un caos en tacones
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Cap 20
La Conciencia: ¡Agárrense, que esto se salió de control! Lo que era una cena de pizza se convirtió en un festival de la verdad gracias a un par de botellas de vino. Tenemos a dos hermanas mexicanas con el "filtro" totalmente roto, a un Ivan que ya no sabe si reír o rezar, y a un Alek que acaba de recibir una alerta roja en su reloj: el grupo rival está a tres cuadras y vienen con todo. ¡Hora de evacuar el circo!
Alek se puso de pie de un salto, su rostro recuperando la frialdad del jefe de la mafia, pero Renata no estaba en la misma sintonía. Ella estaba abrazada a un cojín, mirando a Alek con una sonrisa pícara y los ojos brillantes.
—¡Ay, miren al Grillo! —exclamó Renata, dándole un toquecito en la mejilla a Alek—. Se puso serio. ¿Qué pasa, "Oso Gruñón"? ¿Se te olvidó cómo bailar en un pie?
—Renata, escucha —dijo Alek, tratando de ser autoritario mientras la ayudaba a levantarse—. Tenemos que irnos. Ahora. Es una... emergencia de logística.
—¡Logística mis pestañas! —gritó Sofía desde el otro lado, tambaleándose un poco mientras Ivan intentaba sostenerla por la cintura—. Tú lo que quieres es llevártela a tu cueva de hielo para morderle el cuello. ¡Ivan, dile que mi hermana es mucha pieza para un ruso que no sabe cortar flores!
La Conciencia: ¡Pobre Alek! Está tratando de salvarles la vida y ellas creen que es el inicio de una fiesta privada. Ivan está rojo de la risa, viendo cómo su jefe, el hombre más temido, está siendo mangoneado por una maestra que apenas puede caminar en línea recta.
—¡Jefe, esto es mejor que la ópera! —se burló Ivan, mientras Sofía le jugaba con la corbata—. La señorita Sofía dice que si no la llevamos cargada, no se mueve. ¿Qué hacemos? ¿Las anestesiamos o usamos el método de la seducción?
—¡Cállate, Ivan! —gruñó Alek, cargando a Katia (que seguía dormida) con un brazo y sujetando a Renata con el otro—. Renata, camina. Es por tu seguridad.
—¡No quiero! —protestó Renata, haciendo un puchero adorable—. Tu auto marea y tú hueles a... a hombre peligroso y me das nervios. Además —se acercó a su oído y le susurró con una picardía que casi hace que Alek tire a la niña—, todavía no me has dado el beso que te esquivé. ¿O es que el Grillo es un cobarde?
La Conciencia: ¡BOOM! Alek se puso de mil colores: rojo de furia, blanco de nervios y morado de ganas de besarla ahí mismo. Ivan soltó una carcajada que casi despierta a todo el edificio.
—¡La maestra te retó, Alek! ¡Te llamó cobarde! —gritó Ivan, mientras guiaba a una Sofía muy coqueta hacia el ascensor.
Lograron bajarlas al estacionamiento en tiempo récord. Alek metió a Renata en el asiento del copiloto, mientras ella intentaba "analizarle el aura" y le decía que su signo zodiacal era "un peligro para la salud pública".
Justo cuando cerraba la puerta, un auto rival frenó en la entrada del edificio. Alek no lo pensó dos veces: subió al asiento del conductor, le puso el cinturón a una Renata que no dejaba de decirle que tenía "ojos de lobo hambriento", y arrancó quemando llanta.
—¡Wuuuuu! ¡Otra vez el juego de las carreritas! —gritó Sofía desde atrás, sentada junto a la dormida Katia, mientras le guiñaba el ojo a un Ivan que intentaba disparar por la ventana y ocultarle el arma a las borrachas al mismo tiempo.
—Alek... —dijo Renata, recostando la cabeza en el hombro de él mientras el auto volaba por las calles—. Si salimos de esta... te voy a poner una estrella dorada... en todo el cuerpo.
La Conciencia: Alek casi choca contra un poste. ¡Esta mujer es letal cuando bebe! Ahora el problema no son los sicarios que vienen detrás, sino cómo va a sobrevivir Alek a una noche en la casa de seguridad con una Renata borracha, sincera y extremadamente cariñosa
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