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Un Corazón De Acero: El Precio De Amar

Un Corazón De Acero: El Precio De Amar

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Traiciones y engaños / Amor-odio
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Guadalupe Garza

Trilogía: Pecados de Élite

Libro 1: Un Corazón De Acero: El Precio De Amar

Ella es la Teniente Morgan de la Fuerza Especial de Élite Militar (F.E.E.M.), una mujer de hierro acostumbrada a tener el control. Durante años, ha construido una relación estable y segura con su novio, el capitán Cross, el hombre que representa su futuro y su puerto seguro.

Pero tras dos semanas de ausencia de ella por un luto familiar, todo cambia al volver a la base. Allí es recibida por la imponente presencia del nuevo coronel: un hombre magnético que se convierte en su tentación más oscura, un pecado inconfesable y, probablemente, su mayor error.

El verdadero peligro se revela cuando descubre la verdad: ambos hombres comparten la misma sangre.

Ahora, atrapada en un triángulo de lealtad y deseo, su mente jura que su corazón le pertenece al capitán, pero su cuerpo arde por el coronel.

Cuando el deber militar choca contra una pasión prohibida entre hermanos, el peligro aumenta.

¿Qué podría salir mal?

NovelToon tiene autorización de Guadalupe Garza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6: Reflejos de neón y miradas prohibidas

Alec Cross.

Ver a esa mujer que no habia logrado sacar de mi cabeza ni un solo segundo desde la mañana, fundida en ese exquisito vestido negro de alta costura, era una auténtica perdición. El maquillaje sutil resaltaba la profundidad de su mirada verde, y su piel blanca parecia brillar bajo la tenue luz del tablero. Iba sentada a mi lado en el habitáculo de mi Ferrari negro mate, con la vista completamente perdida en las luces parpadeantes de la ciudad que desfilaban a travrs de la ventanilla.

Pero mi atención se desvio de la carretera por un segundo, cayendo directamente sobre su brazo izquierdo. Ahí, justo sobre la piel clara, la brutal presión de los dedos de mi hermano había dejado una marca roja e inconfundible. La rabia me recorrio las entrañas como un veneno frio.

Sin pensarlo demasiado, extendi la mano y rozé con la yema del dedo la zona magullada. Victoria se sobresalto de inmediato, conteniendo la respiración mientras su cuerpo se tensaba como una cuerda de acero bajo el vestido. Bajó la mirada hacia mi mano, observando lo que hacia, y de inmediato llevó su propia mano para cubrir la marca, intentando ocultarla de mi vista. La miré de reojo, sintiendo el motor del auto rugir bajo nuestros pies.

—No soy quién para opinar sobre los asuntos de su vida privada, Teniente... —le dije con voz ronca, sin apartar los ojos de la autopista —pero ninguna mujer con un apice de dignidad debe permitir que la traten asi

Una furia extraña, densa y primitiva me habia atravesado el pecho desde el momento en que vi a Dante sujetarla de esa manera en su alcobaa

¿Cómo demonios era capaz de dañarla de esa forma? ¿Cómo se atrevia a tratarla como si fuera un objeto de su propiedad, cuando ella era una Morgan, una oficial brillante y una teniente de élite impecable? ¿Por qué diablos actuaba como un imbécil inseguro?

—Dante no es así... simplemente... no sé que le pasa últimamente —murmuró ella bajito, intentando justificarlo con un tono que sonaba más a un intento de convencerse a si misma que a mí.

Su defensa me molestó más de lo debido, aprete el volante con fuerza y me limité a asentir en silencio, guardando el resto de mis venenosos pensamientos para mí.

Minutos después, me estacione con precisión en la entrada del exclusivo recinto. El valet parking se apresuró a abrirle la puerta a Victoria, mientras yo le entregaba las llaves del auto. Tomé suavemente su mano con la mía, envolviendo su brazo en el mío con una naturalidad que fingia protocolo, pero que quemaba en la piel.

—Recuerde nuestro papel, Teniente. Venimos a cenar como una pareja que celebra su aniversario en la alta sociedad —le susurre al oído al pasar junto a ella. Victoria asintio con la barbilla en alto, adoptando una máscara de absoluta elegancia.

Entramos al local. El ambiente era sofisticado, envuelto en una penumbra elegante iluminada por tenues lámparas de araña y velas en las mesas. El personal nos guio hacia una mesa privilegiada en la planta alta. Subimos las escaleras escuchando el repiqueteo seco y rítmico de los tacones de Victoria contra la madera fina. El lugar desbordaba exclusividad, papel tapiz moderno de diseño geométrico, cortinajes pesados de terciopelo y una atmosfera cargada de murmullos de empresarios corruptos y rostros conocidos de los bajos fondos.

