El mundo cuenta con civilizaciones que se han perdido por el paso del tiempo; continentes y reinos enteros fueron sumergidos por el agua , la lava , la arena y el hielo , y solo se tiene registro de las culturas y civilizaciones actuales porque quedaron infraestructuras y relatos de manera interna y externa de ellas.
Pero ¿qué pasaría si antes de que la humanidad surgiera ,existía una especie con poderes sobrenaturales cuyas culturas se asemejaban a las humanas, pero miles o, a veces, hasta millones de años atrás, y por eso no se tenía registro de que existieron «los antiguos»?
Kevin es un antiguo que despertó en la era actual y que deberá descubrir su pasado e identidad en medio de un conflicto entre un culto oscuro y la humanidad y Kevin deberá decidir en qué bando peleará
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andersen
Jean se quitó la bandana de la cabeza y la amarró para cubrirse la boca. Edgard le dio un par de lentes de visión nocturna que sacó de un agujero negro; los oscuros carros se parquearon frente al jardín y varios miembros de los cruzados bajaron de estos para formar dos hileras de hombres que miraban hacia delante. Luego bajó un hombre de edad avanzada que caminaba elegantemente en medio de los soldados.
Andersen tenía 56 años, el cabello plateado por las canas, arrugas en su frente, sienes y en las mejillas; nariz gruesa y ojos color café claro; también vestía un traje elegante gris, el cual mantenía abierto. Extendió los brazos hacia Edgard, quien le miraba con una sonrisa en el rostro.
—Strathman, ¡oh, viejo amigo!, siempre arruinando las cosas —dijo Andersen tocando su cabeza y agitándola negativamente. Miró a su alrededor, notando todo lo provocado por la necromante—. Supongo que tu enemiga ya había perdido el ancla que la conectaba a la tierra.
—Asesinó al señor Thompson —dijo Edgard.
—¡Ah!... Dos semanas después de la desaparición de su hijo, ¿no la interrogaste antes de entrar en acción? Creo que ella tenía que ver con el muchacho; después de todo, él fue el único civil afectado por el ataque del skinwalker, aparte del leñador —dijo Andersen tocando su barbilla. Luego miró al acompañante de Strathman.
—¡Oh!, es un nuevo recluta, como te había comentado antes —dijo Edgard algo nervioso.
—Creo que debemos conversar a solas —dijo el alcalde mirando a sus subordinados—. Ellos dos irán conmigo a mi oficina y ustedes se quedan aquí a investigar la zona y a ayudar a los vecinos.
Los dos se subieron al mismo carro que Andersen, sentándose en la parte de atrás del automóvil. El adolescente se encontraba nervioso, pero disimulaba mirando por la oscura ventana y aún no se quitaba la máscara improvisada, al contrario que su compañero, que platicaba animadamente sobre cómo se habían conocido hacía varios años. Sin embargo, Jean no prestaba atención a la conversación e iba formulando ideas para engañar al anciano en caso de que tuviera que mostrarle la cara, a pesar de que ese veterano fuera el superior de Edgard y como tal ya supiera varias cosas.
Llegaron a un edificio blanco, el ayuntamiento del pueblo. El joven siguió a ambos hombres a través de pasillos elegantes adornados de mármol, pinturas que glorificaban a una mujer y a Inglaterra en general; entraron en una habitación con alfombra roja y muy cara, en la que había un escritorio hecho de madera fina cubierto de un computador, muchos papeles, documentos, libros, un par de lentes, una botella de bourbon y tres copas de cristal. Frente al mueble había dos sillas de cuero y, al costado, tres estantes repletos de libros.
En el otro lado de la habitación había varias repisas con trofeos extraños, restos de criaturas fantásticas: un hada disecada dentro de un frasco, cráneos de vampiros, enormes escamas del tamaño de una cabeza humana, el cuerno de un unicornio; objetos religiosos en general, como crucifijos, la estrella de David, nazar, runas vikingas y atrapasueños.
—Siéntense —ordenó Andersen sentándose en su silla y apoyando los antebrazos en el escritorio. Los otros dos hicieron lo mismo. —Seré claro, Jean Thompson. Necesito saber qué relación tienes con Susan Strathman.
—Ella se metió en la casa y nos atacó —respondió Jean.
—Pero había alguien más, aparte de ti —dijo Andersen.
—Ella sacó esqueletos de la nada —agregó el pecoso.
—Ahora, ¿cómo carajos sobreviviste dos semanas en el bosque y llegaste por la noche a tu casa sin ningún trauma o herida? —preguntó Andersen en un tono agresivo.
—Yo…
—Lo secuestré —terció Edgard.
—¿Qué?, debe ser una jodida broma —dijo Andersen, molesto y, a la vez, curioso.
—Como sabrás, Kevin es mi subordinado. Él se encargó de estudiar a Jean cuando andaba de civil —dijo Strathman—. Después de que el Pecas matara al skinwalker, lo ingresé en la dimensión de bolsillo.
—¿O sea, que sospechaban de los Thompson desde hace cuánto tiempo? —cuestionó Andersen.
—Cuando pedí los informes de Jean, estos no coincidían con lo que Kevin me había reportado. Algo o alguien jugó con los pensamientos de todo el pueblo y esto indicaba que los culpables podrían ser sus mismos padres —dijo Edgard.
—Esta noche ha sido demasiado larga para mí —apuntó Jean.
—¿Y Susan? —preguntó Andersen—. ¿Cómo es que te atacó a ti y por qué decidieron asesinarla?
