Adrián Varma es el CEO Omega de un imperio tecnológico; un hombre rubio y tierno que oculta su sensibilidad tras trajes impecables y un aroma a pino y toronja. Su mundo perfecto se sacude cuando conoce a Leo, un Alfa atractivo pero con graves dificultades económicas que sobrevive trabajando en lo que puede para salvar a su familia.
A diferencia de otros, Leo exhala un aroma a eucalipto seductor que es capaz de calmar el estrés de Adrián. Lo que comienza como una relación laboral se convierte en una conexión profunda donde el dinero no importa
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Capítulo 4: El Intruso en el Bosque
La llegada de la unidad médica a la casa de la madre de Leo cambió todo. Por primera vez en meses, Leo pudo dormir cuatro horas seguidas sin el temor de que su madre despertara con falta de aire.
Sin embargo, en la empresa, la instalación de Leo en el piso de desarrollo de Aether Soft no pasó desapercibida. Aunque Adrián intentó mantenerlo en un perfil bajo, el aroma del Alfa era demasiado distintivo. El eucalipto fresco de Leo chocaba contra el ambiente estéril y metalizado de la empresa, creando una atmósfera que muchos encontraban extrañamente reconfortante, y otros, una amenaza.
Adrián observaba a Leo desde las cámaras de seguridad de su oficina. Veía cómo el Alfa se concentraba, cómo sus hombros anchos se tensaban frente al código. Sintió un cosquilleo en la nuca; su instinto Omega estaba fascinado por la presencia de ese Alfa que no intentaba dominar con fuerza, sino con competencia.
Sin embargo, la burbuja de paz se rompió cuando la puerta de la oficina de Adrián se abrió sin previo aviso.
— Adrián, querido, el aire aquí arriba huele... diferente —dijo una voz sedosa y cargada de veneno.
Julian Thorne entró con la elegancia de una serpiente. Su cabello rubio platino estaba perfectamente peinado y su aroma a orquídeas negras inundó la estancia, intentando sofocar el rastro de pino de Adrián. Julian se sentó frente al escritorio, cruzando sus piernas largas y enfundadas en pantalones de seda.
— He oído que tienes un nuevo juguete en el piso de abajo —continuó Julian, revisando sus uñas—. Un Alfa que parece haber salido de un callejón. Realmente, Adrián, tu sentido de la caridad está empezando a afectar la imagen de la empresa.
Adrián no levantó la vista de su tableta, pero su aroma a toronja se volvió punzante y agresivo.
— Se llama Leo Valari, Julian. Y está aquí porque es mejor programador que cualquiera de los Alfas de linaje que me has recomendado. Si has venido a hablar de "imagen", estás perdiendo el tiempo.
Julian soltó una risita fría.
— Oh, no es solo imagen. Los inversores están preguntando por qué un Omega de tu posición permite que un Alfa de clase baja tenga acceso a los servidores centrales. Podría ser un riesgo de seguridad... o algo más personal. Ten cuidado, Adrián. Los bosques de pino son fáciles de quemar si dejas que cualquier chispa entre en ellos.
Julian se levantó y, antes de irse, se acercó al ventanal que daba al piso de desarrollo, localizando a Leo con la mirada. Sus ojos gélidos brillaron con un plan ya trazado.
— Ese aroma a eucalipto es... molesto —comentó Julian antes de salir—. Me encargaré de limpiar el aire pronto.
Cuando Julian se fue, Adrián sintió un escalofrío. Sabía que Julian no lanzaba amenazas vacías. Presionó el intercomunicador.
— Xavi, necesito que dobles la seguridad en los servidores privados de Leo. Y prepárame un informe de todos los accesos externos de los últimos diez minutos. Julian Thorne acaba de marcar su objetivo.
Mientras tanto, en el piso de abajo, Leo sintió un cambio en el aire. El olor a orquídeas bajó por los ductos de ventilación, pegajoso y hostil.
Leo levantó la vista hacia la oficina de Adrián, viendo la silueta del Omega a través del cristal. Supo en ese momento que su entrada en Aether Soft no era solo un trabajo; era el inicio de una guerra donde su aroma y el de Adrián eran lo único que los mantenía a salvo.