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Renací Como La Esposa De La Muerte.

Renací Como La Esposa De La Muerte.

Status: Terminada
Genre:Romance oscuro / Amor eterno / Pacto diabólico / Completas
Popularitas:5k
Nilai: 5
nombre de autor: Tatiana.

Valeria Montenegro lo tenía todo: éxito profesional, riqueza, una familia amorosa, un matrimonio estable y una vida perfecta a los ojos de todos. Pero por dentro, su alma se consumía en un vacío profundo y doloroso. Atrapada en una existencia ordenada y predecible, sentía que solo existía, no vivía. Buscaba desesperadamente pasión, emoción y un sentido que nunca encontró en su mundo humano, incluso cuando tomó la valiente decisión de romper con todo para buscar su propio camino. Sin embargo, el destino tenía otros planes. Una noche de tormenta, un accidente fatal le arrebató la vida justo cuando estaba a punto de empezar de nuevo. En sus últimos momentos, su alma gritó un deseo desesperado: "Haré lo que sea, iré a donde sea, con tal de sentir algo real, aunque sea oscuridad, aunque sea muerte".
Su petición fue escuchada.

NovelToon tiene autorización de Tatiana. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5: Bienvenida a tu nuevo hogar.

Ya no estaba en elcoche destrozado. Ya no estaba en la carretera mojada. Ya no estaba en mi mundo, ni en mi vida humana, ni en todo lo que había conocido.

Estaba de pie, descalza, sobre un suelo de piedra negra pulida que brillaba como si estuviera mojada, que reflejaba mi figura como un espejo oscuro. Estaba en una habitación inmensa, alta, con paredes de la misma piedra negra, cubiertas de grabados antiguos, símbolos y figuras que parecían moverse lentamente, que parecían contar historias sin fin, historias de vida y de muerte, de amor y de olvido.

La luz era grisácea, suave, eterna, como si el sol nunca saliera ni se pusiera, como si siempre fuera el crepúsculo, ese momento mágico entre el día y la noche donde todo es posible. El aire era frío, denso, cargado de una energía antigua y poderosa que se podía sentir en la piel, que se podía respirar, que te llenaba los pulmones y te hacía sentir despierta, alerta, viva como nunca antes me había sentido en mi vida humana.

Miré mis manos. Ya no eran las manos de Valeria. Eran más largas, más finas, de una piel pálida y suave como la seda, casi traslúcida. Mis dedos eran elegantes, fuertes, y sentí, al moverlos, que tenían poder, que podían hacer cosas que yo nunca hubiera imaginado. Me toqué la cara, el pelo. Mi cabello, antes castaño oscuro, ahora caía en ondas espesas y largas, negras como la noche más profunda, con reflejos azulados y plateados que brillaban bajo la luz grisácea. Mis ojos… sentí que mis ojos habían cambiado. Que ahora veían mucho más allá de lo que se veía a simple vista, que ahora podían ver la verdad, la esencia de las cosas.

Me acerqué a una de las paredes de piedra pulida, que hacía las veces de espejo, y me vi. Y por un momento, me quedé sin aliento, sin aire, con el corazón latiéndome desbocado en el pecho.

La mujer que me devolvía el reflejo era hermosa. Hermosa de una forma que dolía, de una forma antigua, poderosa, peligrosa. No era la belleza suave y dulce de Valeria. Era una belleza intensa, magnética, oscura, llena de fuerza y de misterio. Tenía mis rasgos, sí, la estructura de mi cara, la forma de mis labios, pero todo se había agudizado, perfeccionado, hecho más intenso. Y mis ojos… mis ojos ya no eran marrones. Eran grises, plateados, profundos como abismos, brillantes, llenos de una luz propia, de una inteligencia y de una fuerza que me asombró.

—Lysandra —dije en voz alta, y mi voz sonó diferente, más profunda, más rica, más poderosa. Y supe que ese era mi nombre ahora. Ya no era Valeria. Valeria había muerto en esa carretera, bajo la lluvia. Yo era Lysandra. La nueva reina. La esposa de la Muerte.

Y entonces, escuché el sonido de pasos pesados, lentos, seguros, que se acercaban desde la oscuridad del pasillo que se abría al fondo de la sala. Pasos que hacían temblar ligeramente el suelo, que anunciaban la llegada de alguien inmenso, alguien poderoso, alguien que era el dueño de todo lo que existía aquí.

Y apareció él.

Alto, imponente, llenando todo el espacio con su sola presencia. Vestido con túnicas de seda negra y plata, cabello oscuro y largo cayendo sobre hombros anchos y fuertes, rostro hermoso y aterrador a la vez, rasgos perfectos, tallados como en mármol, pero con una vida y una fuerza que el mármol no tiene. Y sus ojos… esos mismos ojos grises, plateados, profundos como los míos, pero más antiguos, más sabios, más aterradores, llenos de milenios de historia, de soledad, de poder.

Se detuvo frente a mí, tan cerca que podía sentir el frío de su cuerpo, la energía inmensa que emanaba de él. Me miró de arriba abajo, con una mezcla de posesión, de admiración, de deseo y de algo más, algo antiguo y profundo que no pude entender en ese momento. Y cuando habló, su voz fue la misma que había escuchado en mi caída, la misma que había respondido a mi deseo.

