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Las Crónicas De Kathall Y El Hijo Del Re'Xhuz

Las Crónicas De Kathall Y El Hijo Del Re'Xhuz

Status: En proceso
Genre:Amor en la guerra / Mundo mágico / Batalla por el trono
Popularitas:720
Nilai: 5
nombre de autor: Deivis Blanco

hace 500 años "Kathall" sufrió tras la última guerra santa donde muchos murieron. En especial, Re'Xhuz el titan de la muerte quien fue derrotado por la primobestia "Fenixsera" pero algo de su esencia quedo vagando en el mundo. Esencia que se introduce en el cuerpo de una humana, siendo esta su cuna mientras se prepara para volver y así iniciar otra guerra santa.

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​Capítulo 5: Las Guías Olvidadas y el Aliento del Imperio

​El cielo sobre Cendolia se había vuelto una herida abierta. Nubes densas y aceitosas se arremolinaban en un torbellino de cólera divina, escupiendo relámpagos de un violeta eléctrico que rasgaban la penumbra. Los truenos no eran estallidos secos, sino rugidos prolongados que hacían vibrar la piedra misma del continente, como si Kathall estuviera sufriendo convulsiones.

​El Sendero de las Sombras

​Lejos de los caminos reales, en una zona donde la realidad parecía deshilacharse bajo la tormenta, Liria y Clio avanzaban con el aliento quemándoles los pulmones. Liria apretaba su vientre, sintiendo un frío punzante que contrastaba con el sudor febril de su frente; el vestigio de Re'Xhuz se había asentado en ella como una piedra de hielo.

​—No podemos detenernos, Clio... —jadeó ella, sus ojos ámbar reflejando el destello de un rayo cercano.

​Frente a ellos, emergiendo de la bruma como si estuvieran hechos de humo y noche, aparecieron dos figuras imposibles. Un Zorro de siete colas, cuyo pelaje negro absorbía la poca luz del ambiente, y un Cuervo de envergadura imponente y ojos como ascuas. Para los amantes, educados en el escepticismo de las cortes y los templos, estas criaturas eran solo los ecos de las 7 de Zalem, mitos de una era de sombras que la historia oficial había intentado borrar.

​—Son solo leyendas, Liria... no pueden ser reales —murmuró Clio, desenvainando su daga mientras sus ojos verdes escaneaban al zorro.

​Sin embargo, el animal no mostró los colmillos. Agitó sus siete colas, abriendo un sendero oculto entre grietas rocosas y maleza antigua que ningún humano o elfo habría detectado jamás. Era un camino "fuera del mundo", un sendero protegido por una magia vieja que impedía que sus huellas fueran rastreadas. Sin más opción que confiar en el mito, los fugitivos se adentraron en las sombras, dejando atrás el Valle Luz de Luna para iniciar el largo y peligroso viaje hacia las distantes Cumbres de Arkon.

​El Encuentro de los Perseguidores

​En el epicentro del desastre, las ruinas del Templo de Sanir humeaban bajo la lluvia ácida. Dos ejércitos convergieron allí, reclamando el derecho de ser el verdugo de los traidores.

​Nerwel llegó primero. Sus guerreros elfos parecían espectros de plata entre las columnas rotas. El hermano del Gran Druida sostenía el Arco de los Susurros Muertos, y su rostro era una máscara de odio puro hacia todo lo que oliera a humanidad. Al notar la llegada de los Caballeros de la Rosa de Hierro, Nerwel tensó la cuerda de su arco.

​—Ni un paso más, Marcuz —siseó Nerwel, su voz cortando el viento como una cuchilla—. El suelo de Neressis ha sido profanado por vuestra sangre. Si vuestra hija es la cuna de la oscuridad, mi arco será quien detenga su corazón.

​Marcuz, el padre de Liria, desmontó de su corcel de guerra. Su armadura de placas estaba manchada de ceniza y sus ojos reflejaban una agonía interna que ningún juramento podía ocultar. Detrás de él, sus caballeros eran una muralla de acero y voluntad.

​—Vengo por mi hija, elfo —respondió Marcuz con voz ronca—. Si ha de ser juzgada, lo será bajo las leyes de Belandria. Pero no permitas que el odio nos ciegue: lo que ella lleva dentro es una amenaza que nos devorará a todos si no la encontramos antes de que alcance el Bosque Verdigris.

​Ambos líderes, unidos por una tregua armada y un pavor compartido, observaron cómo el templo terminaba de desmoronarse. La caza había comenzado, y el rastro los obligaba a mirar hacia el norte.

​La Voluntad del Imperio Negro

​A cientos de leguas de allí, en las entrañas de Orcariaz, el aire sabía a azufre y ambición. Thaneus, el Gran Soberano del Imperio Negro, descendió personalmente a las mazmorras de obsidiana. Sus pasos resonaban con el eco del hierro contra la piedra.

​Se detuvo frente a la celda de Calanthe, la Profética. Con un gesto brusco de su mano enguantada en metal, las pesadas cadenas de la mujer cayeron al suelo con un estruendo seco.

​—Levántate, Zalem —ordenó Thaneus, su voz retumbando como un trueno subterráneo—. El mundo se está rompiendo y tú eres la única que puede ver los hilos.

​Calanthe se puso en pie con una gracia sobrenatural, sus ojos de plata líquida brillando en la oscuridad de la celda.

​—Quieres que los encuentre —susurró ella, frotándose las muñecas marcadas por el cautiverio.

​—Quiero que guíes a mis Cazadores de Almas —sentenció Thaneus—. Nerwel y Marcuz buscan sangre, pero yo busco el futuro. Si el hijo de Re'Xhuz ha de nacer, será bajo mi sombra. Encuentra a la humana y al elfo. No permitas que nadie más ponga sus manos sobre ellos.

​Calanthe sonrió, una expresión carente de alegría que mostró sus dientes manchados de sangre.

—El zorro y el cuervo ya los han ocultado, Thaneus... pero mi ojo astral no conoce fronteras. Los llevaremos a Orcariaz, aunque el planeta entero se quiebre en el proceso.

CONTINUARÁ...

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Nancy
va a seguir actualizando está muy buena la historia te felicito
Nancy
Se ve muy prometedora la historia
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