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Placer Oscuro.

Placer Oscuro.

Status: En proceso
Genre:CEO / Enfermizo / Amor prohibido
Popularitas:20.7k
Nilai: 5
nombre de autor: maucris

Laura ya nos entregó su alma y el eco de sus suspiros, pero Él seguía siendo un enigma. Envuelto en un silencio peligroso, Adrián guardaba deseos y secretos que nadie logró desvendar... hasta hoy.
​Ha llegado el momento de cruzar la línea. En esta entrega, nos sumergiremos en sus abismos más profundos para entender la intensidad de sus impulsos y la verdad tras su frialdad. Tres años después, la piel no ha olvidado y el destino los obliga a colisionar de nuevo.
​¿Fue lo suyo una pasión inquebrantable o solo un placer oscuro que se consumió hasta hacerse cenizas? El fuego está a punto de reavivarse.
​Déjate seducir por su verdad. Las invito a leerla de inmediato.

NovelToon tiene autorización de maucris para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 6: Cimientos de Barro y Oro.

La suite del hotel era un monumento a la opulencia, un santuario de mármol y seda que, en noches como esta, se sentía más como una celda de alta seguridad que como un refugio de lujo.

El aire estaba viciado, impregnado todavía del aroma del perfume de Laura y del rastro metálico de su desesperación.

Me serví un segundo whisky, uno de esos tan antiguos y caros que sabían a turba, a tierra y a tiempo robado. Al dejar caer los hielos, el sonido contra el cristal de Baccarat resonó en el silencio de la estancia con la violencia de un disparo en un callejón.

​Me quité la camisa de seda italiana con una lentitud mecánica y la arrojé sin mirar sobre el mismo sillón de terciopelo donde, apenas unas horas antes, Laura había dejado caer su dignidad junto con su bolso.

Me observé en el espejo del vestidor de cuerpo entero. Bajo la luz ambarina de las lámparas de diseño, no veía al magnate, al CEO de Valdez Corp. o al hombre que hacía temblar los mercados con un solo correo electrónico.

​Veía al espectro...

Veía a Adrián, el chico de los recados que solía caminar kilómetros bajo la nieve implacable de Boston para ahorrarse los pocos centavos del billete del Transporte.

Veía al joven de diecinueve años cuyos zapatos tenían agujeros en las suelas, cubiertos con cartones doblados que se empapaban con el aguanieve sucia de Beacon Street a los diez minutos, rezando para que los hijos de los socios de la firma no se dieran cuenta cuando me mandaban por sus cafés.

Aquellos niños de bien, con sus apellidos de sangre azul, sus chaquetas de Harvard y su arrogancia heredada de generaciones, se reían de mi origen, de mi humildad, de mi existencia misma.

Me trataban como si fuera parte del mobiliario de sus oficinas de caoba, un objeto funcional destinado a servirles y desaparecer en la neblina del puerto.

​—Superviviente —susurré para mi reflejo, y la palabra, que debería haber sido un triunfo, me supo a ceniza y a hiel.

​La gente observa mi imperio, mis rascacielos en tres continentes y mi flota de aviones, y asume que todo fue producto de una inteligencia superior o de una astucia maquiavélica. Y no tienen ni la más remota idea de que cada ladrillo de Valdez Corp fue cimentado sobre capas profundas de humillación sistemática.

Recuerdo el olor acre de la oficina en el Financial District a las tres de la madrugada, cuando la calefacción bajaba y el frío calaba hasta los huesos. Yo era el único que se quedaba, una sombra entre archivadores, terminando los informes de hombres mediocres que me llamaban simplemente "kid".

Hombres que, en un alarde de sadismo casual, apagaban sus puros cerca de mi mano mientras yo sostenía sus documentos en aquellas noches de invierno eterno, solo para ver si mis nervios cedían, solo para ver si me atrevía a quejarme ante los "señores" de Massachusetts.

​Ellos fueron mis verdaderos maestros...

