Esta novela gira en torno a las intrigas de una familia y de un amor a primera vista. No todo es lo que parece y los protagonistas tendrán que superar varios obstáculos para estar juntos.
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Capítulo Nº 5
Juana.
Estoy en mi departamento, disfrutando la soledad. Tengo la música a todo volumen. Los platos aún están para lavar y no me importa. Es mi hogar y soy feliz de no tener que ordenar todo como tanto le gusta a Clara.
Ya pasaron varios días y es hora de hablar con Gabriel, prendo un cigarrillo, le doy un par de bocanadas, y lo dejo en el cenicero. El humo está por toda la sala y ese aroma me tranquiliza. Por fin no hay olor a sahumerios ni palo santo para las malas vibras. Esas cosas raras que prende Clara que para mi no sirven para nada. Esto se siente ahora como un verdadero hogar. Decido tomar mi celular y llamarlo.
⎯ ¡Hola! ¿Cómo está todo por ahí?⎯ digo feliz.
⎯ ¿Acaso no sabes nada?⎯ dijo enojado y sin ánimos, después de días de estar sin dormir.
⎯ ¿Qué cosa? Déjate de misterio y habla de una vez.
⎯ Tu amiguita se escapó y ahora la tienen en un hospital, al ser un caso extraño la policía quiere hacer una investigación. Por suerte pude hablar con Raúl y el demorara lo más que pueda el interrogatorio.
⎯ Eso no puede ser cierto, porque no me avisaste, la tenías que vigilar. ¿Ahora que hacemos? ¡Maldición! ¿No puedes hacer algo bien?
⎯ Fue solo un descuido. Casi la alcanzo en las escaleras pero se cayó, no tuve más remedios que llevarla al hospital, parecía muerta. O que pretendías que la dejara tirada a su suerte. No puedes culparme de toda esta locura. No sientes remordimiento, carajo !es tu compañera de departamento.
⎯ De acuerdo esperaré a saber algo de ella. Con lo tonta que es seguro tiene miedo y me llama a penas tenga la oportunidad de conseguir un teléfono. Ten calma yo te aviso apenas tenga alguna novedad. No hagas nada, ya lo resolveremos. ¿Entendido?
-Será mejor que acabes con todo esto. Ya todo se salió de control
-¡Eso nunca!
Luego de colgar me detengo a pensar cómo lidiar con todo esto y comienzo a practicar mi cara de mejor amiga, sé muy bien que en cualquier momento el teléfono va a sonar y mi voz debe tener un tono de preocupación. Luego veremos cómo hago para controlar a Gabriel y no cometa ningún error que me perjudique.
Clara.
Luego de unos minutos el doctor regresa a la habitación y me entrega su celular.
⎯ Aquí tienes, Clara. Tomate el tiempo que necesites para hablar con tu amiga y cuando finalices solo avísame y vendré por él.
⎯ Disculpe por tantas molestias, doctor, no tengo forma de agradecer toda su ayuda.
⎯ No es nada. Es parte de mi profesión servir a las personas, no me lo agradezcas.
⎯ De acuerdo.⎯ le sonreí y él me guiño un ojo. ⎯ ¿Antes de retirarse le puedo hacer una pregunta?
⎯ Lo que quieras.
⎯ Me da pena preguntarle esto, ¿pero dónde estoy?¿cómo se llama este hospital?
⎯ Estamos en el hospital Santa Rita, sobre la calle Viamonte. Habitación 503.
⎯ Muchas gracias.
Espero a que se retire para luego marcar el número de Juana. Ese número que me aprendí de memoria estando en la universidad. El único que tiene un emoji de corazón en mi agenda. Ruego que atienda rápido y luego de varias veces de escuchar el tono, al fin responde.
Juana.
Mientras me preparo un café escucho sonar mi celular y lo dejo en espera un rato, es un número desconocido y por si acaso llega a ser Clara tengo que controlar mi voz, tratar de estar lo más angustiada posible para que sienta mi preocupación. Atiendo y efectivamente es ella.
⎯ Hola.
⎯ Juana, soy yo, Clara.
⎯ ¡Amiga!⎯ ruedo mis ojos de tanto fingir⎯ ¿Dónde estás? Te busqué toda la noche en el bar y no te encontré, dime ¿con quién estás?¿cuándo regresas?⎯ del otro lado de la línea comienza a sollozar una Clara desesperada. ⎯Nena me estas asustando, ¿ocurre algo? Cálmate por favor y contesta.
