Sol ha sobrevivido diez años sin nombre, sin recuerdos y sin más compañía que el dolor. Desde que despertó a los dieciocho sin saber quién era, su vida se convirtió en golpes y tortura. Pero todo cambia cuando llega al castillo del rey demonio... Y él, sin explicación alguna, le pide matrimonio.
¿Acaso ya se conocen? Quizás, el secreto de su recuerdos sean la respuesta porque él la ama tanto.
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Capitulo 6
En la mansión de las flores se escuchaban risas y conversaciones animadas. Las mujeres parecían disfrutar un raro momento de alivio. Ruth relataba una de sus historias del pasado mientras mostraba sus muñecas cubiertas de profundas cicatrices.
— Todavía me acuerdo cuando le devolví el golpe a la señora del lugar. Y este fue el resultado. Cinco días y cinco noches atada en un sitio que no conocía. Eso fue hace años, cuando empezó a decaer el reino Mandrágor.
Catrina asintió con una expresión triste.
— Nuestro reino era tan próspero con la familia real en el poder.
Sofía golpeó la mesa, incapaz de contener la frustración.
— Maldición. ¿Cómo es posible que la familia real se dejara asesinar? Ellos tenían poderes asombrosos. Imagínate a la reina. Tenía el poder de los árboles. Podía controlarlos a su gusto.
Sol escuchaba en silencio. Sus ojos reflejaban confusión mientras procesaba lo que oía.
— ¿Asesinados?... — preguntó con cautela.
Las tres mujeres la miraron sorprendidas. Sofía respondió primero, incrédula.
— ¿Cómo? ¿No sabes lo que le pasó a la familia Mandrágor?...
Sol negó suavemente. Catrina tomó aire y comenzó a explicarle.
— Bien. Su familia era próspera y buena con su pueblo. Tenían tres hijos: la primogénita, la del medio y el menor. Cada uno poseía un poder relacionado con la naturaleza. Una noche, unos intrusos entraron al palacio y asesinaron a todos. Incluyendo a quienes pudieron ser testigos.
Sol prestó atención, como si descubriera una historia completamente nueva.
— ¿Por qué los asesinaron?...
Catrina continuó con serenidad, aunque la tristeza se asomaba en su voz.
— No se sabe. Los rumores dicen que había alguien importante en el palacio. Alguien a quien la familia protegió tanto que dieron su vida por él. Después de su muerte, Ricardo, el hermano del rey, tomó el cargo por ser el único familiar vivo. Su mandato hizo que el reino decayera drásticamente en estos diez años. Mujeres y niños fueron vendidos a otros países. Y quienes no eran vendidos eran explotados. Los hombres fueron esclavizados por trabajo forzado.
Ruth entrecerró los ojos mientras se dirigía a Sol.
— Sol, dime. ¿Dónde habías estado todo ese tiempo?...
Sol intentó responder, pero un viento helado sacudió las puertas. La exreina Antonieta entró acompañada de su dama. El aura oscura y gélida que emanaba detuvo la conversación. Su presencia cambió el ambiente a hostilidad.
Sol se giró al sentir esa intención asesina dirigida hacia ella.
Ruth se tensó de inmediato. Se inclinó hacia Catrina y murmuró con urgencia.
— Llama al rey. Antonieta quiere matar a Sol. Corre lo más rápido que puedas.
Catrina asintió, abrió una ventana y escapó sin ser vista. Antonieta mantenía su mirada fija en Sol, como un depredador acechando a su presa.
— Quédate detrás de mí, Noel — ordenó Sol sin apartar la vista de su enemiga —. ¿Qué quieres?...
Antonieta avanzó con una sonrisa venenosa.
— Qué boca tan sucia para dirigirte a mí, esclava. Dime, ¿te sientes en casa con estas sirvientas? Yo diría que sí. Todas ustedes son tal para cual. Mujeres que deberían estar bajo mi zapato. Empezando por ti, la mujer que me robó a mi marido.
Ruth y Sofía se ubicaron frente a Sol para protegerla.
— Ni te atrevas a tocarle un solo cabello — dijo Ruth con firmeza —. El rey ya se divorció de ti. Solo falta que sea oficial. Ya no tienes poder sobre nosotras.
Los ojos de Antonieta se estrecharon con furia. Su mano, cubierta por una capa sólida de hielo, se alzó para tomar a Ruth por el cuello. Antes de que pudiera alcanzarla, Sol sujetó su muñeca con rapidez. El frío avanzó de inmediato por la piel de Sol como veneno helado.
— Tu pelea es conmigo. No metas a estas personas inocentes en esto — advirtió Sol.
Antonieta sonrió con crueldad.
— ¿Qué piensas hacer, reina de los plebeyos? Ese nombre te queda perfecto. Defendiendo a los más pobres. Patético. Bien. Si deseas tu funeral antes que tu boda, con gusto preparo los detalles.
El hielo avanzaba por los brazos de Sol, robándole la fuerza. Si llegaba a su corazón, moriría en segundos. El pensamiento cruzó su mente sin piedad.
“Moriré aquí"
En ese instante, una figura apareció detrás de Antonieta. Sol abrió los ojos con un destello de alivio.
— ¡Lumiel!... — alcanzó a decir.
Antonieta se rió, incrédula.
— ¿Crees que voy a caer en eso?...
Su dama intentó advertirla, pero Sofía le tapó la boca, conteniendo la risa.
— Shhh, arruinarás la sorpresa.
Antonieta estaba tan concentrada en acabar con Sol que no notó la presencia detrás de ella. Lumiel se acercó como una sombra. Sus dedos rozaron el cuello de Antonieta y un escalofrío recorrió el cuerpo de la mujer.
Lumiel habló con voz grave y autoritaria.
— Suéltala. Si no quieres que te atraviese el cuello, Antonieta.
— ¿Y si no quiero? Vamos, mátame y comienza una guerra por mí. Me halaga que seas tú.
Sol estaba al borde de perder la conciencia. Bastaba un instante para que el hielo llegara a su corazón.
La pregunta quedaba suspendida en el aire.