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Las Crónicas De Kathall Y El Hijo Del Re'Xhuz

Las Crónicas De Kathall Y El Hijo Del Re'Xhuz

Status: En proceso
Genre:Amor en la guerra / Mundo mágico / Batalla por el trono
Popularitas:720
Nilai: 5
nombre de autor: Deivis Blanco

hace 500 años "Kathall" sufrió tras la última guerra santa donde muchos murieron. En especial, Re'Xhuz el titan de la muerte quien fue derrotado por la primobestia "Fenixsera" pero algo de su esencia quedo vagando en el mundo. Esencia que se introduce en el cuerpo de una humana, siendo esta su cuna mientras se prepara para volver y así iniciar otra guerra santa.

NovelToon tiene autorización de Deivis Blanco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

​Capítulo 23: Cenizas de Justicia y el Rugido Amatista

El destino de Kathall se escribe con sangre en el este y con fuego violeta en el oeste. Mientras los huérfanos de una corona buscan venganza, los hijos de otra se preparan para un sacrificio que no requiere magia, sino valor.

​Los Herederos de la Ceniza

​En las ruinas de Alejandría, donde el mármol blanco se ha vuelto gris bajo el hollín, Draco, el primogénito de Lucius, contemplaba el vacío. El palacio de su infancia era un esqueleto de piedra. Él no había partido hacia el continente de Rensimia con su madre; su espíritu estaba anclado a la tierra que ahora era una tumba.

​—Sabía que tu orgullo sería más fuerte que las órdenes de padre —dijo una voz suave. El aire vibró y Sylvanas apareció tras él al desvanecerse su hechizo de invisibilidad. Su rostro estaba manchado de ceniza, pero su mirada era afilada.

​—Eldredor es un refugio para los que buscan vivir, Sylvanas —respondió Draco sin mirarla—. Nosotros nos quedamos para que el Imperio Negro aprenda lo que significa morir.

​Sylvanas asintió, desenvainando su estoque.

—Madre está a salvo con los pequeños. Ahora nos toca a nosotros encontrar a Marcuz y convertir estas ruinas en la pesadilla de Kain.

​Tregua en el Umbral del Bosque

​En los límites del Verdigris, la melodía mortal de la Baladista se detuvo. Nerwel, tras escuchar la advertencia de Senylda, bajó su arco con una lentitud cargada de sospecha.

—¡Zildy, detente! —ordenó. La sacerdotisa, al límite de sus fuerzas, dejó caer su báculo, permitiendo que los anillos de luz lunar se disolvieran.

​Valtira, la Baladista de Zalem, emergió de su nube negra. No atacó; su sola presencia parecía estabilizar el aura errática de Liria, quien junto a Clio lograba ponerse en pie. El cansancio era evidente en todos. Zildy, tambaleante, fue asistida por los soldados de Nerwel, quienes la ayudaron a sentarse sobre una raíz antigua.

​Nerwel, mirando a la extraña alianza de brujas y fugitivos, cerró los ojos y concentró su energía residual. Un Búho Mensajero de ojos ámbar se materializó en su brazo.

—Ve con Erfren —susurró—. Dile que el peligro ha sido contenido, pero que el grupo es mayor de lo esperado. Neressis debe abrir sus puertas.

​El Escudo de la Reina y la Lealtad de la Sangre

​En el palacio de Belandria, la confrontación entre lo divino y lo humano alcanzó su clímax. Judasel lanzó una descarga de luz pura, un rayo diseñado para desintegrar la voluntad de cualquier mortal. Fedriza reaccionó con la velocidad de la desesperación, lanzando viales de alquimia que crearon un muro de gas amatista, absorbiendo y refractando la luz en mil destellos inofensivos.

​En ese instante de caos, tres figuras irrumpieron en el patio. Faralon portaba un escudo de acero pesado y una espada larga; Cerzi sostenía una ballesta cargada con saetas de punta de plata, y la joven Zaira empuñaba una daga de defensa, con los nudillos blancos por la fuerza del agarre. Ninguno de ellos sentía la chispa de la magia en sus venas, pero la lealtad a sus padres les daba una fuerza distinta.

​—¡Hijos, fuera de aquí! —gritó Fedriza, interponiéndose entre ellos y el Serafín—. ¡Esto no es una pelea de hombres!

​—Si este ángel quiere a nuestro padre, tendrá que pasar por nuestras espadas primero —rugió Faralon, plantando su escudo frente a su madre.

​Judasel, flotando sobre el suelo con sus seis alas desplegadas, observó a los jóvenes con un desprecio infinito.

—Patético —siseó el Serafín—. Un linaje de barro intentando proteger a un recipiente de sombras. Vuestra valentía no es más que ignorancia ante la pureza de los cielos.

​El choque de la espada de luz de Judasel contra el escudo de acero de Faralon resonó en todo el reino, marcando el inicio de una defensa que pasaría a la historia de Belandria.

CONTINUARÁ...

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Nancy
va a seguir actualizando está muy buena la historia te felicito
Nancy
Se ve muy prometedora la historia
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