Ella es una esclava del Reino, obligada a entregarle su cuerpo a los guardias reales y Samuráis Buscará ascender En la alta sociedad sin importarle nada
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Capitulo 9
Me fui a cambiar de ropa.
El kimono empapado pesaba como una lápida. Me arrastraba por los pasillos traseros, esos que usan los sirvientes para no ser vistos, cuando la puerta de la habitación se abrió y una mano me sujetó del brazo.
Akino.
Entró conmigo y ordenó a las demás que se fueran. Su voz no admitía réplica. Las criadas desaparecieron como cucarachas cuando encienden la luz.
La puerta se cerró.
—Bueno —dijo, acercándose—, lo bueno de tenerte aquí es que puedo hacerte mía cuando lo desee.
Su mano sujetó mi rostro. Sus ojos quemaban con ese deseo que tan bien conocía.
—Disfrútalo, Akino —bromeé—, antes de que tu esposa me mate.
Pero él no rió.
Porque le dije su nombre.
Nunca antes lo había dicho. Siempre fue "el funcionario", "él", "el hombre". Nunca Akino. Nunca así, desnudo, solo su nombre en mis labios.
Me miró de un modo extraño. Como si de repente yo fuera más real. Más peligrosa.
—No le hagas caso —dijo, y su voz tenía una dureza que no era para mí, era para ella—. Y te advertí que no sería fácil.
—Lo sé.
Me di la vuelta lentamente. Lo besé.
Un beso profundo, de esos que saben a desafío. Cuando me separé, sonreí contra su boca.
—Ella es tan insoportable... —murmuré—. ¿Cómo la aguantas, cariño?
Akino comenzó a reír.
Una risa genuina, suelta, que le sacudió los hombros. No sabía que a sus espaldas, la puerta estaba entreabierta.
No sabía que su esposa nos miraba.
Yo sí.
La vi desde el primer momento. Su silueta recortada contra la luz del pasillo. Sus manos apretadas. Su respiración contenida.
Esperé el momento justo.
Entonces, con la voz más dulce, más venenosa, más perfecta:
—Dime, cariño —dije, mirándola directamente a los ojos—. ¿A quién prefieres? ¿A tu amada y honorable esposa... o a esta perra callejera que te sabe follar?
La sonreí.
Ella se quedó paralizada. Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. Silenciosas. Derrotadas.
Akino, sin darse la vuelta, sin saber que ella estaba ahí, sin imaginar siquiera, respondió:
—A ti, cariño. Te prefiero mil veces. Eres mi puta favorita. La única.
Ella lo oyó todo.
Cada palabra.
Cada sílaba.
Cerró la puerta suavemente, con una ternura que dolía más que un portazo. Se fue sin hacer ruido, llevándose sus lágrimas a otra parte.
Akino me besó. Apasionado. Ciego. Estúpidamente feliz.
Yo lo besé de vuelta.
Pero mi mente estaba en otro lado.
Cuando terminamos, cuando él se vistió y se fue con esa sonrisa de hombre satisfecho, me quedé sola en la habitación.
Miré la puerta por donde ella había desaparecido.
Y pensé.
A veces no entiendo a las mujeres.
Ellas prefieren odiar a quienes son usadas, en lugar de volcar su enojo en quien nos usa.
La esposa. Sakura. Todas ellas. Siempre peleando entre nosotras por las migajas que los hombres dejan caer.
Debes saberlo: él es hombre. No sabe de lealtad.
Ninguno sabe. Excepto Kakashi. Pero Kakashi es... otra cosa. Kakashi es el único que no entra en esta cuenta.
Los demás...
Yo solo soy una mujer que busca luchar contra el destino. No folleo por placer. Lo hago para obtener beneficios. Es diferente.
No soy igual que un miserable hombre.
Ellos pueden perderlo todo por un poco de placer. Son como animales que no conocen la lealtad. Dales de comer su comida favorita y los tienes a tus pies. Así de ineptos son. Así de básicos.
Para mí, el único hombre que no entra en estos pensamientos es Kakashi.
Él es único para mí.
Pero los demás...
Los demás son solo mis caballos.
Herramientas que me acercan a lo que quiero. Soy su jinete. Quien los maneja y guía sin que siquiera lo sospechen.
Akino cree que me tiene.
No sabe que yo lo tengo a él.
Y su esposa, la honorable, la elegante, la que huele a flores caras...
Ella acaba de descubrir que su marido prefiere a una perra callejera.
¿Qué hará con ese conocimiento?
¿Llorar en su habitación?
¿Planear mi muerte?
¿O tal vez... tal vez una pequeña parte de ella empiece a preguntarse por qué su marido es así, y no cómo deshacerse de mí?
No lo sé.
Pero estaré observando.
Siempre observando.
Toqué la horquilla de jade.
Un día de estos, pensé, todas las piezas estarán en su lugar.
Y entonces...
Sonreí en la penumbra.
Y esperé.
El hecho de que desde el comienzo nuestra prota amara y cuidara con devoción los regalos que él le daba, demuestran que siempre fue el indicado y apesar de que no estuvieron como pareja frente al mundo, el hecho de que la relación sea de ellos y para ellos es hermoso. Pido un Kakashi que me ame de tal manera y si llega lo amare de igual forma que él. Me encantó su novela querido/a autor/a, me fascinó, tuve muchas emociones mientras la leía y en lo personal, si estuviera en el lugar de ella, habría hecho lo mismo, sabiendo el destino que se les daba a las mujeres en esa época./Heart/
me encantó!!