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Bajo El Juramento De Sangre

Bajo El Juramento De Sangre

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Mafia / Traiciones y engaños
Popularitas:790
Nilai: 5
nombre de autor: Crismeldy Vásquez P

En Valenora, una ciudad donde el poder se hereda con sangre y la traición puede destruir imperios, dos familias dominan las sombras.
Alessia Bellandi, heredera de una poderosa familia italiana, ha aprendido a vivir entre secretos, lealtades y decisiones que nunca le han pertenecido.
Mikhail Orlov, heredero de un imperio ruso construido con disciplina y peligro, sabe que en su mundo una sola equivocación puede costar demasiado.
Cuando una amenaza comienza a mover piezas en las sombras, los Bellandi y los Orlov se ven obligados a sellar una alianza que nadie esperaba: un matrimonio por conveniencia.
Pero lo que comienza como un pacto frío pronto se convierte en una batalla de voluntades, deseo contenido y emociones que ninguno estaba preparado para sentir.
Mientras enemigos ocultos intentan destruirlos desde dentro, Alessia y Mikhail descubrirán que confiar puede ser el riesgo más peligroso ...y también el más inevitable.
porque algunas guerras nacen de la sangre .
Y otras del amor .

NovelToon tiene autorización de Crismeldy Vásquez P para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 6: Entre dos fuegos

Aquella noche, Alessia apenas pudo dormir.

Cada vez que cerraba los ojos volvía a ver el puerto.

El hombre de la gorra.

El sobre.

La forma en que Mikhail había aparecido justo a tiempo.

Y aquella frase seguía repitiéndose en su cabeza.

Hay alguien dentro de ambos lados.

A las tres de la madrugada seguía despierta.

Se levantó, se acercó a la ventana y observó las luces lejanas de Valenora.

Por primera vez comprendió con claridad que aquello había dejado de ser un simple problema entre familias.

Ahora había algo más.

Algo oculto.

Algo que estaba acercándose demasiado.

La mañana siguiente llegó con un cielo cubierto.

En la residencia Bellandi, el ambiente se sentía más tenso que de costumbre.

Alessia bajó al comedor y encontró a Vittorio hablando con dos hombres de seguridad.

Al verla, ellos se retiraron.

Su padre permaneció de pie.

—Quiero que hoy te quedes en casa.

La frase fue tan directa que Alessia sintió cómo la irritación le subía por el pecho.

—No.

—No te estoy preguntando.

—Y yo no voy a encerrarme.

Vittorio se acercó.

—Anoche alguien te siguió hasta el puerto.

Alessia lo miró sorprendida.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque uno de mis hombres te vio.

El silencio cayó entre ambos.

—¿Me estás vigilando?

—Te estoy protegiendo.

—Eso no es lo mismo.

La tensión creció.

Por un instante, los dos se miraron como si ninguno quisiera ceder.

—No entiendes la gravedad de esto —dijo Vittorio.

—Entonces explícamela.

Su padre exhaló lentamente.

—Alguien está usando información interna. Movimientos, rutas, horarios. Y quien sea conoce demasiado.

—¿Crees que es alguien de la familia?

Vittorio no respondió.

Y eso bastó.

El corazón de Alessia se tensó.

—Dime la verdad.

—Todavía no tengo pruebas.

—Pero sí sospechas.

Su padre bajó la mirada un segundo.

—Sí.

Aquella sola palabra hizo que todo se volviera más real.

Al otro lado de Valenora, Mikhail estaba en el edificio Orlov.

Yuri entró en su despacho con expresión seria.

—Tenemos otro movimiento.

Mikhail levantó la vista.

—¿Dónde?

—Muelle cuatro. Esta madrugada.

Yuri dejó varias fotografías sobre el escritorio.

Mikhail las revisó con calma.

En una de ellas aparecía el mismo hombre de la gorra.

—Es él —dijo.

—Sí.

—Lo siguieron.

—Hasta un almacén privado. Después desapareció.

Mikhail apoyó los dedos sobre la mesa.

—Quiero el nombre del dueño del almacén.

Yuri dudó apenas.

—Hay algo más.

Mikhail levantó la vista.

—Habla.

—El registro de entrada está firmado por alguien de los Bellandi.