—Bienvenida a tu nuevo hogar, Lysandra. Aquí es donde perteneces. Aquí es donde empieza tu verdadera vida. Y yo… yo soy Azrael. Tu esposo. Tu señor. Y tu destino eterno.

Y en ese momento, lo supe. No había vuelta atrás. No había regreso. Valeria había muerto. Y Lysandra había nacido. Para estar con él. Para reinar con él. Para amar y odiar con él. Para sentir todo lo que había pedido, y mucho más.

Y mientras lo miraba, mientras me perdía en esos ojos grises que me miraban como si me hubieran estado esperando desde el principio de los tiempos, sentí que mi alma, esa alma que había estado vacía durante tanto tiempo, empezaba a llenarse. Empezaba a llenarse de oscuridad, de luz, de fuego, de pasión, de una vida eterna e intensa que apenas estaba empezando.

Me quedé inmóvil, de pie sobre el suelo de piedra negra que brillaba bajo mis pies descalzos, incapaz de apartar la mirada de él. De Azrael. El Señor de la Muerte. El ser que, según sus propias palabras, me había concedido lo que mi alma había gritado desesperadamente en sus últimos momentos de vida. Y ahora estaba aquí, frente a mí, llenando todo el espacio con una presencia tan inmensa, tan poderosa, que sentía que el aire mismo se volvía denso y pesado a su alrededor.

Era hermoso. Esa era la única palabra que podía describirlo, aunque se quedaba corta. No era la belleza humana, suave o cálida. Era una belleza aterradora, fría, perfecta, tallada por siglos y siglos de existencia. Su piel era pálida, casi traslúcida, como la luz de la luna, y sus rasgos eran tan definidos, tan exactos, que parecían esculpidos en mármol negro y plata. Su cabello, oscuro como la noche más profunda, caía en ondas largas y pesadas sobre sus hombros anchos y fuertes, enmarcando un rostro que podría haber pertenecido a un dios… o a un demonio. Pero eran sus ojos lo que me tenía cautiva, lo que me hacía sentir pequeña y, al mismo tiempo, extrañamente completa. Esos ojos grises, plateados, profundos como abismos sin fondo, donde se reflejaban milenios de historia, de soledad, de poder absoluto. Y en ese fondo oscuro, vi algo más. Vi deseo. Vi hambre. Vi una posesión absoluta que me hizo estremecerme de pies a cabeza, con una mezcla de miedo y de algo mucho más peligroso: atracción pura y salvaje.

—Bienvenida a tu nuevo hogar, Lysandra —repitió, y su voz resonó en la sala, grave, profunda, como el trueno que retumba lejos, como la tierra misma hablando. Cada palabra caía sobre mí como una caricia y una sentencia al mismo tiempo—. Has viajado lejos para llegar aquí. Has atravesado la muerte misma solo por el deseo de vivir. Y ahora, por fin, estás donde siempre debiste estar.

Quise hablar. Quise preguntar, exigir respuestas, entender qué estaba pasando realmente, quién era él, qué significaba todo esto. Pero mi voz se negó a salir. Tenía la garganta seca, el corazón golpeándome con tanta fuerza contra las costillas que temí que se me saliera del pecho. Sentía su mirada recorriendo cada centímetro de mi nuevo cuerpo, desde mis pies descalzos, subiendo por mis piernas, por mi cintura, por mis hombros, hasta detenerse en mi cara, en mis ojos. Y en cada punto donde su mirada se posaba, sentía una quemadura fría, una energía extraña que me recorría la piel, que me hacía consciente de cada parte de mí, de cada cambio, de cada sensación nueva.

—¿Quién… soy yo? —logré susurrar al fin, con voz temblorosa, tocándome el pecho, donde mi corazón no latía con el ritmo acelerado y humano de antes, sino con un ritmo más lento, más profundo, poderoso y eterno—. Sé que ya no soy Valeria. Lo sé. Pero… ¿quién soy ahora?

Azrael dio un paso hacia mí. Solo uno. Pero fue suficiente para que la distancia entre nosotros desapareciera casi por completo. Su altura era imponente; tenía que levantar mucho la cabeza para poder mirarlo a los ojos. Él levantó una mano, lento, muy lento, como si temiera asustarme, como si estuviera acostumbrado a que todo ser vivo huyera de él. Sus dedos eran largos, finos, de una elegancia antigua, y cuando rozó mi mejilla, esperé sentir frío, hielo, la muerte misma. Pero lo que sentí fue algo distinto. Una temperatura fresca, sí, pero que quemaba, que vibraba, que enviaba ondas de choque por todo mi sistema nervioso, despertando sensaciones que no sabía que existían.

—Eres Lysandra —dijo, suavemente, mientras acariciaba mi piel con la yema de sus dedos, trazando la línea de mi mandíbula, mi barbilla, mis labios—. Eres la mujer que nació de la muerte y del deseo. Eres la reina de este reino de sombras, de niebla y de eternidad. Eres la única alma en milenios que tuvo el valor, o la locura, de pedir lo que tú pediste. De aceptar el precio que tú aceptaste.

Hizo una pausa, inclinándose un poco más hacia mí, hasta que su respiración, fría y con un olor a lluvia y a bosque antiguo, rozó mi cara.

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shaymi
ahora sí le va dar como cajón que no cierra 🤣🤣
shaymi
😍😍
shaymi
ahora sí viene lo emocionante 😍😍
shaymi
😍😍😍 me está encantado está historia 🥰
shaymi
me encanta 🥰🥰
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