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MAGIK ZAGA

MAGIK ZAGA

Status: Terminada
Genre:Edad media / Mundo de fantasía / Acción / Completas
Popularitas:796
Nilai: 5
nombre de autor: GS Universe

Un grupo de jóvenes se ve arrastrado por la búsqueda y protección de reliquias antiguas que despiertan poderes y ambiciones peligrosas. Perseguidos, traicionados y forzados a despertar habilidades que no comprenden, deberán unir fuerzas con aliados inesperados para impedir que una facción libere una fuerza capaz de arrasar su mundo. Entre batallas, sacrificios y decisiones morales, su viaje decidirá el destino de muchas vidas.

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El Pasado

La cabaña olía a metal caliente y a hierbas secas; el crepitar de la forja se mezclaba con el murmullo de un caldero. Borin trabajaba con la concentración de quien forja destino: martillaba, medía, y entre chispas explicaba con voz grave el proceso para preparar la poción prisma. No era una receta común: requería la esencia de las flores prisma, agua de manantial filtrada por cuarzo, polvo de carbón de la raíz de la planta carnívora y una pizca de ceniza de Zalamander. Borin hablaba despacio, como si cada palabra fuera un golpe de martillo que debía acertar en el punto exacto.

—La mezcla debe calentarse hasta que el líquido tome un brillo irisado —dijo—. Luego se deja reposar bajo la luna llena para que la magia se asiente. Si te apresuras, la poción puede volverse inestable y hacer más daño que bien.

Lira movía las manos con cuidado, midiendo y vertiendo mientras canturreaba un tono que parecía calmar al caldero. Edran observaba desde la mesa, las vendas aún manchadas de sangre, la respiración más tranquila gracias a las pociones azules. Cuando Lira le ofreció el frasco con la poción prisma, su reflejo en el vidrio parecía otro hombre: más pálido, pero con los ojos encendidos por una mezcla de miedo y esperanza.

—Bebe despacio —le indicó Lira—. No es una cura instantánea, pero estabiliza la magia en el cuerpo y ayuda a cerrar heridas profundas. También puede amplificar la resonancia de las reliquias.

Edran inclinó la cabeza y bebió. El líquido era frío y dejó un regusto a metal y flores. Al principio sintió un hormigueo que subía desde el estómago hasta la garganta; luego, como si alguien hubiera afinado sus nervios, el dolor se atenuó y la respiración se hizo menos trabajosa. Las vendas dejaron de empaparse; la piel alrededor de las heridas palideció y la sangre se detuvo. No era una curación total, pero le devolvía movilidad y claridad.

Mientras la poción hacía efecto, Edran aprovechó para preguntar lo que la noche anterior no le permitió: todo sobre las invocaciones. Lira se sentó frente a él, con las manos aún perfumadas por las flores, y habló con la modestia de quien conoce límites.

—Mi madre me enseñó lo básico —dijo—. El anillo es un vínculo, no un arma. Permite llamar a entidades que responden a una afinidad: fuego, agua, bestias, luz. Pero cada invocación exige un precio: energía, control y, a veces, un fragmento de lo que invocas. Yo apenas controlo lo suficiente para pedir ayuda; no puedo forzar a un guardián a obedecer órdenes complejas.

Edran escuchó con atención. Le contó cómo la daga había brillado, y cómo Borin había reconocido la marca de Amaranto. Lira frunció el ceño al oír lo de las reliquias.

—Las reliquias atraen —murmuró—. No solo por su poder, sino por lo que representan. Hay quienes las buscan para proteger, y quienes las buscan para dominar.

La conversación se volvió más íntima cuando la tarde se desvaneció y la cabaña se llenó de sombras. Borin se retiró a la forja, dejando a los jóvenes con una lámpara y una mesa cubierta de mapas y herramientas. Afuera, el bosque respiraba en calma; adentro, la luna llena comenzó a asomarse por la ventana, bañando la habitación con una luz pálida.

