por eso, hemos decidido que buscaremos al mejor candidato para tu mano. Un matrimonio estratégico que asegure el futuro de nuestra dinastía.
Un silencio sepulcral cayó sobre la habitación. Podías escuchar el tic-tac del reloj de pared resonando como una bomba de tiempo.
—¡¿QUE?! —el grito no salió de los labios de Tessa.
Salió de la boca de Luciano, y resonó en las paredes del despacho con la fuerza de un cañonazo, mientras sus ojos se inyectaban en sangre y su puño se cerraba con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos .
¡La bomba acaba de estallar en la cara de Luciano! De la "zona de hermanos" directo a la venta de matrimonio concertado de la mafia