Desilusionada por la traición de su esposo, Tamara encontrará refugio en donde menos lo espera, los brazos de su jefe. Un importante joyero, un ceo de renombre, un artista único y excéntrico que viaja por el mundo exponiendo sus magníficas colecciones, sin interesarse realmente en el amor y solo le importan sus piedras preciosas. Sin embargo pronto descubrirá que la joya más invaluable e inalcanzable es la mujer que se hospeda bajo su mismo techo y a la cual pretende conquistar.
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Capítulo N°6
El paramédico revisaba los signos vitales de Tamara, su presión arterial aún seguía muy baja, su piel estaba visiblemente pálida y su pulso comenzaba a acelerarse.
—Señorita, ¿recuerda qué fue lo que sintió antes del desmayo?—interrogó mientras tomaba el registro de su pulso en la libreta.
—Recuerdo que comencé a temblar, sentí algo de náuseas pero no le di importancia, no era la primera vez que me sucedía en el transcurso de la noche, luego tuve un terrible dolor de cabeza, una punzada fuerte que me nublo la vista—dijo entonces el doctor asintió mientras continuaba tomando notas—. Entonces al abrir el agua caliente de la ducha todo comenzó a girar a mi alrededor, no podía sostenerme, era como si mis piernas no tuvieran fuerzas así que me senté en el piso esperando que todo se detuviera y mi cuerpo volviera a ser como el de siempre—comentó mientras sentía que su visión se nublaba producto de las lágrimas pero prosiguió con su relato—. Después todo se puso en blanco y no recuerdo nada más, salvo que al despertar estaba en la cama y no sé cómo llegué hasta aquí—explicó sin dejar de mirar un punto fijo en la pared.
—Señora, ¿sus náuseas son recurrentes?
—No.
—¿Siempre toma alcohol?
—No, esta es la primera vez que bebo y al parecer mi organismo no lo tolera.
—Entiendo.
Franco estaba impaciente con tantas preguntas que no llevaban a ningún diagnóstico y ese doctor comenzaba a irritarse por como miraba a su secretaria así que intervino.
—¿Doctor que tiene "mi mujer"?—preguntó enfatizando la última palabra a tal punto que Tamara se sorprendió por como la llamó sin embargo no tenía sentido aclarar esa situación, ya que a la vista de todos era la dueña de la casa y la mujer del ceo, así que bajo la mirada y solo escucho la respuesta del doctor.
—Señor, aún es muy pronto para dar un diagnóstico certero.
—¿Pero sospecha de algo?
—No estoy seguro, un desmayo puede producirse por varios factores, pero sí sospecho de algo—explicó mientras recogía sus cosas—. De igual manera la señora se encuentra deshidratada, la tendremos que trasladar a la clínica para realizarle algunos análisis, hidratarla, hacerle algunos estudios complementarios y además debemos atender la piel de su espalda. Si bien la quemadura no es de gravedad requiere de un tratamiento apropiado.
—No es necesario ir a ningún lado, ya me siento mejor—protestó Tamara recordando que la clínica en donde se atendía Franco Contreras era una de las más costosas de la ciudad—.Si mañana tengo algún malestar iré al hospital.
—No discutas muñeca, iremos a la clínica y no debes preocuparte por nada—intervino Franco al ver que ella estaba pensando en el dinero—. Muñeca ahora estás bajo mi protección y siempre estaré a tu lado—dijo tomando su mano para luego besar con ternura la palma de la misma y sin dejar de mirarla a los ojos le sonrío para que supiera que todo estaría bien.
—Arreglare todo para el traslado—indicó el doctor saliendo de la habitación.
[…]
Tamara estaba cansada, quería dormir sin embargo cada vez que pretendía cerrar sus ojos ingresaba a la habitación la enfermera con alguna indicación médica. Llevaba tres horas en ese lugar y aún nadie le había dado un diagnóstico. Su espalda estaba vendada con una gasa especial, que mantenía su piel fría y la hacía tiritar de frío, sin embargo se sentía cómoda y sin dolor.
Franco se encontraba sentado en un sofá individual, no le quitaba los ojos de encima, la vigilaba constantemente y cada vez que alguien entraba al cuarto se ponía de pie esperando una respuesta o mirando atentamente lo que le hacían a su bella secretaria.