Se sentaron afuera, las rodillas casi tocándose, y miraron la luna. El silencio entre ellos no era incómodo; era un puente. Edran habló de su infancia en la aldea, de la sonrisa de su madre y de la daga que le dejó su padre. Lira habló de su pueblo, de cómo su familia había guardado el anillo por generaciones y de la presión de aprender a invocar sin causar daño. Descubrieron coincidencias pequeñas y grandes: ambos habían perdido figuras parentales que les dejaron objetos con más preguntas que respuestas; ambos habían sentido el rechazo de quienes no comprendían sus dones; ambos, en el fondo, buscaban algo más que monedas o fama.

—Pensé que la vida de aventurero sería simple —dijo Edran con una media sonrisa—. Entrar, salir, vender y volver a la taberna. Pero ahora entiendo que hay cosas que no se venden.

Lira rió, un sonido suave que se mezcló con el viento. —Yo creía que curar sería suficiente. Pero las invocaciones me muestran que sanar también implica elegir qué proteger.

La cercanía creció sin prisa. Hablaron de miedos: Edran confesó su temor a fallar y a no estar a la altura de la daga; Lira admitió su miedo a perder el control de un guardián y herir a quienes ama. Compartieron sueños: Edran quería encontrar un propósito que no fuera huir de su pasado; Lira deseaba dominar su don para ayudar sin depender de la superstición de los demás.

La luna subió y la conversación se volvió más ligera, salpicada de risas y silencios cómplices. Por un momento, la cabaña pareció un refugio fuera del tiempo, un lugar donde dos caminos se entrelazaban. Sin embargo, la paz fue frágil.

A varias leguas de distancia, en una aldea vecina, la noche se rompió en gritos. Casas de madera ardían en llamas pequeñas y crueles; puertas estaban abiertas de par en par y en los patios yacían cuerpos con heridas precisas, como si alguien hubiera ejecutado su trabajo con frialdad. Los aldeanos que quedaban corrían en pánico, buscando armas, escondites, respuestas.

Los atacantes no eran bandidos comunes. Se movían en silencio, con capas oscuras y máscaras que ocultaban rasgos; sus golpes eran rápidos y certeros, dirigidos a puntos vitales. No robaban objetos de valor; tomaban reliquias pequeñas, amuletos y piezas de metal con símbolos antiguos. En la plaza, un grupo de hombres y mujeres intentó resistir, pero fueron abatidos con una eficiencia que heló la sangre de los testigos.

Un anciano, con la voz temblorosa, murmuró una palabra que hizo que la gente se mirara con horror: —Reliquias.

En la cabaña, la risa de Lira se apagó cuando Edran escuchó, a lo lejos, el eco de un grito que no pertenecía al bosque. Ambos se quedaron inmóviles, la luna testigo de un silencio que ahora pesaba. Lira apretó el anillo con los dedos, como si buscara en él una respuesta que no tenía.

—No es coincidencia —dijo en voz baja—. Alguien está buscando reliquias, y no para protegerlas.

Edran pensó en la daga, y sintió que el mundo se estrechaba alrededor de una verdad peligrosa: su hallazgo no era un accidente. La noche, que hasta entonces había sido un bálsamo, se volvió un recordatorio de que cada objeto con marca atraía ojos que preferían la sombra. Afuera, la aldea ardía y las llamas dibujaban sombras largas que parecían señalar un camino que, tarde o temprano, tendrían que seguir.

1
AJRR
la aventura en ese bosque está a tope. Veamos que siguie.
AJRR
Ese bosque es una gran idea en la creación de la historia, me gustó mucho. También me encantó la zalamander. Esa espada suena a una carta de Yu Gi Oh. jajajaja
yua megumi
La terminé dn dos dias necesito maaaas
AJRR
Revelación reveladora me quede como wou owu wou.
GS Universe: de verdad, muchas gracias
total 3 replies
AJRR
Gran propuesta la tuya en este novela muy bien hecho compañero escritor.
GS Universe: muchas graciass
total 3 replies
M.F. Lawren
me gustó mucho sigue así
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