Me enseñaron la lección más importante de la vida: en este mundo, el respeto no es algo que se merezca o que se pida; es algo que se arrebata con las uñas y los dientes.

Me juré que un día, cada uno de ellos tendría que pedirme audiencia de rodillas... Y lo cumplí.

Pero el ascenso tuvo un peaje que una mente como la de Laura, educada en la decencia y en la ética del esfuerzo honesto, nunca podría llegar a concebir.

​Para llegar a este piso cincuenta y cuatro, para tener el poder de comprar y vender las vidas de quienes alguna vez me escupieron, tuve que cometer el acto de prostitución más refinado, frío y calculado de mi historia personal: me casé con el dinero.

​Isabela era la encarnación de todo lo que yo despreciaba. Era una heredera vacía, una mujer cuya piel estaba marchita no por la edad, sino por el exceso de sol en los Hamptons y el consumo eterno de martinis.

Tenía un apellido que abría todas las puertas de la vieja aristocracia de Nueva Inglaterra, pero su linaje estaba en decadencia, asfixiado por deudas de juego y una absoluta falta de visión. Ella buscaba un trofeo, un hombre joven, hambriento y lo suficientemente ambicioso como para devolverle el brillo a su escudo de armas familiar.

Yo, por mi parte, buscaba el capital inicial para mi primera gran obra.

​Nuestra unión no fue un matrimonio; fue una transacción de carne, títulos y cuentas bancarias en un club privado. Recuerdo el día de nuestra boda como si fuera el funeral de mi propia alma. Mientras le ponía el anillo de diamantes en el altar, frente a la mirada hipócrita de la alta sociedad de Boston, no sentía ni rastro de amor o afecto.

Sentía que estaba firmando mi sentencia de muerte como ser humano para renacer como un dios de los negocios y cada noche que tenía que entrar en su cama, cada vez que su piel fría rozaba la mía, yo cerraba los ojos con fuerza y contaba.

Contaba las acciones que estaba acumulando en la caja fuerte, los edificios que empezaban a llevar mi nombre, el poder absoluto que finalmente empezaba a fluir por mis venas como un veneno dulce.

Me convertí en el perro de presa de su familia, en el ejecutor de sus intereses, hasta que fui lo suficientemente fuerte, lo suficientemente rico y lo suficientemente despiadado como para morderles el cuello a todos ellos y quedarme con cada centavo de su fortuna.

​Por eso, cuando miro a Laura, siento que mi sangre entra en ebullición.

​Ella me mira con esos ojos, llenos de esa ética burguesa y esa moral de clase media que cree que el mundo es un lugar justo donde el trabajo duro te lleva a la cima.

Me recuerda tanto al idiota que yo era antes de que Isabela y su casta de parásitos me devoraran. Me irrita su inocencia, me enfurece su capacidad de creer que existe un "nosotros" romántico.

​La arrastré a ese club de exhibicionismo en Le Marais porque necesitaba, con una urgencia casi biológica, que entendiera que el romance es un lujo prohibido para los que venimos del barro.

Quería que viera la realidad de la carne sin alma, la crudeza del deseo despojado de flores y poemas.

Quería que experimentara, aunque fuera de lejos, la soledad que yo viví durante años compartiendo el lecho con una mujer que no me amaba, sino que solo quería poseer mi juventud y mi fuerza.

​—¿Te duele, Laura? —pregunté a la habitación vacía, clavando la vista en el rastro casi imperceptible de su labial borgoña en el borde de una copa de cristal olvidada—. Debería dolerte. Debería quemarte por dentro hasta que no quede rastro de la mujer que eras ayer.

​El dolor es el único maestro que no miente, el único que no te adula ni te engaña.

La obligué a ser testigo de cómo poseía a aquellas dos desconocidas, con una frialdad técnica que rayaba en lo quirúrgico, para que entendiera de una vez por todas que yo no soy el príncipe azul de su estúpido cuento de hadas.

