Veinticinco años antes de los eventos que cambiarían el mundo, la verdad permanecía oculta bajo silencio, sangre y recuerdos prohibidos.
Mientras antiguas fuerzas observan desde las sombras, personas marcadas por la pérdida, la culpa y la soledad intentan seguir adelante en un mundo que lentamente comienza a desmoronarse.
Esta es la historia de quienes existieron antes de la tragedia. Antes de los bucles. Antes de que alguien pudiera regresar de la muerte.
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Capítulo 21:El sonido de la muerte
Cecilia salió del callejón sin dudar.
Sus pasos eran rápidos.
Precisos.
Sus ojos amatista ya habían localizado a su objetivo:
una figura encapuchada que corría entre la gente empujando personas brutalmente mientras escapaba.
—¡Detente! —gritó.
El ladrón giró apenas la cabeza.
Y sonrió.
Demasiado tranquilo.
Demasiado fácil.
Cecilia frunció el ceño inmediatamente.
Algo no encajaba.
Pero aun así levantó la mano.
El aire comenzó a enfriarse violentamente.
Escarcha apareció sobre las piedras de la calle.
Entonces—
Un segundo paso.
Atrás.
Demasiado cerca.
Una presencia que Cecilia no había detectado.
El brillo de una hoja descendió directamente hacia su espalda.
Todo ocurrió en un instante.
Cecilia apenas alcanzó a girarse.
Pero no sería suficiente.
Entonces—
Una figura apareció entre ambos.
Impacto.
Y luego—
—…Tch.
El sonido del metal atravesando carne.
El cuchillo quedó enterrado en la mano de Kenji.
La sangre comenzó a deslizarse lentamente entre sus dedos.
Su expresión se tensó apenas un segundo.
Solo uno.
Pero no gritó.
No retrocedió.
Sus ojos oscuros se endurecieron.
Giró violentamente el cuerpo—
Y golpeó directamente el rostro del atacante.
CRACK.
El impacto fue limpio.
Seco.
El hombre cayó inconsciente inmediatamente.
Silencio.
Solo quedó la respiración agitada de Cecilia.
Y el sonido de la sangre goteando.
Kenji permanecía de pie con el cuchillo todavía clavado en la mano.
—…Idiotas.
Su voz fue baja.
Pero llena de desprecio.
Levantó lentamente la mirada hacia el ladrón principal.
—¿Cómo se atreven a atacar a una mujer que está sola?
No era rabia descontrolada.
Era algo peor.
Desprecio absoluto.
Cecilia abrió ligeramente los ojos observando la sangre.
—Tú…
Kenji soltó un pequeño suspiro molesto.
Como si aquello fuera incómodo más que doloroso.
Y entonces…
se arrancó el cuchillo de la mano.
La sangre brotó inmediatamente.
El chico apretó apenas los dientes.
—…Qué mal día.
Luego levantó nuevamente la mirada.
Su postura cambió.
Más baja.
Más estable.
Como si su cuerpo supiera pelear incluso cuando su mente seguía perdida.
—Si van a hacerlo…
Flexionó lentamente la mano herida.
—…háganlo bien.
El ambiente se volvió pesado.
Y por primera vez desde llegar a ese mundo…
Kenji dejó de verse completamente confundido.
El ladrón restante retrocedió irritado.
—Tch… esto se complicó.
Cecilia reaccionó inmediatamente.
—¡No te muevas!
El hielo explotó nuevamente sobre el suelo avanzando rápidamente hacia el hombre.
Kenji también se movió.
Directo.
Sin rodeos.
Aprovechando el momento exacto donde el ladrón perdió equilibrio.
Golpe.
El primero cayó de rodillas.
El segundo intentó sacar otra arma.
Pero Cecilia ya estaba frente a él.
—¡Basta!
La magia de hielo salió disparada violentamente.
Demasiado fuerte.
Demasiado rápido.
El callejón entero comenzó a congelarse.
Kenji lo notó inmediatamente.
—¡Espera—!
Demasiado tarde.
El ladrón esquivó por instinto.
Y la trayectoria cambió.
Directo hacia Kenji.
Impacto.
Brutal.
El hielo atravesó su cuerpo.
El frío fue insoportable.
Pero el verdadero horror…
fue el dolor.
Uno seco.
Profundo.
Como si algo arrancara lentamente el aire de sus pulmones.
Su cuerpo falló.
Y cayó de rodillas.
