Dinastía de Reinas: Aralisse.
Narra la historia de una princesa obligada a heredar una corona rodeada de traiciones. Tras la misteriosa muerte de sus padres, Aralisse queda sola dentro de una corte donde todos parecen querer manipularla o verla caer.
Alejada por obligación de su reino, deberá aprender a gobernar mientras intenta descubrir qué ocurrió realmente la noche en que los reyes murieron. Entre conspiraciones, secretos y enemigos ocultos, conoce a Rydan, el príncipe de Orvenah, el reino rival.
Lo que comienza como una tregua forzada pronto se convierte en algo mucho más peligroso. Porque detrás de la frialdad de Rydan y de la guerra entre ambos reinos, Aralisse descubre que el hombre que más debería temer… es también el único dispuesto a ensuciarse las manos por ella.
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El consejo real: parte II
La mandíbula de Valery se tensó al instante.
Pero antes de que pudiera responder, el duque de Corwyn intervino nuevamente:
—Propongo que la decisión se someta a votación.
Aquello bastó para sellar el destino de la reunión.
Uno a uno, los miembros del consejo comenzaron a pronunciarse.
Y, sin demasiada sorpresa, la mayoría de los votos favorecieron a Alaric.
Solo unos pocos se opusieron.
Valery observó el salón en silencio mientras comprendía, finalmente, la verdadera magnitud de lo que estaba ocurriendo.
Nadie actuaba movido por lealtad hacia la corona. Ni siquiera por preocupación hacia Lysirah.
Cada uno buscaba obtener una parte del poder que quedó libre tras la muerte de los reyes.
El caos había abierto una puerta.
Y todos estaban dispuestos a aprovecharla...
La duquesa sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo. Porque en ese instante entendió algo aterrador: el camino de Aralisse hacia el trono sería mucho más difícil de lo que imaginó.
Protegerla no requeriría únicamente cariño o inteligencia política.
Necesitaría vigilancia constante.
Astucia.
Paciencia.
Y, sobre todo… la fuerza necesaria para enfrentar a hombres que no dudarían en traicionarla con tal de acercarse al poder.
Con una voz grave y solemne, el sumo sacerdote rompió finalmente la tensión que dominaba el consejo.
—Antes de continuar —declaró con calma, aunque cada palabra resonó con fuerza dentro del salón—, propongo una solución que garantice tanto la preparación de la princesa… como la estabilidad de Lysirah.
El murmullo cesó casi de inmediato.
Todos los presentes dirigieron su atención hacia él.
—La princesa Aralisse deberá viajar al imperio de Eluniah y educarse bajo la tutela del emperador.
Varias expresiones cambiaron al instante.
Incluso Valery se tensó.
—Allí aprenderá las artes del gobierno, la diplomacia y la estrategia necesarias para liderar un reino —continuó el sacerdote—. Y cuando llegue el momento adecuado, regresará a Lysirah para ser coronada y asumir el trono con la sabiduría que todo monarca debe poseer.
Un murmullo recorrió la sala inmediatamente.
Algunos consejeros comenzaron a intercambiar miradas discretas entre ellos.
Otros parecían claramente complacidos con la idea. Porque enviar a Aralisse lejos del reino significaba algo mucho más peligroso de lo que el sumo sacerdote acababa de expresar.
Mientras la heredera estuviera ausente…
otros tendrían el control absoluto de Lysirah.
Lord Mikiells dejó escapar una sonrisa fría antes de intervenir nuevamente.
—Si vamos a discutir el futuro de la coronación —dijo con aparente calma—, considero mi deber recordarles que, según la antigua tradición de Lysirah, una mujer no puede ascender sola al trono.
El salón quedó en silencio.
La duquesa sintió un escalofrío recorrerle lentamente la espalda.
—Para gobernar —continuó el lord—, la princesa deberá contraer matrimonio con un hombre apto para ocupar el lugar junto a ella, garantizando así la continuidad de la línea sucesoria y la estabilidad del reino.