La habitación quedó en silencio.

—¿Quién?

—Todavía no lo sabemos.

Mikhail se recostó lentamente en la silla.

Todo comenzaba a encajar.

Y eso lo inquietaba más de lo que quería admitir.

Porque si había alguien dentro de los Bellandi, Alessia estaba en el centro de algo que todavía no veía completo.

Aquella tarde, Alessia recibió un mensaje.

Número desconocido.

“¿Podemos vernos?”

No necesitó preguntar quién era.

Reconoció la forma breve y directa.

“Mikhail.”

Lo pensó unos segundos.

Después respondió.

“Dónde.”

La respuesta llegó enseguida.

“Jardines del puerto. En una hora.”

Guardó el teléfono.

El pulso se le aceleró de una manera absurda.

No sabía si era una buena idea.

Pero aun así fue.

El aire del atardecer estaba fresco cuando llegó a los jardines.

El lugar estaba tranquilo.

Árboles bajos.

Faroles encendidos.

El mar al fondo.

Mikhail ya la esperaba.

Llevaba abrigo oscuro y las manos en los bolsillos.

Cuando la vio acercarse, se enderezó apenas.

—Pensé que no vendrías.

—Yo también.

Una pequeña sonrisa cruzó el rostro de ambos.

Caminaron despacio por el sendero.

Durante unos segundos ninguno habló.

—¿Qué querías decirme? —preguntó Alessia.

Mikhail fue directo.

—Hay movimientos nuevos.

Ella lo miró.

—Yo también lo sé.

Él se detuvo.

—¿Quién te lo dijo?

—Nadie. Lo escuché… y lo vi.

Mikhail frunció el ceño.

—¿Fuiste sola al puerto?

—Sí.

—Eso fue imprudente.

Alessia se cruzó de brazos.

—No necesito que me regañes.

—No te estoy regañando.

—Entonces parece.

Él guardó silencio un segundo.

Después habló más bajo.

—Me preocupé.

La frase cayó entre ambos.

Simple.

Directa.

Y completamente inesperada.

Alessia sintió cómo algo se movía dentro de ella.

—No deberías.

—Probablemente no.

Se miraron.

Había demasiadas cosas suspendidas en ese silencio.

Finalmente, Mikhail sacó una fotografía del bolsillo y se la entregó.

Era el hombre de la gorra.

—¿Lo reconoces?

Alessia observó la imagen.

Negó con la cabeza.

—No.

Pero algo llamó su atención.

En el fondo de la fotografía, medio desenfocado, aparecía otro rostro.

Un perfil apenas visible.

El corazón le dio un golpe.

—Espera.

Mikhail la observó.

—¿Qué pasa?

Ella volvió a mirar la imagen.

No podía estar segura.

Pero aquella silueta le resultaba conocida.

Demasiado conocida.

—Creo que lo he visto antes.

—¿Dónde?

Alessia levantó lentamente la mirada.

—En casa.

El silencio se volvió pesado.

Mikhail entendió enseguida lo que eso significaba.

—¿Estás segura?

—No del todo.

—Entonces no digas nada todavía.

Ella apretó la fotografía entre los dedos.

—¿Y qué hago?

Mikhail dio un paso más cerca.

—Por ahora… confía en mí.

La cercanía volvió a cambiar el aire.

El mar seguía golpeando suavemente el muelle.

Los faroles comenzaban a encenderse.

Alessia lo miró en silencio.

No sabía si debía.

No sabía si era sensato.

Pero por primera vez sentía que, entre tantas sombras, él era el único que estaba siendo honesto con ella.

—Está bien —murmuró.

Mikhail sostuvo su mirada unos segundos.

Y entonces, casi sin darse cuenta, ambos estaban demasiado cerca.

Tan cerca que el resto del mundo parecía haberse quedado lejos.

La respiración de Alessia se volvió más lenta.

El pulso de Mikhail también había cambiado.

Por un instante pareció que algo iba a ocurrir.

Pero una voz los interrumpió.

—Alessia.

Ella se apartó de inmediato.

Giró.

A pocos metros, Giulia estaba de pie observándolos.

Y la expresión en su rostro dejaba claro que acababa de entender mucho más de lo que debía.

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