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EL ALFA QUE ME ODIABA

EL ALFA QUE ME ODIABA

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Mitos y leyendas / Hombre lobo / Omegaverse
Popularitas:3.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Dyanne Valdez

"Los omegas tienen prohibido acercarse a mí. Esa es mi única regla." Damián es el Alfa más temido de la ciudad. Frío, cruel, y con un odio profundo hacia los omegas. Nadie sabe por qué, pero todos saben que acercarse a él es buscarse la muerte. Yo soy Lola. Una omega invisible, de esas que pasan desapercibidas. Mi olor es neutro, y así me gusta: invisible, viva. Hasta que una noche, un celo inesperado me toma por sorpresa justo cuando él cruza mi camino. Su olor me envuelve. El mío lo enloquece. Y sin quererlo, sin desearlo, contra toda lógica... Quedamos vinculados. Ahora el Alfa que me odia está atado a mí para siempre. Hará todo lo posible por romper este vínculo, pero cada intento lo acerca más a mí. Y cuando otro Alfa intente lastimarme... Su lobo desata el infierno para protegerme. Dicen que el odio y el amor son la misma cara de una moneda. Pero, ¿qué pasa cuando su mente me rechaza, pero su lobo me reclama? ¿Podrá Damián aceptar que soy su compañera? ¿O el vínculo nos destruirá a los dos?

NovelToon tiene autorización de Dyanne Valdez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16: Los Visitantes

(POV Lola)

La mañana empezó tranquila.

Demasiado tranquila, pensé después.

Había bajado a la cocina a buscar un té. Elara aún dormía, y yo necesitaba algo caliente antes de enfrentar el día. La cocinera, una mujer amable que siempre me sonreía, me preparó una taza humeante.

—Gracias —dije, y salí al pasillo con el té en la mano.

Fue entonces cuando oí el escándalo.

Voces en el recibidor. Órdenes. Maletas arrastrándose. Me asomé con curiosidad.

Y me encontré con una escena que no esperaba.

Maletas por todas partes. Sirvientes yendo de un lado a otro. Y en el centro, una chica morena, vestida con ropa tan cara que dolía mirarla, dando órdenes a gritos.

—¡Con cuidado! ¡Esa es de cristal! ¿Es que no saben hacer nada?

Di un paso atrás para esconderme, pero fue demasiado tarde.

—¡Tú! —me señaló—. Sí, tú. La de la taza. Ven aquí.

Miré a mi alrededor. No había nadie más.

—¿Yo? —pregunté.

—Sí, tú. ¿Quién va a ser? Ven aquí ahora mismo.

Me acerqué lentamente, sin saber muy bien qué estaba pasando.

La chica me miró de arriba abajo con desprecio. Su mirada se detuvo en mi ropa sencilla, en mi taza de té, en mi cara sin una gota de maquillaje.

—Por fin alguien del servicio —dijo con alivio—. Toma —señaló dos maletas enormes—. Sube esto a la habitación de Damián. Y con cuidado, que son mis cosas favoritas.

Parpadeé.

—¿Perdona?

—Que subas las maletas. ¿Eres tonta o qué? Vamos, muévete.

—Yo no soy...

—Mira, no me importa lo que seas. Llevo horas de viaje, estoy cansada, y estas maletas no van a subirse solas. Así que deja la taza y ponte a trabajar.

Abrí la boca para responder, pero en ese momento una voz helada nos interrumpió.

—Valeria.

Damián apareció en la entrada del recibidor. Su rostro era una máscara de hielo.

La chica, Valeria, se giró con una sonrisa radiante.

—¡Damián! Hermano querido. Por fin alguien con quien hablar. Estos sirvientes tuyos son un desastre.

—¿Qué haces? —preguntó Damián, ignorando por completo sus palabras.

—Le estaba pidiendo a esta chica que subiera mis maletas. Por cierto —me miró de nuevo—, ¿tú no llevas uniforme? ¿Eres nueva?

El silencio cayó.

Damián me miró. Yo lo miré. Valeria nos miró a los dos.

—No es del servicio —dijo Damián lentamente.

—¿Cómo? —Valeria frunció el ceño—. ¿Entonces qué hace en la cocina? ¿Y por qué viste así?

—Es Lola —respondió Damián—. Una... invitada.

—¿Invitada? —Valeria me miró como si acabara de descubrir que soy un alienígena—. ¿Invitada? ¿En tu casa? ¿Una chica?

—Sí.

—¿Por qué?

—No es asunto tuyo.

Valeria abrió la boca. La cerró. La volvió a abrir.

—Pero... pero tú nunca invitas a nadie.

—Ya.

—Y menos a chicas.

—Ya.

—Y menos a chicas que parecen... —me miró de arriba abajo otra vez—. Bueno, que parecen recién salidas de la calle.

Damián dio un paso adelante. Su presencia llenó todo el recibidor.

—Lola es mi invitada —dijo con voz baja y peligrosa—. Y mientras esté aquí, se la tratará con respeto. ¿Entendido?

Valeria palideció ligeramente.

—Claro —dijo, pero su voz había perdido toda la chulería—. Claro que sí. Lo que tú digas.

Damián asintió y se giró hacia mí.

—Ven. Te presento al resto.

Lo seguí, dejando a Valeria con sus maletas y su cara de incredulidad.