⎯ Juanita, estoy en un hospital, sobre la calle Viamonte. No sé si lo conoces, se llama Hospital Santa Rita, estoy en la habitación 503. Necesito que llegues lo antes posible y me traigas algo de ropa, me quiero ir. Algo horrible está pasando tengo problemas y necesito de tu ayuda.
⎯ No te preocupes. Preparo un bolso y salgo inmediatamente para allá, trata de tranquilizarte, nos veremos pronto, ¿de acuerdo?
⎯ De acuerdo, gracias amiga, sabía que podía contar contigo, eres la mejor por eso te quiero tanto.
⎯ Yo igual. Cuídate nena, ya voy.⎯ corte la llamada.
Gabriel.
Mi teléfono comienza a sonar, cuando miro la pantalla es Juana. Sin ánimo de atender le contesto y espero tenga buenas noticias. Ya quiero que se termine todo esto.
⎯ Gabriel…la tonta no sospecha nada, con lágrimas y sollozos reclamo mi ayuda. En este momento salgo para el hospital. Voy a llevarle algunas cosas personales y ropa. Seguramente pase la noche con ella. Tengo que brindarle consuelo y compañía, que fastidio.
⎯Tú sigue como siempre y deja el resto en mis manos. No queremos que todo se arruine justo ahora.⎯ me dice molesto.
⎯ Y de quien es la culpa por no cuidarla y mantenerla vigilada como acordamos.
⎯ No te pases, Juana, que mi paciencia tiene un límite y se agota. Así no era como tenían que suceder las cosas. ¿No podías hacer algo normal para variar?
⎯ Tu paciencia me importa muy poco, y la mía la perdí hace mucho, precisamente desde que vivo con esa idiota desde hace dos años y todo para nada.
⎯ Mejor ve a visitarla, no demores más y trata de ser una buena amiga…
Cuelgo de golpe mi teléfono, y no puede evitar sentirme frustrado… Maldita loca. Si tan solo me hubieras escuchado nada de esto estaría pasando. Todo sería más simple, pero no tuvo que hacer las cosas a su manera.
De solo recordar por qué comenzó todo esto me quiero morir. Fue tan cruel el destino que jugó con nosotros. Hace dos años conocí a Clara pero ella no me recuerda, ya que no me vio y ni siquiera me prestó atención. Estábamos llegando de un viaje desde Mendoza y compartimos asientos. Durante todo el vuelo la observé, me pareció una chica muy linda pero callada, estaba sentado a su lado pero ante sus ojos era invisible. Fue la primera vez que una mujer ni me miraba y eso me atrajo al instante. Le hable un par de veces pero ni me escuchó. Suele tener una mirada triste y estar perdida en su mundo. Luego del descenso, una vez que ingresamos al aeropuerto de Buenos Aires, tuve la brillante idea de confundir nuestras maletas, ya que note que eran iguales, solo para lograr cruzar unas palabras y ver si conseguía una cita. Para mi sorpresa era la primera vez que hacía una locura de estas. Pero no salió como yo imaginaba.
⎯ Disculpe señorita, esa es mi maleta, debería ser más cuidadosa. ⎯ no pude evitar mi lado gruñón⎯…o acaso pretende robarme. ⎯ Ella levantó su mirada y luego vio hacia la maleta, sus ojos con esa tonalidad verde me encantaron.
⎯ Perdón, no fue mi intención, pero ¿Cómo está tan seguro? Si son iguales.
Me sentí descubierto, no supe qué contestar, solo tomé mi maleta y sin decir nada salí del desembarque. Ella se quedó confundida, pero observe como abría sus pertenencias y por un microsegundo parecía estar oliendo mi perfume. La vi sonreír. Eso basto para sentir mi corazón derretirse, desaparecí entre la multitud con una sonrisa en mis labios, la cual había olvidado que tenia y me sentí un completo idiota por la forma en que la recupere.
Todo rastro de felicidad acabó cuando en el estacionamiento me esperaba Juana manejando mi auto deportivo. Yo esperaba a mi amigo pero seguro se entretuvo en el trabajo y la mandó a ella. Me subo y le digo que arranque, quiero llegar a mi departamento lo antes posible. Necesito descansar.