Ella reencarna en el segundo libro de una saga, es la protagonista que perdona al infiel de su esposo, pero ella no esta dispuesta ni a casarse, así que hará todo lo que pueda por cambiar su historia.
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Capitulo 6
Edrian se detuvo en la puerta, mirándola con la misma serenidad con la que había empezado la conversación.
—Iris —dijo con voz firme—, te lo demostraré. No con palabras, sino con hechos.
No esperó respuesta. Cerró el libro con un gesto suave y salió de la habitación, dejando un silencio que se sintió más pesado que cualquier discusión.
Iris permaneció unos segundos quieta, aún con el calor de sus manos atrapado en las suyas. Después, se dejó caer sobre la cama. El cansancio del día la golpeó de golpe: el puesto improvisado, las primeras ventas, las miradas curiosas de la gente. Todo parecía un sueño extraño, uno en el que por fin era ella quien decidía.
"Estoy avanzando", pensó con una sonrisa cansada." Ya no soy una marioneta esperando órdenes, estoy caminando hacia mi libertad".
Los días se fueron volviendo semanas, y la rutina de Iris y Mery se transformó en una danza perfectamente calculada. Cada mañana, la joven de la capucha oscura instalaba su pequeño puesto en el mercado de la capital. Nadie sabía quién era, de dónde venía ni cuál era su verdadero nombre; lo único que se escuchaba entre murmullos era aquel apelativo que surgió casi sin querer: “La Dama de la Niebla”.
El nombre había nacido porque siempre aparecía envuelta en su capa gris, y porque un leve perfume herbal acompañaba cada frasco que vendía, como si un velo de bruma mágica quedara suspendido en el aire.
Al principio, fueron miradas curiosas. Algunos desconfiaban, otros se burlaban de aquella mujer que ofrecía remedios y cremas con tanta seguridad. Sin embargo, bastó con que unos pocos probaran sus productos para que los rumores se convirtieran en certezas.
Una campesina, aquejada por un dolor en la espalda desde hacía meses, volvió al puesto al tercer día caminando erguida, agradeciendo entre lágrimas. Un comerciante mostró orgulloso cómo una cicatriz profunda en su mejilla se había desvanecido casi por completo tras usar el ungüento de “La Dama”. Y las nobles, siempre hambrientas de belleza y exclusividad, comenzaron a acercarse con cautela, preguntando con disimulo, comprando frascos pequeños para probar en secreto en sus alcobas.
El resultado era siempre el mismo: eficacia inmediata.
En menos de un mes, el puesto se llenaba antes de que Iris siquiera desplegara todos sus frascos. Las filas se alargaban; campesinos con enfermedades, soldados con heridas, mercaderes con achaques de viaje, y mujeres de alta alcurnia dispuestas a pagar lo que fuera por un cutis terso.
Su mercancía se agotaba tan rápido que, muchas veces, al final de la jornada no quedaba ni un frasco para mostrar. Eso la obligaba a producir cada noche en secreto, mezclando hierbas, moliendo ingredientes, calentando calderos improvisados en su habitación con la ayuda de Mery.
Pero Iris sabía que aquello no podía continuar así para siempre. Si quiero avanzar, debo pensar en grande, reflexionaba mientras veía las monedas amontonarse.
Ya no era suficiente con un puesto improvisado en la plaza. Sus productos requerían un espacio digno, un lugar donde los clientes pudieran entrar y sentirse parte de algo único. Necesitaba una tienda.
Iris también en ese mes, debía llevar su doble vida, como la hija del Barón, en clases de etiqueta y bordado en las cuales se dormía por que trabajaba durante las noches haciendo sus productos, mientras ella estaba en clases, Mery atendía, hasta que Iris sacaba una escusa en casa y se iba a su puesto. Todo esto sin que nadie sospechara solo Edrian, que estaba muy al pendiente y la cubría en ocasiones para lo que fuera que estuviera haciendo su hermana.
Una tarde, mientras guardaba los últimos frascos vacíos, Mery la miró con gesto cansado pero orgulloso.
