Alessia Ferrer acepta casarse con el heredero de una familia rival para investigar la muerte de su hermano.
Lo que no esperaba descubrir es que su nuevo esposo también está buscando al asesino… y que ambos podrían estar viviendo con el enemigo dentro de sus propias familias.
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Promesas Bajo Riesgo
Amanecer comenzaba a teñir el cielo de tonos dorados cuando Alessia y Thiago regresaron a la mansión Ferrer. El silencio del lugar contrastaba con la intensidad de lo que acababan de vivir. Las luces del jardín seguían encendidas, y el rocío cubría las hojas como si la noche aún se resistiera a marcharse.
Alessia cerró la puerta del despacho detrás de ellos y dejó los documentos sobre la mesa.
—Si todo lo que capturamos es real… —dijo mientras revisaba las imágenes en su teléfono— Matteo Rinaldi no solo estaba ocultando información.
Thiago se acercó lentamente.
—Estaba preparando algo más grande.
Ella levantó la mirada.
—Una traición.
El silencio llenó la habitación.
Thiago apoyó ambas manos sobre el escritorio, inclinándose hacia los documentos.
—No es solo contra nuestras familias —dijo con voz grave—. Mira estos nombres.
Alessia siguió la línea de su dedo sobre la pantalla. Reconoció a varios empresarios influyentes de la ciudad… y a uno en particular que la hizo tensarse.
—Este hombre trabajaba con Gabriel.
Thiago asintió.
—Exactamente.
Alessia sintió un nudo en el pecho.
—Entonces Gabriel descubrió algo antes de morir.
—Y alguien se aseguró de que no hablara —concluyó Thiago.
Durante unos segundos ninguno dijo nada. La verdad comenzaba a tomar forma frente a ellos, pero cada respuesta abría nuevas preguntas.
Alessia se dejó caer en la silla.
—Esto es peor de lo que imaginábamos.
Thiago rodeó el escritorio lentamente hasta quedar frente a ella.
—Pero ahora tenemos ventaja.
Ella levantó una ceja.
—¿Ventaja?
—Sí —respondió él—. Porque Rinaldi cree que seguimos en la oscuridad.
Alessia suspiró.
—Y nosotros sabemos que está preparando un movimiento.
Thiago asintió.
—Uno grande.
La tensión entre ellos se suavizó cuando sus miradas se encontraron.
Había pasado algo entre los dos en el almacén. Algo que ninguno podía ignorar.
Thiago apoyó una mano en el borde del escritorio.
—Anoche fue arriesgado.
Alessia sonrió ligeramente.
—Pero funcionó.
Él la observó en silencio durante unos segundos.
—No debí llevarte conmigo.
Ella frunció el ceño.
—¿Perdón?
—Era peligroso.
Alessia se levantó de inmediato.
—Thiago, yo elegí estar allí.
—Lo sé.
—Entonces no intentes protegerme como si fuera frágil.
Una pequeña sonrisa apareció en los labios de él.
—Nunca dije que fueras frágil.
—Entonces no lo parezcas.
Por un instante el aire entre ellos se volvió intenso, cargado de orgullo y emoción.
Thiago dio un paso hacia ella.
—Lo que digo es que si algo te hubiera pasado…
Se detuvo.
Alessia notó el cambio en su voz.
—¿Qué?
Thiago la miró directamente a los ojos.
—No lo habría soportado.
El corazón de Alessia se aceleró.
Durante semanas habían estado jugando al matrimonio estratégico, fingiendo una alianza perfecta frente a los demás. Pero en ese momento no había fingimiento.
Solo sinceridad.
—Thiago… —susurró ella.
Él levantó la mano lentamente y apartó un mechón de cabello de su rostro.
El gesto fue suave, casi íntimo.
—Esto ya no es solo estrategia —dijo él en voz baja.
Alessia sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—Lo sé.
Por un momento ninguno se movió.
El mundo exterior desapareció: la guerra de familias, Rinaldi, los secretos… todo parecía distante.
Thiago inclinó ligeramente la cabeza.
—Si seguimos con esto —dijo—, el peligro será cada vez mayor.
—Siempre lo ha sido.
—Pero ahora estamos más involucrados.
Alessia lo miró fijamente.
—Entonces tendremos que ser más fuertes.
Thiago sonrió levemente.
—Eso me gusta de ti.
En ese momento, un golpe fuerte en la puerta interrumpió el momento.
Ambos se separaron de inmediato.
—Adelante —dijo Thiago.
La puerta se abrió y uno de los guardias de la mansión entró con expresión seria.
—Señor Castellani… señorita Ferrer…
Thiago frunció el ceño.
—¿Qué sucede?
El hombre respiró hondo antes de responder.
—Matteo Rinaldi acaba de convocar una reunión esta noche.
Alessia y Thiago intercambiaron miradas.
—¿Dónde? —preguntó Alessia.
—En el Hotel Imperial.
Thiago cruzó los brazos lentamente.
—Interesante.
Alessia comprendió al instante lo que significaba.
Rinaldi estaba reuniendo a todos los involucrados.
Aliados.
Traidores.
Socios ocultos.
—Es una trampa —dijo Alessia.
Thiago negó suavemente con la cabeza.
—No.
Sus ojos brillaron con determinación.
—Es una oportunidad.
Alessia sintió cómo la emoción volvía a recorrerle el cuerpo.
—Entonces iremos.
Thiago sonrió de lado.
—Exactamente.
El juego acababa de cambiar.
Y esta vez, Alessia y Thiago no solo estaban reaccionando a los movimientos de su enemigo…
Estaban listos para adelantarse a él.
La verdadera partida estaba a punto de comenzar.