—…Ah…
Sus manos comenzaron a temblar.
La visión se volvió borrosa.
Cecilia quedó completamente inmóvil.
—No…
Sus ojos amatista se abrieron aterrados.
—No… no… no…
Corrió inmediatamente hacia él.
—¡No era para ti!
Sus manos temblaban intentando detener la sangre.
Lágrimas comenzaron a caer violentamente.
—¡Es mi culpa! ¡Es mi culpa!
Kenji apenas podía escucharla.
Todo comenzaba a apagarse.
Su respiración se volvió lenta.
Pesada.
Y entonces un pensamiento cruzó lentamente su mente.
“¿Así termina…?”
Oscuridad.
Silencio.
…
……
………
—¡…Ahh…!
Un sonido extraño.
Vacío.
Como un eco roto dentro de la oscuridad.
Kenji abrió los ojos violentamente.
Respirando.
Confundido.
Intacto.
Sin sangre.
Sin heridas.
El mismo callejón.
El mismo momento.
Cecilia entrando corriendo otra vez.
Los pasos.
La misma escena repitiéndose.
Kenji no entendió nada.
Pero su cuerpo reaccionó antes que su mente.
—¡Oye!
Cecilia apenas giró la cabeza sorprendida cuando Kenji apareció frente a ella.
—¿Qué—?
El chico la empujó ligeramente justo cuando el primer atacante apareció.
El segundo intentó atacar desde atrás.
Pero esta vez…
Kenji ya sabía.
Atrapó inmediatamente la muñeca del hombre.
Giró.
Golpeó.
El atacante cayó inconsciente instantáneamente.
El otro intentó escapar.
Kenji avanzó sin dudar.
Un paso.
Dos.
Puñetazo directo.
El ladrón cayó brutalmente al suelo.
Silencio.
Todo terminó demasiado rápido.
Cecilia permaneció quieta observándolo.
Confundida.
Kenji respiraba agitadamente.
Sus ojos estaban abiertos…
pero completamente desenfocados.
—…¿Qué…?
Sus manos temblaron ligeramente.
Miró el lugar donde antes había muerto.
Pero ahora…
no había nada.
Uno de los ladrones inconscientes dejó caer un collar.
Kenji lo tomó lentamente.
Lo observó unos segundos.
Y luego miró a Cecilia.
—Creo… que esto es tuyo.
Su voz sonó tranquila.
Normal.
Pero por dentro…
todo estaba roto.
Cecilia tomó el collar cuidadosamente con ambas manos.
Como si fuera algo irremplazable.
Sus ojos amatista temblaron apenas.
—…Gracias.
Kenji desvió ligeramente la mirada.
—No me agradezcas.
Entonces—
Pasos.
Firmes.
Tranquilos.
Una voz masculina resonó desde la entrada del callejón.
—¿Están bien?
Kenji y Cecilia voltearon al mismo tiempo.
Un joven alto de cabello plateado y ojos azul cielo caminaba lentamente hacia ellos.
Su uniforme blanco impecable contrastaba completamente con el callejón oscuro.
Y aun así…
parecía pertenecer perfectamente al lugar.
La presencia del joven era extraña.
Firme.
Confiable.
Como si nada malo pudiera ocurrir mientras estuviera ahí.
Sus ojos primero revisaron: los ladrones, el hielo, la sangre.
Y finalmente…
se detuvieron sobre Cecilia.
—Princesa Cecilia.
Su voz fue respetuosa.
—¿Se encuentra bien?
Kenji parpadeó.
—…¿Princesa?
Cecilia bajó ligeramente la mirada incómoda.
—Estoy bien… Ren.
El joven asintió suavemente.
Luego observó directamente a Kenji.
Y aunque su expresión no cambió…
su atención sí.
—¿Y este chico?
Kenji se señaló confundido.
—¿Eh? Ah… hola… me llamo Kenji.
El joven extendió la mano tranquilamente.
—Mucho gusto. Soy Ren.
Kenji dudó apenas un segundo antes de responder el gesto.
—Gracias por ayudar a la princesa.
Kenji miró a Cecilia.
Luego a Ren.
Y nuevamente a Cecilia.
—…Eh…
Frunció lentamente el ceño.
—¿Cómo que princesa?
Silencio.
Uno pequeño.
Pero suficiente.
Porque la expresión de ambos confirmó inmediatamente algo horrible.
Esto no era una broma.
Y lo peor…
acababa de morir hacía apenas unos minutos.