Davina Guedes sueña con trabajar en la Inmobiliaria Hawser , sin saber que al lograrlo , despertaría la pasion y al obsesión de su dueño , el empresario Danilo Hawser.
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Capitulo 6
Las semanas siguientes al ascenso de Davina fueron un torbellino. Ella se sumergió en los expedientes del Proyecto G-4 con una inteligencia que dejó a los ingenieros y arquitectos boquiabiertos. Pero mientras ella se enfocaba en los números y la logística, los ojos de Danilo Hawser se enfocaban en ella.
Danilo, acostumbrado a mujeres que se esforzaban demasiado por impresionarlo con joyas y modales ensayados, estaba fascinado por la autenticidad de Davina. Le gustaba cómo fruncía el ceño cuando no estaba de acuerdo con un informe, y cómo su acento de Estácio afloraba cuando se apasionaba defendiendo una idea.
La primera señal de que las cosas estaban cambiando fue una mañana de martes. Sobre el escritorio de Davina había una caja de terciopelo azul y una nota escrita a mano.
*"Para una mujer que va a conquistar el cielo, hace falta un equipo a su altura. — D.H."*
Dentro de la caja había un iPhone de última generación y una computadora portátil de titanio, ambos personalizados con sus iniciales. Davina intentó devolverlos.
—Señor Hawser, no puedo aceptar esto —dijo ella, entrando en su despacho.
Danilo ni siquiera levantó la vista de su tableta.
—No es un regalo, Davina. Es una herramienta de trabajo. Mi asistente no puede perder segundos valiosos con tecnología lenta.
Pero los "regalos de trabajo" pronto se volvieron personales. Dos días después, llegó una tarjeta de una de las boutiques más exclusivas de la ciudad. *"He reservado una selección de trajes para sus próximas reuniones con los inversores. Solo tiene que ir y elegir. Ya está todo pagado"*.
Davina se encontró frente a espejos de tiendas donde nunca se atrevió a entrar, vistiéndose con sedas y linos que costaban más que el alquiler de su casa por tres años. Al principio se sentía como una impostora, pero cuando veía su reflejo, veía a la mujer poderosa que siempre quiso ser.
El clímax de esta seducción material llegó una tarde lluviosa. Davina estaba terminando unos informes cuando Danilo entró en su oficina. No vestía su chaqueta de traje; tenía las mangas de la camisa remangadas, mostrando un aire de vulnerabilidad y fuerza que hizo que el pulso de Davina se acelerara.
—Mi chófer ha llevado algo a casa de tu madre hoy —dijo él, apoyándose en el marco de la puerta.
Davina se tensó. —¿A casa de mi madre? ¿Qué ha hecho, señor Hawser?
—Le envié un sillón ortopédico de última tecnología y un televisor nuevo. El chófer me dijo que el que tenían apenas encendía. Y también le dejé una tarjeta de un servicio de enfermería privada para que la asistan mientras tú estás aquí trabajando conmigo.
Davina sintió un nudo en la garganta. Podía rechazar un teléfono o un vestido, pero ¿rechazar el bienestar de su madre? Danilo sabía exactamente dónde golpear.
—¿Por qué hace esto? —preguntó ella en un susurro.
Danilo se acercó. El aroma a sándalo y éxito que desprendía inundó el espacio de Davina. Él extendió la mano y, con una delicadeza que ella no esperaba, le apartó un mechón de pelo detrás de la oreja. Sus dedos rozaron su piel, provocando una descarga eléctrica.
—Porque eres la primera persona en años que no me mira buscando mi dinero, Davina —dijo él con voz ronca—. Y eso me hace querer dártelo todo. Quiero ver hasta dónde puedes llegar si el mundo deja de ponerte obstáculos.
Él no la besó, pero la intensidad de su mirada fue más íntima que cualquier contacto físico. Antes de salir, dejó un último sobre sobre la mesa.
—Mañana hay una gala benéfica. Irás conmigo. No como mi asistente, sino como mi invitada personal. Hay un vestido en el sobre. Espero que te guste el verde esmeralda.
Davina abrió el sobre. Era una invitación de oro y un cheque en blanco con una nota: *"Compra las joyas que necesites. No quiero que nada brille más que tú mañana"*.
Esa noche, en Estácio, Davina miró a su madre, que descansaba feliz en su nuevo sillón, y luego miró el cheque sobre la mesa de la cocina. Estaba entrando en un mundo de lujos, pero sabía que en ese mundo, nada era realmente gratis. Danilo Hawser estaba prendiendo un fuego, y ella no sabía si quería apagarlo o quemarse en él…