Detrás de ella, en la entrada, vi a un hombre mayor. Canoso, con los mismos ojos dorados de Damián pero apagados por los años. A su lado, una mujer rubia, de sonrisa tensa.

El padre. La madrastra.

Los visitantes.

Y yo, sin saberlo, me había convertido en el centro de atención.

(POV Lola - La cena)

La cena fue un campo de minas.

Konstantin, el padre de Damián, era un hombre de pocas palabras. Me miró con curiosidad, pero no preguntó nada. Solo asintió cuando Damián dijo mi nombre y añadió "es una invitada".

Elena, su esposa, fue más directa.

—¿Invitada? ¿Y de dónde la conoces, Damián?

—De la ciudad.

—¿Y qué hace aquí? ¿Por cuánto tiempo se queda?

—Lo suficiente.

—Ah.

Esa conversación murió ahí.

Valeria, en cambio, no podía dejar de mirarme.

Y no solo mirarme. Cada vez que podía, se inclinaba hacia Damián. Le tocaba el brazo. Le susurraba cosas al oído.

—¿Te acuerdas de cuando éramos pequeños, Damián? Tú siempre me protegías.

Damián no respondió.

—Y aquella vez que me caí en el jardín y tú me llevaste en brazos a casa. Qué bonito.

Damián apartó el brazo.

—Fue hace años.

—Pero yo me acuerdo. Yo me acuerdo de todo.

León, al otro lado de la mesa, puso los ojos en blanco.

Elara, a mi lado, me dio una patada por debajo de la mesa.

Yo intentaba mantener la compostura, pero cada palabra de Valeria era como un alfiler.

Tú siempre me protegías.

Me llevaste en brazos.

Me acuerdo de todo.

—¿Y tú, Lola? —preguntó Valeria de repente, mirándome con falsa curiosidad—. ¿A qué te dedicas?

—Estudio.

—¿Estudias? ¿En la universidad?

—Sí.

—Qué interesante. ¿Y cómo conociste a Damián?

—Por casualidad.

—¿Casualidad? Qué curioso. Damián no cree en las casualidades.

Damián levantó la vista.

—Valeria.

—¿Qué? Solo pregunto. Es raro tener una invitada en casa, ¿no? Sobre todo una invitada tan... sencilla.

El insulto era evidente. Pero yo no iba a morder el anzuelo.

—La sencillez tiene sus ventajas —respondí con una sonrisa—. Por ejemplo, no necesito que nadie me lleve en brazos.

León se atragantó con el agua.

Elara soltó una risa ahogada.

Valeria me miró con los ojos entrecerrados.

Y Damián...

Damián sonrió.

Fue una sonrisa pequeña\, *p*n*s un movimiento en las comisuras. Pero estaba ahí.

Y a través del vínculo, sentí algo que no esperaba.

Orgullo.

(POV Lola - Noche, en la habitación)

Damián entró sin decir palabra.

Se tumbó en su lado de la cama, de espaldas a mí. Pero a través del vínculo, notaba que no estaba tenso. Al contrario.

Estaba... tranquilo.

—Damián.

—¿Mmm?

—Tu hermanastra es...

—Insoportable.

—Iba a decir interesante, pero insoportable también sirve.

—Lleva años siéndolo.

—¿Siempre ha sido así?

—Siempre.

—¿Y siempre te ha llamado "hermanito"?

Damián se giró lentamente. Me miró con esos ojos dorados que tantas veces me habían helado la sangre.

—¿Por qué lo preguntas?

—Por nada. Curiosidad.

—¿Curiosidad?

—Sí. Simple curiosidad.

—¿Sobre Valeria?

—Sobre ella. Sobre ustedes. Sobre...

—¿Sobre qué?

—Sobre nada. Déjalo.

No respondió. Pero siguió mirándome.

—Lola.

—¿Qué?

—¿Te molestó?

—¿El qué?

—Lo de hoy. Valeria.

—No.

—¿Segura?

—Completamente segura.

—Porque si te molestó...

—No me molestó. ¿Por qué me iba a molestar? Es tu hermanastra. Es normal que sea... cercana.

—¿Cercana?

—Sí. Cercana. Cariñosa. Todo eso.

—Ah.

—Además, no tengo derecho a molestarme.

—¿No?

—No. Somos... no somos nada.

El silencio cayó entre nosotros.

Damián me sostuvo la mirada un largo momento. Largo. Intenso.

—¿Y si quisiéramos ser algo? —preguntó en voz baja.

El aire se congeló en mis pulmones.

—¿Qué?

—Nada. Olvídalo.

Se giró de nuevo, dejándome con la palabra en la boca.

Pero yo no podía olvidarlo.

¿Y si quisiéramos ser algo?

—Damián.

—Duérmete, Lola.

—Pero...

—Mañana.

Suspiré.

—Buenas noches, Damián.

—Buenas noches.

Apagué la luz.

Pero en la oscuridad, no podía dejar de pensar en sus palabras.

Y a través del vínculo, sentí que él tampoco dormía.

1
Carola Videla 😈🇦🇷
si eso es el problema, lo que siente y no quiere sentir. Pobres omegas tanto odio por ellos , que injusto
tomatito
podra mandar él, pero en la cama manda ella y el obedece 🤣🥰
tomatito
me enamore de la historia y apenas es el caitulo dos😶
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