—Rompió una regla de la familia y lo más probable es que trabajara para los Thompson, ya que Kevin se vio obligado a eliminar a Max Thompson cuando estos revelaron ser una amenaza —dijo Edgard.
—Mi madre escapó y en esos minutos debió llamar a Susan Strathman —añadió Jean.
—Permíteme mantenerlo como un subordinado; sabes que D está muerto, necesito un tercer miembro para mi escuadrón. Si resulta ser una amenaza real, cualquiera puede eliminarlo, como es la ley —pidió Edgard.
—¿Por qué dijiste que Susan mató a sus padres? —preguntó nuevamente el anciano, sobando su sien.
—Porque como ella estaba en la organización de los cruzados y al mismo tiempo con los Thompson, creí que cualquier miembro podía estar metido —dijo Edgard rascando su barba.
—En verdad, yo nunca supe en qué estaban metidos aquellos dos señores, pero quiero saber la verdad de todo esto. Si se esforzaron tanto en seguir con una mentira y uno de ellos murió en el intento, es porque algo grave estaba pasando —dijo Jean con un nudo en la garganta.
—Sí, debe ser bastante difícil aceptar lo que estás viviendo, muchachito, pero si estás dispuesto a morir por tus ideales, por la verdad y la justicia, y darle tu corazón a la reina, entonces entra —dijo el anciano.
—Lo estoy —dijo Jean levantándose de su asiento con bastante seguridad.
—Entonces, bienvenido a los cruzados, muchacho. Deberás hacer un examen para poder entrar; espero con ansias que te quedes —dijo Andersen juntando sus palmas. Los dos cruzados se levantaron de sus asientos y se retiraron sin antes despedirse de él.
El regreso a casa fue bastante tranquilo; ninguno de los dos habló mucho, ambos se encontraban bastante cansados por la energía gastada en la batalla. Se sentaron en el sofá frente al televisor relajando los músculos.
—Me sorprende que después de despertar tu habilidad dormida aún estés despierto y hayas podido caminar —dijo Edgard tomando el control remoto.
—Pero el cuerpo entero me duele —dijo Jean sin moverse.
—Pues claro, tu cuerpo no se acostumbró a ese cambio repentino, pero creo que en el pasado debiste ser alguien que la usaba demasiado: rompiste a esos esqueletos con la presión del agua y envolviste tu cuerpo con ella —dijo Edgard cambiando de canal.
—Yo no lo envolví, es como si el agua tuviera mente propia —respondió Jean.
—Por eso digo que antes eras alguien acostumbrado a su poder; quizás fue tu subconsciente el que provocó eso en el momento de sentir tensión al borde de la muerte —dijo Edgard—. A Kevin le pasó lo mismo cuando se sentía con miedo; igual ya deja eso de lado. Pasaste por mucho esta noche y tu examen consiste en sobrevivir una semana en el bosque solo.
—Espera...
—No esperaré, dijiste que sí ibas a entrar y yo me encargaré de entrenarte lo necesario estas dos semanas; podrás seguir entrenando si sigues con vida —añadió Edgard.
—¿O sea, que tendré que pelear? Pero si no sé usar el agua, apenas si la usé esta vez —dijo Jean nervioso, entrecerrando el ojo derecho. Al notar esto, lo cubrió con su mano derecha.
—Pero sabes defenderte a mano limpia.
—¿Y eso me servirá contra los monstruos? —preguntó Jean—. No sé usar una espada o algún arma blanca, apenas sé usar un cuchillo de cocina... para putas cocinar.
—Bien —dijo Edgard dando un aplauso.
—¿Qué?, no está bien —contestó el pecoso frunciendo el ceño.
—Ya te dije que yo te enseñaré, ahora vete a descansar al sótano —ordenó Edgard, indicando una puerta en la pared—. Solo hay tres habitaciones en esta casa, pero no quiero que toques nada. —El pecoso obedeció sin contestar nada, bajando a la oscuridad de aquella habitación sin encender la luz, ya que no se dio cuenta de que el interruptor estaba al lado suyo. Strathman, simplemente, revolvió su cabello y siguió viendo la TV buscando alguna película de terror.
En esos mismos momentos, Andersen aún se encontraba en su oficina. Cerró con llave el cerrojo de la puerta y luego se dirigió a su escritorio; se agachó para tocar un tablero insertado en la madera, que era un resorte para abrir un cajón secreto que escondía una caja de madera. El hombre sacó esta caja y la abrió después de haberla posado encima del escritorio. Dentro de la caja se encontraba un artefacto antiguo de oro, una especie de tablilla con la forma de una cabeza humana y un engranaje incrustado en ella; en el centro había una gema roja que estaba unida por varias hendiduras que apuntaban al exterior de la tabla. Toda la forma estaba repleta de palabras en un idioma olvidado por la historia.
—¿Qué eres? —preguntó Andersen tomando la figura en sus manos. La gema emitía un leve brillo carmesí; el hombre, de pronto, se sintió observado, sintiendo que había alguien más aparte de él en la habitación, así que optó por devolver el objeto a su lugar.
Fuera del edificio había una persona mirando directamente a la ventana de la habitación de Andersen; usaba sudadera gris y cubría su rostro; en la espalda de su ropaje traía el mismo símbolo con la forma de la estatua que posee Andersen. La persona sonrió con malicia.
—Lo tenemos —dijo la persona con una sonrisa torcida.