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Fuera De La Niebla: "El Despertar De La Difunta"

Fuera De La Niebla: "El Despertar De La Difunta"

Status: En proceso
Genre:Venganza de la protagonista / Traiciones y engaños / Venganza de la Esposa
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Arianna Rose

"¿Qué harías si el hombre que juró amarte te roba la vida, tu fortuna y a tus hijos?"
Valeria Estrada lo tenía todo: una familia hermosa y el control de la corporación más grande del país. Pero su mundo se volvió cenizas cuando su esposo, Adrián Montero, la traicionó de la forma más cruel. No solo le quitó su dinero y la engañó con su mejor amiga, sino que la encerró en un hospital psiquiátrico de alta seguridad, drogándola durante años para borrar su lucidez y hacerle creer que estaba loca.
Para el mundo exterior, Valeria Estrada murió. Para sus hijos, ella es solo un recuerdo borroso reemplazado por una madrastra cruel.
Pero tras cinco años de oscuridad, Valeria logra despertar de la niebla. Con la ayuda de dos aliados que el destino puso en su celda, finge su propia muerte y escapa de su prisión de pesadilla.
Ahora, Valeria ha regresado con un nuevo rostro y una identidad impenetrable
La "difunta" ha despertado... y la verdadera pesadilla para los Montero está a punto de comenzar.

NovelToon tiene autorización de Arianna Rose para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Lineas cruzadas

La noche cayó sobre la mansión con una pesadez inusual. Tras la tormenta de la mañana, Adrián se había encerrado en su despacho y los niños dormían bajo la vigilancia de una de las nanas. Elena, en la soledad de su habitación, encendió su computadora portátil. La luz de la pantalla iluminaba su rostro, devolviéndole esa expresión fría y analítica que solo se permitía cuando estaba a solas.

Abrió su bandeja de entrada segura y redactó un mensaje breve. No usó nombres reales, pero el destinatario era claro.

Asunto: Agradecimiento

Señor Vogel, le agradezco sinceramente el gesto de esta mañana. Fue un detalle exquisito y valoro su intención de reparar un mal momento. Sin embargo, debo pedirle encarecidamente que no se repita. Mi situación en esta casa es delicada y cualquier atención externa de su parte se interpreta aquí como una provocación, lo cual perjudica gravemente mi desempeño profesional.

Atentamente, E.R.

Elena envió el correo y cerró la tapa del ordenador. Sabía que Sebastián no era un hombre que aceptara un "no" fácilmente, pero también sabía que él respetaba la inteligencia.

Al otro lado de la ciudad, en un ático que dominaba las luces de la metrópoli, Sebastián Vogel sostenía una copa de cristal frente a su monitor. Al leer el mensaje, una sonrisa genuina, casi divertida, apareció en su rostro. La mayoría de las mujeres habrían intentado aprovechar el regalo para pedir más o para coquetear. Elena, en cambio, le ponía un límite profesional, protegiendo su posición con una madurez que lo fascinaba.

Él no tardó en responder.

Asunto: Re: Agradecimiento

Mis más sinceras disculpas. Mi intención nunca fue causarle un problema, sino reconocer que una mujer de su calibre merece un trato mejor del que recibe en ciertos entornos. Acepto su petición de no enviar más detalles a la mansión, pero me gustaría compensar el inconveniente de una forma menos pública.

Por favor, acepte almorzar conmigo mañana. Prometo que será en un lugar donde la discreción esté garantizada y donde podamos hablar sin las sombras de los Montero acechando. Dígame la hora y el lugar, yo me encargaré del resto.

S.V.

Elena leyó la respuesta minutos después. Sabía que aceptar era un riesgo, pero también una oportunidad de oro para obtener información sobre los puntos débiles de la Corporación Montero que solo Sebastián conocía.