Soy el hombre que se vendió a sí mismo pedazo a pedazo para no volver a ser nunca más el juguete de nadie. Soy el hombre que tuvo que enterrar su hombría y su orgullo en el lecho de una mujer rica para poder, un día, reclamar el trono del mundo.

​Si Laura sobrevive a esta noche, si es capaz de entrar mañana en mi despacho y mirarme a los ojos sin apartar la vista por miedo o vergüenza, entonces habrá dejado de ser una presa para siempre. Estaré matando a la "niña buena", a la asistente eficiente, para que pueda nacer alguien digna de caminar a mi lado en la oscuridad.

​Yo no quiero una empleada sumisa...

No quiero una amante que suspire por paseos bajo la lluvia o promesas eternas. Quiero a alguien que haya visto el abismo de frente, que haya sentido el frío del mármol en su piel y que, a pesar de todo, haya decidido saltar conmigo.

​💕Queridas lectoras... Por favor den me gusta cuando terminen de leer un capítulo.💕

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Yudith Romero
uhhh para cuando actualización pues mi escritoras
Yudith Romero
escritora que tensión por favor suba capítulos por favor síii
Elena Garcia
wowwww quedé con hambre....hambre de seguir leyendo. Por favor!!! actualiza pronto!!! Bendiciones escritora🥰
Milcaris
Me parece bien que todo termine así. Ellos tienen que hablar, Laura terminar su relación con Benjamin y con todo claro y libre comenzar de nuevo.
Milcaris
Aunque se dañaron en el pasado el amor está presente en ellos.
MINNY@24💕
ahhh escritora que mala eres me dejas con una tensión que que barbara, esperar otro capítulo, espero como dicen allá arriba ☝️ que hablen con la verdad y se den otra oportunidad por que ella por mucho qué quiera a Benjamin no lo ama no lo desea como desea a Adrian esperare con ansias la actualización gracias por tan excitante capítulo 🥰
Marshaan Sanchez: jajajaja eres impredecible me dejas con la imaginación a mil y la tensión alta yo te pido que tu talento y ese pequeño Chucky jajaja que tines lo dejes tener una conversación que se derrumbe eso muros y dejen ver la verdades y el amor que existe entre ellos 🤪
total 1 replies
Kim Nava
hay no los cacharon 🤯🤯🤯
Dios es que estos dos son dueño solo espero que esta vez ya ablen con la verdad por que solo sentir deseo los llevará a lo mismo a maclaren todo vien y espero Laura sea de las mujeres que ablan de frente con Benjamín u no lo use
Nancy RoMo
yo creo q laura debe terminar con benjamin es claro q no lo ama y el no se merece ser engañado 😓
Lily Solano
hermosa, no hagas de repetir el mismo relato entre ellos, ahi no avanza la obra
victor hernandez
Es el que está traumado con lose la cabaña Laura lo superó pero el está detenido en ese momento que resultó doloroso para ambos
victor hernandez
Dios que autocontrol
victor hernandez
De verdad si te arrepentiste del daño que le hiciste porque aguantar tu esa cercanía no es fácil y con ese verano menos
Yura Ran: Maucris. /Sweat//Sweat//Sweat/
total 1 replies
victor hernandez
Espectacular el reflejo del sufrimiento del amor y desamor
victor hernandez
Que manía de la vida
Yura Ran
Maucris. gracias es hermosa, tierna. y muy triste. Adrian vive un infierno con la esposa luchando por un amor univo su hijo. yo deseo que Adrian y Laura logren conversar y decir lo que no se atreven y que logren hacer feliz y el le diga que fue amor y aun la ama. 👏🥰😍 gracias
Yura Ran
Que sentir tan triste, amar, desear y callar por querer lo más hermoso como es un hijo. 😊👌
Marina Estefana Hernandez
así es que no se dejé
Yura Ran
Maucris. Gracias es hermosa
Milcaris
Tú también necesitas paz así que por los momentos ambos lejos del otro.
Milcaris
A mí pensar debe dejar a Benjamín y estar sola por un tiempo, sanar y volver siendo ella sola.
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