Aquellas palabras despertaron algo inmediato dentro del consejo.
Valery lo notó enseguida.
Las miradas.
Los silencios.
Las expresiones calculadoras.
Varios nobles ya comenzaban a imaginar posibilidades.
La futura reina de Lysirah acababa de convertirse, ante los ojos del consejo, en la pieza más valiosa del tablero político.
Y todos querían acercarse a ella.
La duquesa sintió repulsión.
Porque Aralisse todavía era muy joven, acababa de perder a sus padres… y, aun así, aquellos hombres ya discutían cómo utilizar su futuro para beneficiarse a ellos mismos.
En ese instante, enviar a la princesa al imperio de Eluniah dejó de parecer únicamente una medida educativa.
Se convirtió en la forma más segura de protegerla.
Lejos de Lysirah, Aralisse estaría fuera del alcance de estos nobles ambiciosos que pretendían manipularla antes incluso de que comprendiera el peso de su herencia.
Y quizás… solo quizás… cuando regresara, sería lo suficientemente fuerte para reclamar el trono por sí misma.
El sumo sacerdote tomó asiento frente a la mesa del consejo y comenzó a dictar el acta oficial.
—Queda establecido que la princesa Aralisse Gwendolyn Eldenry permanecerá fuera del reino durante un período de cinco años, tiempo en el cual será educada en el imperio de Eluniah bajo la tutela directa del emperador.
El sonido de la lluvia golpeando los ventanales acompañó cada palabra.
—Al término de dicho período, Su Alteza regresará a Lysirah para contraer matrimonio con una unión conveniente para el reino y, posteriormente, ascender al trono como legítima reina.
La duquesa Valery sintió cómo aquellas palabras le oprimían el pecho.
Porque no estaban decidiendo únicamente el futuro político de Aralisse. también estaban decidiendo su vida.
Uno a uno, los nobles comenzaron a plasmar sus sellos sobre el documento una cadena más alrededor del destino de la princesa.
Justo cuando el consejo parecía dispuesto a dar por terminada la reunión, el duque Corwyn se adelantó unos pasos.
—Propongo algo más —anunció con tranquilidad calculada—. Mi hijo mayor y heredero, Lysandre Corwyn, acompañará a la princesa durante su estancia en Eluniah y permanecerá a su lado como guardián oficial.
Varias miradas se dirigieron inmediatamente hacia él.
—Les garantizo que su entrenamiento, lealtad y preparación asegurarán la protección de Su Alteza hasta el día de su regreso a Lysirah.
Valery sintió un inmediato impulso de rechazo.
Porque ya comenzaba a comprender el verdadero juego detrás de aquellas propuestas.
No quería proteger a Aralisse.
Quería que su hijo se acercara lo suficiente a ella… para asegurarse un lugar junto al futuro trono.
La duquesa entrecerró los ojos inmediatamente, preparada para objetar.
Pero antes de que pudiera pronunciar una sola palabra, el sumo sacerdote intervino.
—La propuesta del duque Corwyn me parece adecuada —declaró con tranquilidad—. He escuchado que su hijo destaca notablemente en batalla y posee una audacia admirable para alguien de su edad.
Una pequeña sonrisa complacida apareció en su rostro.
—Será un guardián digno y responsable para la princesa.
Valery sintió cómo la tensión le endurecía los hombros.
Por un instante estuvo tentada a seguir luchando.
A negarse.
A enfrentar nuevamente al consejo.
Pero comprendió demasiado tarde que la decisión ya estaba tomada incluso antes de ser discutida.
Así que guardó silencio.
No tenía suficiente poder para detenerlos.
El acta fue sellada poco después.
Y con ella quedó marcado el destino de la joven heredera de Lysirah: cinco años lejos de su reino...
Cinco años bajo vigilancia, disciplina y educación estricta.
Cinco años preparándose para regresar algún día y reclamar la corona que le pertenecía por derecho.