Al día siguiente, tras una mañana tranquila de lecciones con los niños, Elena aprovechó su hora de descanso. Le informó a Adrián que necesitaba salir para recoger unos libros especializados que habían llegado a la librería central. Adrián, todavía sintiéndose culpable por el incidente de la joya, no solo le dio permiso, sino que insistió en que el chófer la llevara.

—No es necesario, señor —dijo Elena con suavidad—. Prefiero caminar un poco, me ayuda a pensar. Tomaré un taxi.

Adrián la miró con esa nueva mezcla de admiración y posesividad.

—Está bien, Elena. Pero lleva el teléfono encendido. Si necesitas cualquier cosa, llámame directamente.

Elena salió de la mansión sintiendo el peso de la mirada de Isabella desde la ventana superior. Una vez lejos de la zona residencial, se encontró con Sebastián en un pequeño restaurante escondido en un callejón colonial, un lugar que no figuraba en las guías turísticas pero que destilaba lujo histórico.

Sebastián ya estaba allí. Al verla entrar, se puso en pie. Elena vestía un traje sastre sencillo pero de corte perfecto, recuperando esa imagen de "profesional impecable".

—Gracias por venir, Elena —dijo él, retirándole la silla con una naturalidad que Adrián nunca tuvo—. Tenía miedo de que mi imprudencia con las flores hubiera cerrado esta puerta para siempre.

—Fue una imprudencia, señor Vogel —respondió ella, sentándose y mirándolo fijamente—. En esa casa, las paredes tienen oídos y los celos son la moneda de cambio. Si realmente quiere ayudarme, la mejor forma es manteniendo la distancia en público.

Sebastián pidió el vino y observó a la mujer frente a él.

—Usted no es una institutriz corriente. Y sé que no está en esa casa por el salario. Hay algo en su forma de observar a Adrián que me dice que usted está ejecutando un plan mucho más complejo que enseñar gramática a dos niños.

Elena tomó un sorbo de agua, manteniendo su expresión neutral.

—Todos tenemos nuestros planes, señor Vogel. El mío es asegurar que esos niños tengan el futuro que merecen.

—¿Y qué hay de su futuro? —preguntó él, inclinándose un poco hacia adelante—. Porque dudo que el futuro de una mujer como usted termine en las paredes de los Montero. Si alguna vez necesita un aliado que entienda de verdad el valor de la estrategia, sabe dónde encontrarme.

El almuerzo transcurrió en una conversación fluida sobre economía y arte, sin las tensiones de la mansión. Por un momento, Elena se sintió como Valeria Estrada de nuevo, la mujer brillante que solía ser antes de que le arrebataran todo.

Sin embargo, al salir del restaurante, Elena notó un destello a lo lejos. Un auto negro, idéntico al que usaba la seguridad de Adrián, estaba estacionado en la esquina opuesta. No estaba segura de si la habían seguido o si era su propia paranoia, pero el corazón le dio un vuelco.

—Debo irme —dijo ella apresuradamente—. Gracias por el almuerzo, Sebastián.

—Elena —la detuvo él, tomándola suavemente de la mano—. Tenga cuidado. Adrián es un hombre débil, y los hombres débiles son los más peligrosos cuando se sienten acorralados.

Elena asintió y se alejó rápidamente, perdiéndose entre la gente. Al regresar a la mansión, el silencio que la recibió era diferente. En el vestíbulo, Isabella estaba sentada con una taza de té, mirando fijamente la puerta.

—Llegas justo a tiempo, Elena —dijo Isabella con una voz extrañamente tranquila—. Adrián ha estado preguntando por ti. Parece que el chófer que mandó para "protegerte" te perdió de vista apenas tomaste el taxi. ¿Tuviste problemas para encontrar tus libros... o encontraste algo más interesante?

Elena sintió la trampa cerrándose. Isabella no tenía pruebas, pero su instinto de mujer herida le estaba dando la razón.

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Elvia Ramona Barreto
uuuf! Cuanta tención, me pone los pelos de punta este suspenso
yanetsi izarra: 🥰👏🏻👏🏻👏🏻
total 1 replies
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