—Se agotó todo otra vez —dijo, colocando la caja de madera sobre el carro—. Y esta vez hasta el boticario del barrio vino a comprar.
Iris sonrió por debajo de la capucha.
—Eso solo significa una cosa: “La Dama de la Niebla” ya es conocida.
—Y peligrosa —replicó Mery, bajando la voz—. Si los nobles saben que eres tan efectiva, pronto querrán descubrir quién eres.
Iris guardó silencio. Sabía que tenía razón. Su rostro no podía ser visto aún. Cada aparición debía seguir envuelta en el misterio, pero la idea de una tienda le daba una ventaja: allí podía controlar el entorno, mantener un espacio cerrado y seguro, con empleados que se encargaran de atender mientras ella trabajaba en la parte trasera.
Esa noche, de regreso en su habitación, Iris se sentó frente a los frascos vacíos. La luz de las velas iluminaba los polvos, hierbas secas y aceites alineados con precisión. Tomó un cuaderno donde había empezado a diseñar sus planes, y escribió con letra firme:
Local en la capital.
Contratar dos ayudantes.
Mandar construir mezcladoras y morteros de gran tamaño.
Diseñar envases uniformes con sello propio.
Mery, que la observaba desde la cama, levantó una ceja.
—¿Y de dónde vamos a sacar todo eso?
—Iremos paso a paso —respondió Iris, sin apartar la vista del papel—. Las joyas que traje aún no se han vendido todas. Con lo que hemos ganado hasta ahora puedo invertir en el local. Después, contrataré a un herrero para que fabrique máquinas más grandes: palas que giren solas con un mecanismo, morteros con manivelas, calderos con control de temperatura.
—Hablas como si fueras una alquimista de Años de experiencia—rió Mery.
Iris levantó la mirada con una chispa traviesa.
—Lo soy. Solo que aquí nadie lo sabe.
Los días siguientes fueron una tormenta de trabajo. Iris siguió atendiendo en el puesto mientras enviaba discretamente emisarios a investigar locales en renta. Al fin encontró uno en la calle principal de la capital: un espacio angosto pero profundo, con una gran ventana al frente que podía convertirse en vitrina.
Firmó el contrato bajo el nombre de “Dama de la Niebla” y pagó con monedas de oro y algunas joyas, evitando que su identidad real se vinculara.
De inmediato comenzó la remodelación. Ordenó que las paredes se pintaran en tonos claros, pidió estantes de madera pulida y vitrinas de cristal. Nadie en la ciudad había visto una tienda así: elegante, minimalista, diferente al estilo recargado de la época.
Al mismo tiempo, entrevistó a dos mujeres jóvenes del mercado: una campesina viuda con experiencia en hierbas medicinales y una muchacha vivaz que sabía leer y escribir, ideal para llevar las cuentas. Ambas aceptaron trabajar bajo su mando, fascinadas por la oportunidad.
Los rumores crecían. “La Dama de la Niebla cura lo que los médicos no pueden”, “tiene manos benditas”, “es enviada de los dioses”. Otros más oscuros aseguraban que era bruja, pero incluso esos comentarios aumentaban la curiosidad.
Cuando al fin abrió su tienda, la ciudad entera lo notó. Nobles llegaron en carruajes para comprar bálsamos exclusivos; campesinos hacían fila con frascos vacíos, rogando que se los rellenaran. Iris, desde la trastienda, los observaba a través de una rendija, satisfecha.
Lo logré, pensó con orgullo. Este es el primer paso hacia mi libertad.
Ya no era la joven encerrada en su habitación por castigos arbitrarios. Ahora era una figura respetada y temida, una mujer capaz de construir un imperio desde el misterio. Y aunque aún necesitaba aprender a manejar la espada, sabía que su fuerza no solo estaría en el acero, sino en su ingenio y determinación.
Esa noche, exhausta pero emocionada, se recostó en la cama y susurró para sí misma:
—Hoy empieza mi verdadera vida.
me tienes con los ojos llorosos luego de leer este extra 😭😭😭
Al menos en otro plano, pudieron ser felices 😭😭.