Desde la ventana de su habitación, Mireya aprendió a escapar sin salir de casa.
A sus dieciséis años, el mundo le quedaba grande: discusiones detrás de las paredes, una bebé llorando en la habitación contigua y la palabra separación flotando como una sombra imposible de ignorar. Pero al otro lado de la calle había algo distinto. O alguien.
Ryan.
Veintiuno. Cabello castaño arrulado. Ojos verdes imposibles de olvidar. Siempre tranquilo. Siempre ajeno a la mirada que lo observaba cada tarde.
Él nunca la notaba.
Hasta que el destino decidió que una ventana no sería suficiente para mantenerlos separados.
Y lo que comenzó como simple curiosidad... estaba a punto de cambiarlo todo.
NovelToon tiene autorización de Autor lucia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 18
Capítulo 18: Después de la niebla viene la luz.
Jack me dejó frente a mi casa. La moto se detuvo y bajé con cuidado, todavía sintiendo el ligero mareo del viaje. El aire de la noche era más fresco aquí, menos cargado que en la fiesta. No sabía bien qué decir. No era mi amigo, pero tampoco un desconocido ya. Era raro. Al principio me caía mal, demasiado directo, demasiado sarcástico. Ahora… no sé. No era como si de pronto fuéramos cercanos, pero tampoco quería tratarlo como si fuera un extraño.
Jack apagó la moto y se quedó allí un segundo, como si no tuviera prisa por irse.
—Bueno, llegaste —dijo.
Asentí.
—Sí. Gracias por traerme.
Él se encogió de hombros.
—No fue nada. No iba a dejar que siguieras caminando como si no tuvieras idea de dónde estabas.
Lo miré.
—Podría haber vuelto sola.
Jack levantó una ceja.
—Claro. Porque cruzar calles sin rumbo es una estrategia genial. La próxima vez te pongo un letrero que diga “turista perdida”.
Fruncí el ceño, pero no con rabia.
—No seas idiota.
Jack sonrió.
—Es mi talento.
Hubo un silencio breve. No incómodo, solo distinto. Ya no se sentía como cuando lo conocí en la tienda, con esa frialdad que parecía tener para todos. Ahora hablaba con sarcasmo, sí, pero menos cortante. No sé si eso significaba algo, pero no me molestaba.
—Gracias —repetí.
Jack hizo un gesto con la mano.
—Deja de agradecer. Me vas a hacer sentir importante, y no estoy preparado para esa responsabilidad.
Sonreí apenas.
—No te emociones.
Él rió.
—Tranquila. No planeo llorar por ello.
El comentario me hizo soltar una risa corta. No fue fuerte, pero estuvo ahí. Y me sorprendió. No esperaba reír con él. No después de lo que había pasado en la fiesta, no después de ver a Ryan con Ashlie. Pero lo hice. Pequeño, pero real.
Jack lo notó.
—Ahí está. Sabía que no eras tan amargada.
Negué con la cabeza.
—Eres imposible.
—Y tú un desastre.
No me ofendió.
Quizá porque tenía razón.
Hubo otro silencio. Esta vez más largo. Y entonces él habló.
—Por cierto… lo del parque.
Parpadeé.
—¿Qué?
Jack se apoyó en la moto.
—Lo que viste. La discusión con la chica.
Sentí una punzada en el pecho, pero la ignoré.
—Sí. Lo vi.
Él suspiró.
—No era nada.
Lo miré.
—Se veían bastante enojados.
Jack rió, pero sin humor.
—Porque las discusiones son así. No significa que fuera importante.
Fruncí el ceño.
—Parecía importante.
—No lo era.
Su tono fue firme.
No agresivo.
Solo claro.
Y eso me descolocó.
—Ah —dije.
Jack me observó un segundo.
—No es asunto tuyo.
Tenía sentido.
No lo era.
Pero aun así…
—Está bien —respondí.
Él asintió.
—Bien.
Hubo otro silencio.
Y luego, sin mucha ceremonia, añadió:
—Y para que quede claro… no era nada.
Lo miré.
—Ya lo dijiste.
Jack sonrió apenas.
—Lo repito por si no te quedó claro.
Fruncí el ceño.
—No soy tonta.
Él rió.
—Nadie dijo que lo fueras.
Lo miré.
—Lo insinuaste.
Jack levantó las manos en gesto de rendición.
—Culpable. Eres tonta, Collins. Pero me das risa.
Parpadeé.
No fue un insulto.
Tampoco un cumplido grandilocuente.
Solo una observación.
Y por extraño que fuera…
no me molestó.
Sonreí apenas.
—Gracias, supongo.
Jack se encogió de hombros.
—No es un cumplido.
—Lo sé.
Él sonrió.
—Bien. Porque lo sigo pensando.
Negué con la cabeza.
—Eres imposible.
—Y tú un desastre.
Esta vez la risa salió un poco más fácil.
No fue grande.
Solo un gesto.
Pero estuvo ahí.
Y se sintió bien.
Jack lo notó.
—Ves. No es tan difícil.
Lo miré.
—¿Qué cosa?
—No estar amargada.
Fruncí el ceño, pero sin rabia.
—No estaba amargada.
—Claro.
Sonrió.
No burlón. Solo divertido.
Como si le pareciera gracioso y por primera vez no me molestó.
Quizá porque no era malicia.
Quizá porque estaba empezando a caerme bien. Un poco. No demasiado.
Solo suficiente para no querer mandarlo a la mierda cada vez que hablaba.
Jack se apartó de la moto.
—Bueno, Collins. Llegaste sana y salva.
Asentí.
—Sí.
Él me miró.
—Y estamos a mano.
Parpadeé.
—¿A mano?
Jack sonrió.
—Sí. Tú viste mis momentos patéticos. Yo vi los tuyos. Equilibrio perfecto.
Fruncí el ceño.
—No fue tan patético.
—Claro que lo fue.
Negué con la cabeza.
—Eres un idiota.
—Y tú una niña complicada.
Lo miré.
—No soy niña.
Jack levantó una ceja.
—Tienes cara de serlo.
Rodé los ojos.
—Eres insoportable.
Él rió.
—Y aun así sigues aquí.
Tenía razón y no me incomodó.
Quizá porque no lo decía con crueldad.
Solo con esa forma suya de hablar.
Directa.
Grosera.
Pero sincera.
—Bueno —dije—. Gracias otra vez.
Jack hizo un gesto.
—Deja de llorar por ello.
Sonreí.
Esta vez más fácil.
—No estoy llorando.
—Casi.
Negué con la cabeza.
—Eres un idiota.
—Ya lo dijiste.
Se giró para irse.
Pero antes de subir a la moto, me miró.
—Y Collins…
Lo miré.
—¿Qué?
Jack sonrió.
—No eres tan terrible.
Parpadeé.
No esperaba eso.
No sonó como un cumplido exagerado. Solo como una verdad a medias y me hizo sentir… bien.
Pequeño.
Pero bien.
—Gracias —dije.
Jack levantó la mano.
—No te emociones.
Luego se fue.
El sonido de la moto se alejó.
Y yo me quedé allí un segundo.
Pensando.
No en la fiesta.
No en lo que había visto.
Sino en la conversación.
No éramos amigos.
Aún no.
Pero tampoco desconocidos.
Y eso…
era suficiente por ahora.