—Listo, eso es todo—indicó la enfermera una vez que terminó de cambiar el suero vacío y colocar uno nuevo en el soporte—. Ahora sí tu hidratación es la correcta—comentó con una sonrisa bajando el conteo de goteo—. Te suministraremos la solución más lentamente—explicó.
—Gracias—dijo Franco feliz de saber que Tamara se estaba recuperando.
— De nada solo hago mi trabajo—dijo coquetamente al pasar a lado del ceo y moviendo las caderas descaradamente—. Llámame si me necesitas.
Tamara vio la escena y se sintió furiosa todas las mujeres del mundo estaban descaradamente intentando conquistar a los hombres de su vida, sin disimular su enfado dijo
—Me quiero ir a casa, este lugar es un infierno—se quejó una vez que la enfermera salió de la habitación luego de renovar el suero.
—Te entiendo perfectamente, pero debes ser paciente, pronto regresaremos a la casa—dijo y le sonrió tiernamente.
—Franco, no tienes porque quedarte aquí, puedes regresar a tu hogar y descansar salvo que necesites la atención de esa enfermera—comentó sin evitar sentir celos.
—No me iré de aquí sin ti, así que deja de preocuparte por mí, estoy bien y no necesito que nadie me atienda—contestó sentándose sobre la cama—. ¿Acaso no te has dado cuenta?
—¿Qué?—preguntó sintiendo como se acercaba lentamente hasta su rostro a tal punto que podía sentir su aliento rozar su piel.
—Cruzamos una línea tan delgada que ahora te pertenezco—confesó antes de besar sus labios.
Ella respondió a ese beso, rindiéndose por completo así que levantó ambos brazos y los llevó detrás de la nuca de él. Necesitaba estar lo más cerca de ese hombre que le brindaba seguridad no solo con palabras sino con hechos, entonces no pudo evitar pensar que era una tonta por desconfiar de él.
Al separarse suspiro profundamente y abrazando a su jefe le murmuró
—Gracias por estar conmigo, gracias por no dejarme sola en este momento tan peculiar de mi vida.
—¿Por qué haría algo así?
—Sé que no debo comparar, que eso está mal, porque tú y él son personas totalmente diferentes pero es inevitable—dijo y una lagrima rodo por su mejilla—Franco, en todos los años que estuve casada con Saimon jamás se preocupó por mí como tú lo has hecho durante esta noche y eso que solo soy tu asistente—dijo limpiando su rostro.
—Por ahora solo eres mi asistente sin embargo espero que con el tiempo puedas aceptarme como algo más—dijo al mismo tiempo que rompió el abrazo y la miraba a los ojos—. Sé que es muy pronto para decirlo, pero sí me permites estar a tu lado puedo demostrarte que hace mucho dejé de verte como una simple secretaria—confesó con sinceridad—. Tamara, debes saber que eres importante para mí y sí hoy tengo la oportunidad de conquistarte, tenlo por seguro que lo haré.
Tamara lo miró sorprendida, solo pensaba que sí solo se acostaba con él solo sería una aventura de una noche que olvidarán al amanecer sin embargo ese hombre le estaba confesando sus sentimientos, estaba diciendo que la quería y ella no estaba seguro de estar lista para comenzar una nueva relación.
Franco parecía leer sus pensamientos y al ver la mirada de confusión en su rostro y como su pulso se iba acelerando le habló con ternura acariciando su rostro.
—Sé que aún es muy pronto para comenzar algo conmigo, aún debes arreglar muchas cosas en tu vida pero te prometo que cuidaré de ti como si fueras la joya más preciosa que existe en este mundo y te sabré valorar como tal. Muñeca, haré que cada minuto a mi lado valga la pena y te olvides de ese desgraciado que no te supo amar como mereces—acaricio su rostro con cariño, pasando el pulgar por su piel intentando borrar el rastro de una lágrima traicionera—. No soy un hombre perfecto y lo sabes porque me conoces mejor que nadie pero a tu lado puedo ser una mejor persona, así que te daré todo el tiempo que necesites para tomar una decisión y cuando estés lista, yo estaré esperando por ti—dijo y la besó nuevamente.