Moví la silla para que se sentara, rozando sutilmente su espalda descubierta, y tomé asiento justo frente a ella. Nuestra mesa estaba situada junto a un enorme ventanal de suelo a techo, con las puertas de cristal totalmente abiertas hacia un balcón privado que dejaba entrar el viento fresco y limpio de la noche londinense. Vi cómo Victoria admiraba el entorno en completo silencio, absorbiendo cada detalle con la mente calculadora de una espía, mientras un camarero se acercaba a dejarnos una botella de vino tinto de añada exclusiva.

—Ese de ahí... el que está en la mesa del fondo junto a la columna, rodeado de hombres con trajes italianos —murmuró ella con los labios apenas moviéndose, sin apartar la vista de su copa —es Marco Moretti, el enlace financiero de la red.

—Estudio el informe al dedillo, Teniente. No se le escapa ninguno —le contesté con una media sonrisa, sirviendo un poco de vino en su copa.

—Siempre he dicho que mi trabajo de campo es vital para mantener a flote esta organización —respondió con una chispa de orgullo desafiante en los ojos.

Pedimos la cena y, para mantener las apariencias ante los ojos de los mirones del local, fingimos entablar una conversación animada, riendo de cosas banales como si fueramos dos amantes disfrutando de una velada romántica. De vez en cuando, bajo el parparo de la mesa, mis nudillos rozaban el dorso de su mano, y cada vez que ella levantaba la vista para responderme, esos inmensos ojos verdes lograban detenerme el corazón en el pecho por una fracción de segundo.

Yo era un maldito malnacido, lo sabía perfectamente. Un hijo de perra endurecido por la guerra y los cuarteles, un hombre que jamás habia sabido lo que era querer a alguien de verdad, ni le interesaba aprenderlo. Las cursilerias y el amor doméstico no iban conmigo; yo operaba bajo mis propias reglas, obtenía lo que quería y seguía adelante sin mirar atrás. Pero con Victoria, las reglas del juego parecían disolverse en el aire.

—Voy al baño un momento —me avisó de repente, poniéndose de pie con gracia mientras abría el broche de su pequeño bolso de mano.

Asenti con la cabeza y la segui con la mirada hasta que se perdioo por el pasillo privado que conducía a los tocadores. Pasaron varios minutos... minutos que se me hicieron eternos en esa mesa solitaria, antes de verla regresar con el paso calmado, una sonrisa enigmática en los labios y al llegar tomo la copa de vino ya lista entre sus dedos.

—Ven conmigo al balcón —me propuso en un tono extrañamente seductor y complice que me dejo completamente descolocado.

Aun así, no dude ni un segundo. Me puse de pie y la seguí hacia la terraza exterior. Victoria se colocó junto a la barandilla de cristal, dándole la espalda a la calle y quedando frente a mí, recargada con una elegancia felina. Yo me pare muy cerca, apoyando las manos en el barandal y dándole la espalda al salón principal para bloquearla de cualquier mirada indiscreta.

Con total naturalidad, sacó un diminuto auricular inalámbrico de su bolso y me lo tendió. Lo tomé de sus dedos y me lo coloque en el oido derecho, mientras ella daba un sorbo lento a su copa de vino.

Al segundo de ponermelo, una voz clara y cristalina comenzó a reproducirse a través del dispositivo, filtrando el audio de una conversación en perfecto italiano con acento cerrado..

—Sí, el cargamento principal estará asegurado en el puerto de Tilbury a las ocho de la mañana, hora de Londres. Nadie sospechará nada... —decía la voz grabada.

Mire a Victoria con una mezcla de sorpresa y profunda admiración. Por su mirada astuta, supe de inmediato que había adivinado lo que estaba a punto de preguntarle antes de que abriera la boca

—Tuve un pequeño tropiezo táctico en el pasillo... se me atoro el arete en la solapa del saco de un invitado muy indiscreto, y digamos que aproveché la oportunidad para colocar un micro-micrófono magnético en su solapa sin que se diera cuenta —me explico con una sonrisa de suficiencia absolutamente encantadora.

—Excepcional, Teniente. Joder... empiezo a entender perfectamente por qué el ministro Blackwood y el capitán Kincaid la recomendaron sin dudar para esta operación —admiti, sin poder ocultar la fascinación en mi voz.

—Siempre hay que tener más de un plan bajo la manga, por si el destino decide complicar las cosas. Lo aprendí de mi madre —respondio ella con una serenidad pasmosa, volviendo a beber de su copa.

En ese exacto instante, una sombra masculina invadió nuestro espacio privado.

—Disculpen la intromisión, signorina... —terció una voz ronca con acento italiano, haciéndonos girar a ambos. Era uno de los hombres de la mesa del fondo. El maldito italiano se había acercado sin invitación, con una sonrisa cínica y los ojos fijos en el escote y el cuerpo de Victoria —creo que su arete se quedó enganchado en la solapa de mi saco antes... Me parecio correcto devolvérselo en persona.

