Dieciocho años han pasado desde que un collar de luna y un león de ónix sellaron un destino en la terraza de la Torre Vane. Lo que comenzó como una conexión infantil en medio de una guerra de mafias, se ha transformado en algo mucho más oscuro y complejo.
Aria Vane ya no es la bebé que buscaba refugio en los brazos de Eithan Smirnov. Ahora es una mujer con la inteligencia gélida de su padre, Killian, y la belleza indomable de su madre, Elara. Pero para Eithan, el heredero de la Bratva italiana, ella sigue siendo su única prioridad, su "Luna". Y el León está listo para reclamar su trono.
Tercera parte de:
__Mis hijos hackearon al CEO
__Heredero del pecado
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Capítulo 4: Espinas, Sombras y un León Sediento
La mañana en la mansión de Amalfi no trajo paz. Para Evans y Edans, el desayuno fue una zona de guerra. A sus 26 años, los genios de la Torre Vane podían predecir caídas de mercados mundiales, pero no podían predecir por dónde vendría el próximo ataque de Vera y Nadia.
—¡Nadia, suelta mi servidor portátil! —exclamó Evans, intentando recuperar su dispositivo mientras la gemela Smirnov lo rodeaba con sus brazos, riendo—. ¡No es un juguete, es el acceso a la red satelital de la familia!
—Para mí es tu atención, Evans —respondió Nadia con una sonrisa traviesa, ignorando las quejas del estratega—. Si quieres el servidor, tendrás que venir a buscarlo a la piscina.
—¡Y tú, Edans! —gritó Vera, saltando sobre la espalda del "Observador" mientras él intentaba leer sus informes psicológicos—. ¡Deja de analizarme y analicemos por qué no me has llevado a correr en el Ferrari nuevo!
Edans suspiró, cerrando los ojos por un segundo. Para estas dos, los gemelos Vane eran su mundo entero, su obsesión y su mayor entretenimiento. No les importaba que fueran hombres respetados en el bajo mundo; para ellas, eran sus "gemelos favoritos" y no pensaban darles un segundo de respiro.
—Son el caos personificado —murmuró Edans, sosteniendo a Vera para que no se cayera, mientras ella le dejaba un rastro de brillo labial en la mejilla—. Evans, ¿por qué no instalaste un software de contención para Smirnovs?
—Porque no existe código en el mundo que las detenga —respondió Evans, resignado, mientras Nadia le robaba un beso rápido y salía corriendo.
El Mensaje de las Rosas
La atmósfera cambió de la comedia al terror puro cuando un mayordomo entró en la terraza principal cargando un arreglo floral que parecía un monumento. Eran cien rosas rojas, tan vibrantes que parecían bañadas en sangre fresca.
Aria frunció el ceño mientras tomaba la tarjeta. Ethan estaba justo detrás de ella, su presencia volviéndose gélida en un microsegundo.
—"Para la Luna de Manhattan, que merece un cielo italiano más cálido que el hielo que la rodea. Con admiración, Lorenzo Cavalli" —leyó Aria en voz alta.
El sonido que salió de la garganta de Ethan fue un gruñido bajo, animal. El "León" no solo estaba molesto; estaba en modo cacería. Antes de que Aria pudiera reaccionar, Ethan tomó el enorme ramo y lo lanzó con una fuerza brutal por encima del acantilado, viendo cómo las flores caían hacia el mar.
—Ese hombre está muerto —dijo Ethan, su voz era un siseo que hizo que incluso los guardaespaldas de la entrada se pusieran firmes—. No va a pasar de esta noche.
—Ethan, es solo una provocación —intentó calmarlo Aria, aunque sus propios ojos brillaban con molestia por la audacia de Lorenzo.
—No es una provocación, Aria. Es un insulto —sentenció Ethan, sacando su teléfono para llamar a sus sicarios—. Nadie envía flores a mi mujer y vive para ver el amanecer.
La Alianza de los Cuñados
—¿Necesitas ayuda con el cuerpo? Porque yo tengo un contacto que maneja una trituradora de metales muy eficiente.
Leonidas (Leo), el hermano mellizo de Aria, entró en la sala con una sonrisa fría. A diferencia de sus hermanos mayores, Leo compartía la ferocidad física de Killian y el espíritu guerrero que nació en aquel muelle de Nueva York. Para Leo, no había mejor cuñado que Ethan; hablaban el mismo idioma de lealtad y violencia.
—Leo, no alientes a Ethan —le recriminó Aria.
—¿Por qué no? —respondió Leo, acercándose a Ethan y chocando su mano con la de él—. Ese tal Lorenzo tocó tu mano anoche, Aria. Hoy te envía flores. Mañana creerá que puede respirar el mismo aire que tú. Como tu hermano, me ofende. Como amigo de Ethan, me parece una excelente oportunidad para practicar tiro al blanco.
Ethan miró a su cuñado y asintió. La alianza entre el heredero Smirnov y el mellizo Vane era el sueño de Damián y Killian, y la pesadilla de cualquier enemigo.
—Tengo su ubicación —dijo Ethan, mostrando una pantalla—. Está en su villa en Positano. Cree que está seguro detrás de sus "abogados" y su título de nobleza.
—Yo me encargo de las cámaras y los sensores de movimiento —dijo Leo con entusiasmo—. Tú te encargas de que el final sea... memorable.
—¡Basta los dos! —Aria se interpuso entre ellos—. Si lo matan ahora, Mijail perderá el contrato de las rutas del sur. Hay que ser inteligentes.
Ethan la tomó de la cintura, pegándola a él con una posesividad que le cortó el aliento.
—Seré inteligente, Luna —susurró Ethan contra sus labios—. Lo mataré de una forma que parezca un accidente trágico. Pero no pasará de esta noche. Porque el León no comparte el brillo de su Luna con nadie, y mucho menos con un conde de segunda categoría.
El Descubrimiento de los Genios
Mientras el plan de ejecución se formaba, en la biblioteca, Evans y Edans habían logrado encerrarse bajo llave para alejarse de Vera y Nadia por unos minutos. Estaban analizando el diario que Helena le había dado a Aria.
—Edans, mira esto —dijo Evans, señalando un patrón de micro-perforaciones en las páginas del diario—. No es solo tinta. Es una clave criptográfica antigua.
Edans observó las perforaciones con su lente de aumento.
—Es una genealogía, Evans. Pero no es una que conozcamos. Aquí dice que el linaje Vane y el Smirnov fueron separados a propósito hace un siglo por una tercera familia... una que todavía existe.
—¿Quiénes? —preguntó Evans.
Edans palideció al descifrar el último patrón.
—Los Cavalli. La familia de Lorenzo. No son solo socios de Mijail, Evans. Son los que han estado intentando destruir la unión del León y la Luna desde hace cien años.
Evans miró a su hermano con urgencia.
—Tenemos que avisar a Ethan y a Leo. Si van a esa villa sin saber que los Cavalli son enemigos ancestrales, van directo a una trampa.
Pero afuera, el rugido del motor del Lamborghini de Ethan ya se escuchaba alejándose a toda velocidad, con Leo en el asiento del copiloto y el deseo de sangre ardiendo en sus venas. La cacería había comenzado, pero el cazador no sabía que el bosque estaba lleno de lobos.