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Cuidando Al Hijo Del Ceo Billonario

Cuidando Al Hijo Del Ceo Billonario

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Padre soltero
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Guanipa

Maximiliano Vance es un implacable y atractivo CEO billonario con el corazón blindado por una traición del pasado. Su mayor desafío no es dominar los negocios, sino criar a su retraído hijo, quien ha ahuyentado a docenas de niñeras. Maximiliano juró no volver a confiar en nadie, y menos en las mujeres hermosas.
Mía Thorne, una dulce graduada en psicología infantil, se queda completamente sola tras la muerte de su abuela. Desalojada cruelmente por sus tíos y sin dinero para una renta, acepta desesperada el puesto de niñera residencial en la imponente mansión Vance.
Al usar su empatía para sanar al niño, Mía también agrieta la fría coraza de Maximiliano. Una atracción inevitable y peligrosa surge entre ambos, desafiando las estrictas reglas de su contrato. Sin embargo, secretos del pasado e intrigas corporativas amenazan con destruirlos. ¿Podrá el amor sanar a un hombre herido o ganará la desconfianza?

NovelToon tiene autorización de Maria Guanipa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El eco del piano

El silencio de la tarde en la mansión Vance se rompió únicamente por el suave y rítmico repiqueteo de la lluvia de verano contra los grandes ventanales de la biblioteca. Tras la intensa jornada en el jardín, Leo había mostrado una tranquilidad inusual, pero a medida que el encierro forzado por el clima se prolongaba, la inquietud volvía a reflejarse en sus pequeños hombros.

Mía caminaba junto al niño por los pasillos menos transitados del ala oeste de la propiedad, buscando mantener su mente ocupada sin saturarlo con las rígidas lecciones que la señora Gable insistía en programar. Fue entonces cuando, al final de un corredor decorado con retratos familiares antiguos, una enorme puerta de doble hoja, parcialmente entredicha, captó la atención de Mía.

Al empujarla con suavidad, descubrieron un salón amplio, cubierto por una fina capa de polvo y sumido en un abandono melancólico. En el centro de la habitación, imponente y bañado por la luz grisácea que se filtraba del exterior, descansaba un piano de cola de madera oscura.

—Mira esto, Leo —susurró Mía, avanzando despacio para no romper la atmósfera mística del lugar—. Es un piano. Hace mucho tiempo que nadie entra aquí.

El niño caminó con timidez, estirando su brazo corto para tocar la madera pulida. Mía se sentó en el taburete de cuero, tomó un pañuelo de su bolsillo y limpió con delicadeza una sección del teclado. Con un movimiento suave, presionó una sola tecla. Una nota profunda y resonante vibró en el aire, disipando la pesadez del ambiente.

Leo dio un paso atrás, sorprendido, pero sus ojos grises se abrieron con una chispa de genuina fascinación. Mía sonrió, invitándolo con la mirada, y presionó una secuencia simple, una melodía infantil muy tenue que solía tararearle su abuela. El niño se acercó milímetro a milímetro, estiró su pequeño dedo índice y presionó una tecla blanca, sumando su propia nota al eco de la habitación.

—Eso fue hermoso, Leo —alentó Mía en un susurro—. Las notas también son como palabras. No hace falta hablar en voz alta cuando puedes hacer cantar a las teclas.

—¿Qué significa esto?

La voz barítona, cortante y cargada de una fría sorpresa de Maximiliano Vance estalló desde el umbral de la puerta, haciendo que Leo retirara la mano del teclado de golpe y se refugiara de inmediato detrás de la espalda de Mía.

Mía se puso de pie con lentitud y se giró para enfrentar al billonario. Maximiliano vestía un traje gris impecable, pero su rostro estaba completamente pálido y sus ojos gris acero destellaban con una mezcla de dolor antiguo y furia corporativa contenida. Sus puños estaban fuertemente apretados a los costados.

—Señor Vance... —comenzó Mía, intentando mantener la calma profesional.

—Salgan de aquí de inmediato —ordenó el magnate, su voz bajando a un tono peligrosamente suave, una orden absoluta que no admitía réplicas—. Este salón está clausurado. Nadie, absolutamente nadie, tiene autorización para tocar ese instrumento. Señorita Thorne, empaque los juguetes de mi hijo y llévelo a su habitación ahora mismo.

—Se está equivocando otra vez, señor Vance —replicó Mía, dando un paso al frente y colocándose como un escudo entre el hombre y el niño—. Leo estaba reaccionando positivamente. Por primera vez en días, buscó iniciar una actividad por pura curiosidad. La música es un canal terapéutico invaluable para el retraimiento. No puede cerrar una puerta solo porque a usted le duela el pasado.

Maximiliano avanzó con pasos rápidos y pesados, invadiendo por completo el espacio de Mía. Su imponente estatura y el aroma magnético a madera y tabaco caro envolvieron el ambiente, asfixiando cualquier rastro de aire. El billonario la miró con una intensidad oscura y posesiva, sus rostros a escasos centímetros de distancia.

—Usted no sabe nada de mi pasado, Mía Thorne —siseó él, y el uso de su nombre de pila vibró con una furia contenida que le erizó la piel a la joven—. Ese piano pertenecía a la mujer que destruyó esta familia y que dejó a mi hijo en el estado en que lo ve. Tocar esas notas es una falta de respeto a las reglas de esta casa. Cumpla su contrato y retírese.

—Su contrato dice que debo sanar a su hijo, Maximiliano —soltó Mía, sosteniéndole la mirada con una dignidad inquebrantable que desarmó por completo la línea dura de la mandíbula del CEO—. Y si para sanar a Leo tengo que recordarle a usted que no todas las mujeres que tocan un piano vienen a destruirlo, entonces romperé esa maldita regla las veces que sea necesario. Mírelo. No tiene miedo del instrumento; tiene miedo de su reacción.

Maximiliano bajó la vista hacia su hijo. El pequeño Leo lo observaba con los ojos empañados en lágrimas, aferrado con fuerza a la tela de la blusa informal de Mía, temblando ante la discusión de los adultos. El golpe de realidad impactó de lleno en el pecho del implacable billonario. Su respiración, antes acelerada por la ira, se volvió pesada y lenta.

Un silencio sepulcral volvió a dominar el salón empolvado. Los ojos grises de Maximiliano se clavaron en Mía con una mezcla de frustración absoluta y una atracción tan peligrosa que amenazaba con quemar toda cordura corporativa. Se dio cuenta, con una claridad aterradora, de que esta mujer de la calle no solo estaba derribando los muros de su hijo, sino que estaba agrietando, pedazo a pedazo, su propia armadura de hielo.

Sin decir una palabra más, el magnate dio media vuelta y salió del salón, dejando la puerta abierta tras de sí. Mía respiró hondo, estabilizando el pulso desbocado de su corazón, y se arrodilló para abrazar a Leo, sabiendo que la música había abierto una grieta de la que ya no habría marcha atrás en la mansión Vance.

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Celina
me encanta ☺️🥰🤗 tu historia 💛💛💛💛 por favor no tardes en publicar 💛💛💛 Gracias ☺️
Maria Guanipa: encanta de que te gusta 🥰
total 1 replies
Maria Guanipa
excelente novela, deberías de leerla🥰
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