El tipo ni siquiera se molestaba en disimular el descaro con el que la estaba devorando con la mirada. Senti cómo la sangre me hervía en las sienes, un instinto territorial y violento amenazó con romper mi fachada militar en cuestión de segundos.

—Muy amable por su par.....

—Puede retirarse ahora, estamos ocupados disfrutando de la noche —intervine yo antes de que Victoria pudiera mediar palabra, adoptando un tono gélido, aspero y profundamente amenazante que hizo que la sonrisa del italiano vacilara al instante.

El hombre nos miró a los dos, evaluando la tensión palpable en el aire, y opto por dar media vuelta y perderse de nuevo en el interior del restaurante bajo la fría mirada de Victoria.

—Digale a la teniente Shaw que ya puede sincronizar su terminal y revisar la grabación completa de la conversación de los italianos en cuanto regresemos a la base —me indico Victoria con absoluta profesionalidad, como si el incidente con el acosador no hubiera significado nada para ella.

Saqué la tarjeta, pague la cuenta con rapidez y salimos del local bajo la fría brisa nocturna. El protocolo militar dictaba regresar de inmediato a los cuarteles tras concluir la infiltración y entregar el informe preliminar, pero en ese momento, las órdenes de la F.E.E.M. me importaban una absoluta mierda.

Gire el volante en dirección contraria, buscando la salida de la ciudad.

Mantuve los neumáticos firmes sobre el asfalto de la A13, devorando los kilómetros en dirección opuesta a la base militar. El protocolo exigía el retorno inmediato tras la cena de reconocimiento, pero ignoré por completo las directrices y desvie la ruta hacia los solitarios y oscuros parajes de West Thurrock.

A mi lado, Victoria guardaba un silencio absoluto. El delicado aroma a Wood Sage & Sea Salt de su piel inundaba el espacio cerrado del Ferrari, mezclandose con el olor a cuero y la tensión de la cabina. La miré de reojo, bajo los destellos intermitentes de las farolas y la luz de la luna que penetraba por el parabrisas, parecía una criatura de otro mundo. Una ninfa perfecta, etérea y salvaje, atrapada por un cruel capricho del destino en mi rigido universo de leyes, secretos y rangos militares... una mujer que, por desgracia y por lazos de sangre, le pertenecía oficialmente a mi hermano menor.

—Coronel... nos estamos desviando de la ruta —rompió el silencio con esa voz suave, intentando aferrarse de nuevo a la fria formalidad militar —la base principal queda exactamente hacia el otro lado de la autopista.

No me molesté en responderle.

Pisé el freno con suavidad y detuve el vehículo en el estacionamiento abierto y solitario del Alexandra Lake. Frente a nosotros, las imponentes y coloridas luces de neón de la feria de The Quays parpadeaban intensamente contra la superficie del agua negra y el cielo nocturno, proyectando destellos rojos y azules sobre nuestros rostros. Apagué el motor por completo, sumergiéndonos en una atmósfera densa, silenciosa y peligrosamente íntima.

—Coronel Cross... esto no está autorizado —insistió ella, girandose por completo hacia mí en el asiento, con el reflejo de la rueda de la feria titilando en la profundidad de sus enormes ojos verdes.

—Solo un par de horas, Victoria —murmure, rompiendo de un solo tajo cualquier barrera de rango militar mientras sostenia su mirada con una intensidad abrasadora —el protocolo puede esperar pudriéndose en la carretera. Nadie sabe que estamos aquí, nadie nos está buscando...

—No deberíamos hacer esto... —susurró ella, y aunque las palabras llevaban una advertencia de prudencia, su cuerpo no hizo ni el más mínimo amago de buscar la manilla de la puerta para bajarse.

—Se perfectamente que no debemos. Pero mirate... eres demasiado jodidamente perfecta para estar encerrada en una base militar esta noche —le dije con la voz ronca, desabrochandome el cinturón de seguridad y girándome hacia ella —apaga la mente por un maldito segundo. Camina conmigo junto al lago. Solo un momento...

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Estefanny Castro
me encanta la novela me gustaría que subieras más capitulos o que hicieras un maratón
Estefanny Castro: cuál es el nombre de la otra plataforma para leer las historias que has hecho
total 3 replies
Nairobis Cardozo Portillo
Alec estás jugando con fuego y te vas a quemar 🔥
Guadalupe Garza: yo diría que los dos 🤭
total 1 replies
Nairobis Cardozo Portillo
Peligroso muy peligroso 🔥
Nairobis Cardozo Portillo
Dios mío ésto está que arde🔥
Guadalupe Garza: Y lo que falta
total 1 replies
Nairobis Cardozo Portillo
Excelente comienzo
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